Domingo, 07 de noviembre de 2010
Publicado por Salazara72 @ 9:51
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? FACTURAS EN LA SOMBRA
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Diversas administraciones auton?micas han comenzado a emitir las llamadas ?facturas en la sombra?, con las que se informa a los pacientes que han hecho uso de la sanidad p?blica del importe de sus operaciones quir?rgicas, tratamientos, medicaci?n, etc?tera. El prop?sito de tales facturas, seg?n los voceros administrativos, no es otro sino ?concienciar? a los pacientes del coste de los servicios sanitarios, para as? lograr un ?uso m?s razonable? de los mismos. A esto se le llama tener mucho morro; m?s, incluso, que el amigo taimado que, despu?s de hacernos un regalo, se encarga de que sepamos cu?nto le ha costado, ?olvid?ndose? de retirar la etiqueta que pregona su precio. Con una diferencia sustancial: el amigo taimado que pretende rebozarnos por los morros su generosidad es, desde luego, m?s miserable que generoso, pero a fin de cuentas, aunque busque tambi?n ?concienciarnos? (es decir, ejercer sobre nosotros una mortificante tiran?a espiritual, record?ndonos que estamos en deuda con ?l), nadie podr? discutir que, en efecto, nos ha regalado algo, sin mediar obligaci?n alguna. Tal cosa no puede predicarse de las administraciones que emiten ?facturas en la sombra?, a quienes obliga un deber de servicio p?blico; y, adem?s, ese servicio p?blico no es ning?n regalo, sino la justa retribuci?n con que corresponden a nuestro esfuerzo tributario.

Un estudio realizado por EAE Bussiness School nos revelaba hace apenas unas semanas que cada espa?ol sufraga anualmente la administraci?n p?blica con 9.617 euros. Conviene recalcar que se trata de ?cada espa?ol?, no de los espa?oles que forman parte de la poblaci?n activa, ni de los espa?oles mayores de edad, ni de los espa?oles que tributan por tal o cual impuesto: ?cada espa?ol? significa que nuestra hija lactante o nuestro abuelo nonagenario tambi?n pagan esa cantidad; y puesto que ni nuestra hija lactante ni nuestro abuelo nonagenario cotizan, hemos de concluir que sus partes al?cuotas las pagamos nosotros, que estamos en edad de merecer (exacciones). Un r?gimen administrativo en el que cada administrado tiene que pagar una cantidad semejante es, pura y simplemente, un r?gimen confiscatorio, infinitamente m?s aflictivo que el soportado por aquellos pecheros de la Edad Media a los que el analfabetismo contempor?neo pone como ejemplo de sometimiento a la injusticia. Aquellos pecheros ten?an que pagar diezmos, primicias, gabelas y montazgos; pero al menos no soportaban la humillaci?n de recibir en el buz?n de su casa ?facturas en la sombra? en las que sus se?ores les recordaban el gasto de las huestes que vigilaban los caminos o hac?an la guerra al se?or vecino que ansiaba anexionarse sus propiedades. Nosotros pagamos 9.617 euros por barba (y tambi?n los 9.617 euros de la hija lactante e imberbe y los 9.617 del abuelo nonagenario que se ha dejado crecer la barba, pues el p?rkinson le impide afeitarse), que valen por todos los diezmos, primicias, gabelas y montazgos habidos y por haber; y a?n hemos de soportar que nos choteen, reboz?ndonos por los morros las facturitas sombr?as de marras.

No estar?a mal que, cada vez que nos llegase uno de estos papelajos ignominiosos, record?ndonos lo que ha costado la estancia de nuestra hija lactante en la incubadora o los medicamentos del abuelo nonagenario respondi?ramos emitiendo otra factura en la que les record?ramos el dineral que a nosotros nos cuestan las variopintas, superpuestas, hipertr?ficas, un?nimemente voraces administraciones p?blicas. Tal vez as? se cortaran un poco. O tal vez no. Porque lo que estas ?facturas en la sombra? pretenden es, en efecto, ?concienciarnos? del coste de los tratamientos sanitarios; pero no, como muy taimadamente esgrimen, para favorecer un ?uso m?s razonable? de los mismos, sino para irnos preparando para un porvenir pr?ximo en el que tales tratamientos dejen de ser un servicio p?blico. Porque no est? lejano el d?a en que nos cobrar?n por la incubadora de nuestra hija reci?n nacida y por los medicamentos del abuelo nonagenario; y para que ese cobro nos resulte menos aflictivo van preparando el terreno con estas ?facturas en la sombra?, con las que logran ejercer sobre nosotros esa mortificante tiran?a espiritual que los bancos mantienen sobre sus morosos. As?, el d?a en que por fin se decidan a cobrarnos, nos encontrar?n temerosos y contritos, avergonzados de haberlos ?gorroneado? durante tanto tiempo; y, para entonces, habremos olvidado que anualmente les pagamos 9.617 euros por barba, que por supuesto seguiremos pagando como agradecidos siervos.


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