Domingo, 06 de febrero de 2011
Publicado por Salazara72 @ 10:44
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Series televisivas
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En los ?ltimos a?os las series de televisi?n han cobrado un prestigio o pujanza inusitados, quiz? inversamente proporcionales al desprestigio o languidecimiento del cine. Hasta hace poco, mostrar en una reuni?n social entusiasmo por tal o cual serie de televisi?n era signo de puerilidad, falta de refinamiento o friquismo; en cambio, uno pod?a repasar la cartelera cinematogr?fica seguro de que hallar?a curiosidad entre los circunstantes, seguro de que el ditirambo o denuesto de tal o cual pel?cula provocar?a anuencias jubilosas o rechazos fulminantes, seguro en fin de que la cinefilia compartida propiciar?a discusiones jugosas, con detractores y partidarios de cualquier t?tulo, por esquinado o esot?rico que fuese. Pero, en unos pocos a?os, hablar de cine de estreno, salvo que uno se refiera a las pel?culas m?s taquilleras, empieza a dar un poco de reparo, porque la conversaci?n languidece y acaba por encallarse en el desinter?s; en cambio, basta que uno mencione sus series de televisi?n favoritas para que surjan, como en catarata, comentarios aquiescentes o desde?osos, pero siempre vivaces, y enseguida los interlocutores propondr?n a su vez sus series predilectas, con fervor y entusiasmo apost?licos. Nadie tendr? conciencia de puerilidad, falta de refinamiento o friquismo por declararse seguidor de tal o cual serie, aunque se caracterice por su absoluta falta de pretensiones intelectuales; y, en fin, los asistentes a la reuni?n volver?n a casa con el prop?sito de engancharse a tal o cual serie que no conoc?an, siguiendo los consejos de sus amigos, para poder comentarla en la siguiente reuni?n.

Para justificar esta creciente afici?n por las series (que hasta hace poco era considerada de mal gusto), nos hemos inventado coartadas diversas: la m?s habitual y t?pica consiste en afirmar que nos hallamos en la ?edad de oro? de la ficci?n televisiva; con la apostilla a?adida de que la creatividad que antes se concentraba en el ?mbito cinematogr?fico se ha desplazado a las series, que los guiones de cine adolecen de previsibilidad y responden a f?rmulas archisabidas, mientras que los guiones de las series son ingeniosos, imaginativos, insospechadamente fecundos en su despliegue de sorpresas y giros argumentales. Y, para fortalecer este aserto, comprobamos que se escribe m?s que nunca sobre las series televisivas, que hasta hace poco se consideraban un divertimento subalterno, solo satisfactorio para espectadores ingenuos o poco exigentes. Pero tales coartadas encubren un cambio en los h?bitos de consumo audiovisual, cada vez m?s dom?sticos; y tambi?n una creciente desinhibici?n de los gustos populares, que ya no requieren disfrazarse de trascendencia para franquear las aduanas de la aprobaci?n general.

En realidad, los guiones de las series televisivas tambi?n adolecen de previsibilidad y responden a f?rmulas archisabidas; en realidad, sus alardes de ingenio e imaginaci?n, como sus giros argumentales, suelen resultar, a poco que uno conozca el mecanismo interno del g?nero, bastante rutinarios en su efectismo. Pero tales f?rmulas archisabidas y soluciones de repertorio nos resultan gratas, porque llegan a configurar un universo del cual nos sentimos inquilinos naturales, halagan nuestra inteligencia que las anticipa o intuye o siquiera est? predispuesta a encajarlas; y esta conciencia de participar de un mundo cuyos resortes narrativos nos resultan familiares crea en nosotros una sensaci?n de placidez semejante a la que nos procura un ba?o a la temperatura exacta (donde las sorpresas inesperadas equivalen al descubrimiento de que la ba?era dispone, adem?s, de hidromasaje). Y as? las series televisivas de nuestro gusto se convierten en una suerte de placenta tibia donde bogamos a placer, como ni?os absortos en su juguete.

Claro que los juguetes, una vez destripados, acaban cansando; pero para entonces habr? otro juguete (otra serie a?n m?s superferol?tica) que capte nuestro inter?s, devolvi?ndonos esa impresi?n grata de habitar una placenta. Yo, que siempre he sido consumidor bul?mico de series, las prefiero de intriga y acci?n expeditiva, no importa cu?n inveros?mil resulte (o, para ser del todo sincero, las prefiero desfachatadamente inveros?miles): en los ?ltimos a?os he disfrutado much?simo con Alias y Prison Break; y ahora ando enganchad?simo a Dexter y Espartaco, preferencias que hasta hace poco hubiesen bastado para arrojar sobre m? una condena de puerilidad, falta de refinamiento o friquismo. Ahora puedo proclamarlas sin rebozo; pero, en el fondo de mis entretelas, yo bien s? que soy pueril, poco refinado y bastante friqui.

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