Domingo, 27 de febrero de 2011
Publicado por Salazara72 @ 10:38
Comentarios (0)  | Enviar

?

El futuro de Internet
?
?


Que Internet no es el futuro, sino el presente, como dec?a ?lex de la Iglesia en su comentad?simo discurso de despedida como presidente de la Academia de Cine, parece una evidencia palpable que no requiere mayor elucidaci?n. M?s discutible resulta, como tambi?n afirmaba el gran cineasta, que sea ?la salvaci?n del cine?; aunque, desde luego, un hipot?tico cine del porvenir (y lo mismo podr?a predicarse de otras expresiones art?sticas) que pretenda subsistir al margen de Internet o contra Internet no parece concebible. Esta supervivencia del cine contra Internet es la que postula, sin embargo, la llamada ?ley Sinde?, a la que no auguramos un destino feliz. Los jueces espa?oles podr?n ponerse a cerrar p?ginas de descargas a troche y moche; pero a los mantenedores de tales p?ginas les bastar? con alojarlas en servidores de otros pa?ses, para escapar a su jurisdicci?n. Y, aun suponiendo que llegara a consolidarse una legislaci?n de ?mbito universal que persiguiera este tipo de p?ginas, los internautas (que no son una secta de extraviados delincuentes o una minor?a refugiada en las alcantarillas de la sociedad, como a veces se les pretende caracterizar rid?culamente, sino el com?n de la poblaci?n) se las ingeniar?an para intercambiar archivos por otros procedimientos, mismamente a trav?s del correo electr?nico.

Lo que legislaciones como la llamada ?ley Sinde? nos permiten barruntar es que, en los pr?ximos a?os, el poder establecido va a tratar de fiscalizar Internet hasta extremos que hoy nos resultan inconcebibles. Desde luego, la ?ley Sinde? es una antigualla, antes incluso de entrar en vigor, y un instrumento que no tardar? en revelarse in?til; pero lo que en ella cuenta, m?s que los resultados, es el prop?sito, inequ?vocamente fiscalizador, que augura el advenimiento de una nueva era en la que el poder pol?tico y econ?mico van a intentar dome?ar Internet, que es algo as? como un ni?o que han criado a sus pechos, en la esperanza de convertirlo en un instrumento m?s al servicio de sus intereses, y que sin embargo les ha salido respond?n. Ignoro si ese prop?sito fiscalizador (que hoy se nos antoja una tarea tan inabarcable como tratar de encerrar el agua del oc?ano en un hoyo excavado en la arena) alcanzar? su objetivo, haciendo de Internet una suerte de tent?culo o extensi?n del poder establecido; o si, por el contrario, Internet har? a?icos el control que las oligarqu?as pol?ticas y econ?micas ejercen sobre la sociedad. Lo que s? me parece incontestable es que en los pr?ximos a?os, tal vez d?cadas, asistiremos a ese combate sin cuartel, que cambiar? la fisonom?a del poder y tal vez d? al traste con el modelo de sociedad que conocemos. Y, mientras ese combate dure, el af?n fiscalizador no har? sino crecer.

Que al poder establecido le interesa un homo videns perpetuamente colgado de una pantalla, hipnotizado por lo que esa pantalla le muestra, acogido en esa pantalla como en una tibia placenta que lo envuelve en su abrazo y rompe sus v?nculos con la realidad es algo fuera de toda duda; pero para que ese homo videns sea el perfecto esclavo atiborrado de im?genes que entorpecen su capacidad de raciocinio, lacayo de los est?mulos que desde la pantalla le llegan, el poder establecido necesita construir un Internet que sirva plenamente a sus intereses, que desempe?e el mismo papel idiotizante y alienador que en la actualidad desempe?an otros medios de comunicaci?n de masas, dedicados a embrutecer sensibilidades y a golpear las meninges con rudimentarias consignas. Internet, desde luego, posee una naturaleza m?s hipn?tica (y, por ende, embrutecedora) que la de cualquier otro medio de comunicaci?n de masas, pues ofrece al usuario una capacidad de elecci?n casi infinita (o siquiera su simulacro). Pero, al mismo tiempo, Internet permite al usuario ?mont?rselo por su cuenta?; y aunque la inmensa mayor?a de la gente, pensando que se lo monta por su cuenta, no hace sino mont?rselo al gusto del poder que desea alienarla, es cierto que Internet permite campar por sus fueros a francotiradores que nada tienen que ver con ese homo videns reducido a la esclavitud, tan querido por el poder. Contra esos francotiradores que, al modo de la levadura, podr?an propiciar con el tiempo un cataclismo en el modelo de dominaci?n establecido se proponen actuar, mediante una fiscalizaci?n de Internet que hoy ni siquiera podemos imaginarnos; pero que, a poco que vivamos, experimentaremos en nuestras propias carnes

?


Comentarios