Lunes, 24 de enero de 2011
Publicado por Salazara72 @ 9:05
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? Fumadores apestados
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Consumatum est. El tabaco ha sido desterrado de la vida social espa?ola; y nos han logrado convencer de que lo han hecho para proteger nuestra salud, despu?s de bombardearnos con una propaganda desquiciada que hace del tabaco la mayor causa de mortandad de los pa?ses desarrollados. El infarto del fumador se atribuye siempre al tabaco, no importa que haya acaecido mientras ejecutaba ejercicios gilipollescos en un gimnasio. El c?ncer de pulm?n del fumador se atribuye siempre al tabaco, no importa que diariamente respire los tufos de gasolina requemada que expelen los autom?viles. En su cruzada antitabaquista, han llegado a afirmar que los ni?os que crecen en hogares donde se fuma pueden desarrollar problemas de raquitismo. Probablemente, los divulgadores de infundios tan tremebundos crecieran -como yo mismo, como casi todo el mundo- en un hogar habitado por fumadores, sin quedarse raqu?ticos. Pero los ap?stoles de la histeria ni siquiera se arredran cuando el sentido com?n y los datos puramente emp?ricos desmienten sus truculencias; su labor -a medio camino ante la del calumniador y la del seudoprofeta jerem?as- consiste, sobre todo, en sembrar el pavor entre el p?blico m?s cr?dulo o hipocondriaco. A la inmoralidad de nuestros gobernantes no le importa el sufrimiento del fumador; le importa conseguir, mediante la elocuencia s?rdida de los n?meros, que su sufrimiento deje de estimular la piedad del pr?jimo, para convertirse en motivo de segregaci?n y repudio social.

No se trata de negar los efectos nocivos del tabaco en nuestro organismo, sino de cuestionar este asedio incesante de informaciones apocal?pticas. Poco a poco, estamos conformando una sociedad amilanada. La propaganda del miedo amenaza con extender una enfermedad mucho m?s perniciosa que las enfermedades que se pretenden combatir. Los propagandistas de la histeria no parecen intimidados por las consecuencias que su empe?o antitabaquista acarrear?, pero a nadie se le oculta que las man?as persecutorias y dem?s formas soterradas de la locura que propagan sus mensajes apocal?pticos crecen d?a tras d?a. Una sociedad que convierte la salud en excusa para las discriminaciones y los anatemas es tambi?n una sociedad enferma. Pero, del mismo modo que la estad?stica y el laboratorio se preocupan de detallar las propiedades cancer?genas del tabaco, nadie parece molestarse en analizar los desarreglos ps?quicos que tales estudios tremendistas infunden en la poblaci?n.

La propaganda del histerismo, no contenta con atribuir al tabaco la paternidad de todas las calamidades contempor?neas, pretende imponer la creencia de que fumar atenta contra la urbanidad, infringe las reglas de convivencia, combate las conquistas de la civilizaci?n. No basta con convertir al fumador en un apestado social; conviene tambi?n atribuirle la pertenencia a una secta que conspira contra la propia supervivencia de la sociedad. Pronto lograr?n imbuirnos ese sentimiento de culpa; y cada vez que encendamos un cigarrillo nos sentiremos como el terrorista que prende la mecha de una bomba con la que aspira a diezmar la poblaci?n. Pero, a la vez que el fumador es confinado en un gueto para apestados, aumenta la voracidad impositiva sobre el consumo de tabaco. Uno ya empieza a estar harto de esta ret?rica cochambrosa empleada por nuestros pol?ticos, que se sirven del sufrimiento ajeno para justificar su voracidad impositiva. ?C?mo puede justificarse que, a la vez que se criminaliza al fumador, se le convierta en principal v?ctima de las gabelas gubernativas? El fumador, am?n del oprobio, recibe el castigo de la exacci?n; pero que se fastidie, que para eso es un ciudadano de segunda. Por supuesto, nuestros gobernantes saben perfectamente que estas penalizaciones rastreras que exprimen el bolsillo del fumador no disminuir?n ni un ?pice la peste cancer?gena, pero as? se engorda el fam?lico erario p?blico, a la vez que se fijan los reflectores de la culpabilidad en un sector social que corre el riesgo de ser aherrojado en las mazmorras del ostracismo. Lo que quiz? no sepan nuestros gobernantes es que la criminalizaci?n hip?crita del tabaco a?adir? a su consumo fascinaci?n y encanto subversivo, sobre todo entre los m?s j?venes. Quiz? les convendr?a leer a Julio Camba, aquel ir?nico tranquilo: ?Antes el tabaco era solo un veneno y ya fumaba el ochenta por ciento de la humanidad. Ahora, y dadas las dificultades con que se suele tropezar para adquirirlo legalmente, a m?s de un veneno constituye muchas veces un delito y, o yo soy muy mal pensado, o pronto estar? fumando la humanidad entera?.


Comentarios
Publicado por Invitado
Viernes, 24 de mayo de 2013 | 0:19

está equivocado juan manuel...el tabaco es una lacra como el alcohol, una pena que hayamos caido o caigamos en ese juego que nos mata a todos y es innecesario para relacionarse o para ser persona. Unos nos vamos dando cuenta con el tiempo de que te lo han metido como algo normal y aun tratamos de salir de ello.

Publicado por Invitado
Viernes, 20 de diciembre de 2013 | 3:12

Juan Manuel, tienes parte de razón pero al mismo tiempo haces demagogia.