Domingo, 31 de octubre de 2010
Publicado por Salazara72 @ 15:19
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CONCILIACI?N
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Anda mi amigo Ignacio Buqueras empe?ado, desde la Comisi?n Nacional para la Racionalizaci?n de los Horarios que preside, en cambiar los h?bitos laborales de los espa?oles, que seg?n los estudios demosc?picos son los m?s ca?ticos, dilatados e improductivos del orbe. Resulta que el espa?ol es quien m?s tiempo dedica al trabajo; y tambi?n quien m?s est?rilmente se lo dedica, alargando su jornada hasta horas inh?spitas que asfixian su vida familiar. Y para suscitar una reflexi?n social sobre la necesidad de conciliar trabajo y vida familiar ha organizado Ignacio Buqueras un congreso en Valladolid, al que ha tenido la deferencia de invitarme. Es un asunto poli?drico este de los horarios laborales y la conciliaci?n familiar. Parece evidente que en otros pa?ses vecinos en los que se trabaja menos horas el ?ndice de productividad es mayor; pero no parece tan claro que la vida familiar salga beneficiada, si consideramos que plagas como la del divorcio los fustigan en igual o mayor proporci?n que a nosotros. Parece evidente tambi?n que la mera importaci?n de h?bitos europeos no es el remedio que mejor encaje con el particular temperamento espa?ol; y aun sospecho que tal importaci?n acabar?a causando graves desarreglos de conducta entre nuestros paisanos. Los holandeses, por ejemplo, a eso del mediod?a, interrumpen durante un rato sus quehaceres laborales para ingerir (escribo ?ingerir? porque a eso no se le puede llamar ?comer?) un s?ndwich; y enseguida se ponen otra vez a trabajar, hasta concluir la jornada.

Yo he visto c?mo lo hacen; y es uno de los espect?culos m?s tristes de acabamiento humano que haya podido presenciar: para conciliar la vida laboral y la vida familiar hay que empezar por reconciliarse con la vida, y reducir las comidas a una mera ingesta de calor?as es como hacer oposiciones a la muerte. En Espa?a, desgraciadamente, se han comenzado a imponer h?bitos tan infrahumanos y mortuorios; y el resultado es calamitoso, pues agrava en el trabajador el sentimiento de que su trabajo (y, por extensi?n, la vida) es una mierda, lo que no redunda precisamente en una mayor ?productividad?; por no a?adir que, de vuelta a casa, ese sentimiento sigue amargando sus horas, y comunic?ndose a quienes lo rodean. El holand?s tal vez vuelva a casa antes que el espa?ol, pero es para trasladar el infierno de una vida mortuoria al hogar; y as? no hay conciliaciones que valgan. Yo creo que la ?nica ?conciliaci?n? posible es la que nace de una vida plena; y no hay vida plena all? donde el trabajo (que, a fin de cuentas, es una ?maldici?n b?blica?) se convierte en prioridad absoluta, all? donde deja de ser una necesidad m?s o menos onerosa y se torna gustosa esclavitud, erigi?ndose en sustancia de la propia vida (a la que contamina de muerte), en el astro solar en torno al cual giran los otros aspectos de la vida (reducidos ya a despojos), como planetas de ?rbita conc?ntrica. ?sta es una vida sin sentido de la jerarqu?a; y all? donde no hay jerarqu?a termina instaur?ndose el caos: pronto esos planetas subordinados acaban convirti?ndose en asteroides de ?rbita extraviada, acaban condenados a vagar en las tinieblas exteriores y a ser deglutidos por alg?n agujero negro.

Una vida que prioriza el trabajo nada puede conciliar; porque cuando a lo que es subalterno (por muy necesario que sea) se le concede el rango de primordial, lo que es primordial acaba siendo subalterno; y sobre esta subversi?n desnaturalizadora nada bueno ni vivo se puede construir, como ocurre siempre que lo que es de naturaleza inferior se encumbra a una naturaleza superior. Y, sin embargo, todo se pretende construir sobre esta subversi?n. Aceptamos que el ??xito laboral? es condici?n indispensable para la ?realizaci?n? personal; sacrificamos nuestras plurales vocaciones en aras de un trabajo que ni siquiera es nuestra vocaci?n; aceptamos las renuncias m?s ?mprobas con tal de promocionarnos en el trabajo; e, inevitablemente, cuando nos falta el trabajo somos como muertos en vida, porque previamente se la hemos entregado. La conciliaci?n entre dos cosas que son de naturaleza distinta s?lo se puede alcanzar cuando previamente hemos determinado la naturaleza de cada cosa; y determinar la naturaleza de las cosas exige establecer su jerarqu?a. Cuando se subvierte la naturaleza de las cosas y se altera su jerarqu?a, el caos ?la muerte? ya se ha adue?ado de nuestras vidas; y contra el caos ?contra la muerte? no valen horarios.


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