Lunes, 30 de agosto de 2010
Publicado por Salazara72 @ 9:04
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C?CTEL DE MONSTRUOS
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En la d?cada de los treinta, la productora Universal descubri? el fil?n de las pel?culas de terror ?Dr?cula, Frankenstein, El hombre lobo?, protagonizadas siempre por un monstruo a la vez cruel y tr?gico, que consagraron a una pl?yade de actores ?Bela Lugosi, Boris Karloff, Lon Chaney Jr.? que acabar?an siendo deglutidos por sus respectivos personajes. Durante a?os, se sucedieron, con presupuestos cada vez m?s menesterosos y guiones cada vez m?s rutinarios, las secuelas de aquellas pel?culas de terror originarias, en las que con frecuencia se incorporaba a la parentela de los monstruos ?La hija de Dr?cula, La novia de Frankenstein?, tratando de satisfacer a un p?blico que se complac?a en la repetici?n de un mismo esquema argumental. Tales secuelas fueron expoliando el fil?n hasta dejarlo exhausto; y cuando ya parec?a que la Universal tendr?a que abandonar por agotamiento sus `franquicias?, alg?n avispado productor de la compa??a tuvo la feliz idea de juntar en una misma pel?cula a varios de los monstruos que hab?an hecho fortuna por separado. As? naci? la f?rmula del llamado ?c?ctel de monstruos?, que alcanzar?a su apogeo a mediados de los cuarenta, con t?tulos como Frankenstein contra el hombre lobo, en los que las tramas m?s descacharrantes y rocambolescas serv?an como excusa para `resucitar?, en mogoll?n informe, a las criaturas que diez o quince a?os atr?s hab?an sembrado de terror las plateas. Para entonces, aquellas criaturas ya no provocaban, ni por asomo, el miedo de anta?o; pero el p?blico segu?a demandando su presencia en la pantalla, tal vez por nostalgia de una ingenuidad perdida. Inevitablemente, aquellos ?c?cteles de monstruos? adoptaron un tono conscientemente par?dico; y sus argumentos, resobados y archisabidos, jugaron con la complicidad de un p?blico que no buscaba sorpresas ni novedades, sino m?s bien la repetici?n machacona de los mismos t?picos, aderezados con una pizca de humor (que, por lo dem?s, no deb?a tratarse de humor refinado, sino elemental y halagador de los bajos instintos, como conviene a una parodia).

Una f?rmula semejante es la que ha empleado Sylvester Stallone en Los mercenarios (The Expendables), que resucita aquellas pel?culas de acci?n macarra, rezumantes de testosterona y estruendo, que triunfaron en la d?cada de los ochenta. El propio Stallone fue uno de los representantes m?s conspicuos de aquel cine que ahora ya casi podemos ver con curiosidad arqueol?gica, destinado a un p?blico eminentemente masculino, no demasiado perturbado por pesquisas de ?ndole metaf?sica; y, tras exprimir a Rocky y a Rambo, se ha lanzado a (dig?moslo piadosamente) dirigir esta pel?cula, entre demencial y desternillante, en la que congrega a una pandilla de cincuentones y sexagenarios que, en otra ?poca, le disputaron el aprecio de su p?blico (nunca le perdonaremos, sin embargo, la ausencia de Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal), algunos en divertidos y desprejuiciados cameos, como Arnold Schwarzenegger o Bruce Willis. Los mercenarios carece, por supuesto, de pretensiones art?sticas; y logra su efecto par?dico casi sin propon?rselo, con tan s?lo repetir los clich?s m?s socorridos de aquel cine decididamente bruto. Aparte de ofrecer la posibilidad de contemplar los efectos demoledores que sobre el organismo humano ejerce la mezcla letal de nandrolona y cirug?a pl?stica (si el rostro de Sylvester Stallone resulta una m?scara de doliente inexpresividad, lo cual quiz? ya fuese antes de los excesos quir?rgicos, el de Mickey Rourke parece un poema menos ?pico que pat?tico), Los mercenarios confronta al espectador cuarent?n con el imaginario m?s bien cutrecillo de su juventud, lo cual puede saldarse ?seg?n haya sido la evoluci?n vital del cuarent?n expuesto a tan peliaguda prueba? con un acceso de sonrojo urticante o un amago de llanto liberador (o, m?s probablemente, con ambas cosas a la vez); al mismo tiempo, permite al espectador adolescente, harto de que su generaci?n sea tachada de descerebrada, comprobar que la de sus padres no le andaba a la zaga. Yo confesar? que me he divertido ?con regocijada incredulidad si se quiere, con una suerte de regocijo culpable? con este inefable c?ctel de monstruos, que es un desfase de principio a fin. Y he jugado a imaginarme otra pel?cula de asunto similar que juntase a mis actores predilectos de aquella ?poca: Rutger Hauer, Christopher Walken, Christopher Lambert, Lance Henriksen, Harvey Keitel... Decididamente, la f?rmula del c?ctel de monstruos tiene un encanto irresistible para cualquier cin?filo carroza; sobre todo si es un cin?filo carroza que esconde pudorosamente una veta macarra, como yo mismo.


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