Domingo, 19 de diciembre de 2010
Publicado por Salazara72 @ 10:35
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C?mo viven los Reyes Magos
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Un libro que nunca se ha escrito -o del que, si se ha escrito, no tengo noticia- es el que reconstruyese la vida ?ntima de los Reyes Magos, a partir de las fabulaciones de los ni?os que, en estas fechas, tratan de figurarse sus h?bitos, sus aficiones, sus quehaceres diarios. Un libro que, a partir del testimonio de cien o de mil o de un mill?n de ni?os (podr?a ser un libro inacabable como aquel libro de arena que so?? Borges), recrease la existencia cotidiana de estos ancianos milenarios que, una vez al a?o, despliegan una labor agotadora de reparto a domicilio que ninguna compa??a de mensajer?a del mundo ser?a capaz de emular; y que, inevitablemente, tendr?n que desarrollar durante los otros trescientos sesenta y cuatro d?as del a?o unos preparativos mareantes en su exhaustividad, sin dejar nada al albur de la improvisaci?n, como los estrategas de una batalla en la que se dirime el porvenir del mundo. ?Qu? ni?o no ha jugado a imaginar el ajetreo vertiginoso de esos preparativos? ?Y qu? ni?o no ha querido participar de ese ajetrero, o siquiera espiarlo desde el puesto de mando (porque, inevitablemente, una empresa tan vasta y aturdidora exige un puesto de mando desde el que se centralicen las operaciones, se organicen los cargamentos y se adiestre a la legi?n de pajes encargados del reparto), para ver a los Reyes Magos en plena faena, como mariscales de campo que planean el asalto a una fortaleza?

La imaginaci?n es una facultad del alma que los a?os van erosionando, agostando, domesticando hasta reducir a la par?lisis, por exigencia de las leyes f?sicas y el contraste humillante con la cetrina realidad; pero en la infancia la imaginaci?n campa por sus fueros como una cabra loca, capaz de trepar monta?as y vadear r?os ante los cuales la imaginaci?n adulta se arredra y encoge. Para la imaginaci?n intr?pida de un ni?o nada hay inveros?mil ni improbable, nada puede sujetar ni obstaculizar el br?o retoz?n de sus ideaciones; y, cuando algo trata de sujetarlas u obstaculizarlas, de inmediato cae fulminado, rendido, hecho a?icos por otra ideaci?n a?n m?s pasmosa y formidable. Un libro que recolectase, en gozoso mogoll?n, las ideaciones de cien, o de mil, o de un mill?n de ni?os en torno a los Reyes Magos dejar?a chiquitas las bulliciosas imaginer?as de Tolkien o Lewis Carroll; ser?a algo as? como la cartograf?a -cambiante, alborozada, inabarcable- de un mundo en perpetua expansi?n. Habr? ni?os que imaginen a los Reyes Magos acampando en tiendas, como las tribus n?madas del desierto; y habr? ni?os que los imaginen habitando un palacio de m?rmol y alabastro inundado de blancura. Habr? ni?os que los imaginen rodeados de robots e ingenios tecnol?gicos de ultim?sima generaci?n; y habr? ni?os que los imaginen en su gabinete, escrutando las estrellas con telescopios antiqu?simos, trazando las ?rbitas de los planetas sobre pergaminos abarrotados de signos indescifrables. Habr? ni?os que los imaginen al frente de un ej?rcito invisible de agentes que recopilan informaci?n en los parajes m?s abstrusos del atlas; y habr? ni?os que los imaginen dotados de artilugios m?gicos a modo de bolas de cristal que les permiten irrumpir en la intimidad de cualquier habitaci?n, como diablos cojuelos que levantan los tejados de las casas. Habr? ni?os que los imaginen taciturnos y abnegados en el estudio; y habr? ni?os que los imaginen joviales y entregados a una acci?n insomne. Habr? ni?os que los imaginen con las testas coronadas, dando ?rdenes desde un trono con baldaquino; y habr? ni?os que los imaginen en bata y pantuflas, desentendidos de su rango. Habr? ni?os que los imaginen encaramados en una torre de marfil; y habr? ni?os que los imaginen pase?ndose por los establos donde se recogen los camellos o dromedarios que luego cabalgar?n en su expedici?n anual. Habr? ni?os que los imaginen como capataces de una f?brica o cadena de montaje; y habr? ni?os que los imaginen en pleno ?xtasis m?stico, apartados del mundanal ruido. Habr? ni?os que los imaginen solterones y c?libes empedernidos; y habr? ni?os que los imaginen patriarcas de una copiosa prole de hijos, nietos, biznietos y tataranietos, diseminados entre su s?quito innumerable...

Habr? tantas ideaciones maravillosas sobre los Reyes Magos como ni?os que aguardan su anual recompensa; y todo ese caudal infinito de fervorosa, intr?pida, bullente imaginaci?n se pierde, generaci?n tras generaci?n, en el desv?n de los sue?os defraudados, en el vertedero de los desenga?os adultos. ?Es que no hay un escritor en el mundo capaz de rescatar ese tesoro de inconcebible belleza?

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