Lunes, 04 de octubre de 2010
Publicado por Salazara72 @ 7:52
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SE HA LIBERADO UN DEMONIO
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Antes de acostarme vi el otro d?a en la televisi?n -concretamente en el canal Cuatro- un programejo infecto llamado After hours, cuyo asunto no era otro sino mostrar aberraciones sexuales al modo risue?o o buenrrollista. Aparec?a un tipo tumbado en una camilla al que una tipa disfrazada de enfermera grotesca le hab?a pinzado las tetillas e introducido un cat?ter por el pene (en el colmo de la hipocres?a, las im?genes de su pene sondado aparec?an parcialmente veladas). El presentador del programejo infecto entrevistaba al tipo, con el mismo didactismo desenfadado con que -por ejemplo- en un programa de floricultura se podr?a entrevistar a una se?ora amante de la jardiner?a: el tipo nos desvelaba que tales pr?cticas monstruosas le proporcionaban inmenso placer, y el presentador inquir?a particularidades s?rdidas, mientras la tipa disfrazada de enfermera prosegu?a sus manipulaciones genitales ante el escrutinio de la c?mara. Luego el programejo prosegu?a su itinerario -al parecer se trataba de mostrar las perversiones sexuales m?s abracadabrantes, para ilustrar a la audiencia-, en busca de otros pobres desgraciados que alcanzasen el orgasmo mediante procedimientos similares. El programejo infecto forma parte, al parecer, de una serie en la que se van exponiendo todo tipo de aberraciones sexuales como quien explica recetas culinarias; y en otros canales no faltan, al parecer, programejos del mismo tenor que compiten con este que yo vi, incr?dulo de que puedan emitirse impunemente tales bazofias cochambrosas en canales que operan con licencia administrativa.

Lo m?s desasosegante del programejo infecto no era, sin embargo, el asunto que trataba (otro d?a, me comenta un amigo, se dedicaron a encomiar los presuntos gozos del intercambio de parejas), sino el intento de mostrar tal asunto como algo cotidiano, plenamente normal y aceptable. Las cloacas del alma humana, que tienen su desag?e en la sexualidad pervertida, siempre han estado ah?, confinadas en las mazmorras de la clandestinidad; la novedad consiste en sacarlas de su encierro sombr?o, para mostrarlas con delectaci?n morbosa, en su exhaustivo repertorio de inmundicia y bestialidad, como si tal cosa. Pero sacar a flote tales cloacas, exponi?ndolas a la curiosidad p?blica como si fuesen aspectos naturales de la conducta humana, tiene un precio muy costoso: es como liberar un demonio que permanec?a encadenado; y los demonios, una vez sueltos, son una marea negra que anega las conciencias, un cuchillo que apu?ala las sensibilidades, un microbio que infecta los sue?os. Y las conciencias anegadas, las sensibilidades acuchilladas, los sue?os infectados engendran monstruos que, para ser aplacados, exigen su raci?n diaria de alimento; raci?n que, cada d?a que pasa, se incrementa, hasta acabar engullendo a quien los cobija.

Yo no veo apenas la televisi?n (y creo que exagero, pues no la veo nada), con lo que ignoro si existen muchos programejos como este execrable After hours en la actual parrilla televisiva. S? veo, en cambio, mucho cine; y s? que este demonio se ha liberado y campa por doquier, cada vez m?s presente en pel?culas que brindan alimento a nuestra conciencia enfangada, a nuestra sensibilidad acuchillada, a nuestros sue?os purulentos. A veces estas pel?culas no disimulan su prop?sito depravado y se limitan a mostrar mutilaciones con regodeo nihilista (la celeb?rrima Hostel podr?a ser un ejemplo can?nico); otras veces disfrazan sus intenciones con una narrativa de vanguardia, con lucubraciones aparentemente sesudas, con un estilo propio de lo que anta?o se llamaba cine de arte y ensayo, como si sus creadores pretendieran excusar sus excesos con la coartada de una brumosa denuncia: Funny games, de Michael Hanecke; Irreversible, de Gaspar No?; Martyrs, de Pascal Laugier; Anticristo, de Lars Von Trier; A serbian film, de Srdjan Spasojevic, son exponentes de este cine al que me refiero, cada vez m?s frecuente, cada vez m?s brutal y descarnado en su exposici?n de cloacas infernales, en donde el horror de las im?genes (un horror que petrifica, como la contemplaci?n de la Gorgona) se mezcla, en amalgama execrable, con la pornograf?a m?s extrema. Es un cine infiernado que, a la vez que acuchilla nuestra sensibilidad, la curte y embota, prepar?ndola para el envite final, cuando ese infierno que se atreve a nombrar se ense?oree de nuestras vidas; exactamente igual que hacen -en otro plano m?s pedestre y cotidiano- programejos como ese infecto After hours al que antes me refer?a. Se ha liberado un demonio que ya nunca podremos encadenar; y su aliento criminal ya nos corroe, lenta e inexorablemente.

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