Martes, 09 de junio de 2009
Publicado por Salazara72 @ 16:51
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El Arbol de la Ciencia. Pio Baroja.

 

 

Andrés Hurtado comienza la carrera.

 

 

Serían las diz de la mañana de un día de octubre. En el patio de la Escuela de Arquitectura, grupos de estudiantes esperaban a que se abriera la clase.

De la puerta de la calle de los Estudios que daba a este patio, iban entrando muchachos jóvenes que, al encontrarse reunidos, se saludaban, reían y hablaban.

 

Por una de estas anomalías clásicas de España, aquellos estudiantes que esperaban en el patio de la Escuela de Arquitectura no eran arquitectos del porvenir, sino futuros médicos y farmaceúticos.

 

La clase de química general del año preparatorio de medicina y farmacia se daba en esta época en una antigua capilla del Instituto de San Isidro convertida en clase, y ésta tenía su entrada por la Escuela de Arquitectura.

 

La cantidad de estudiantes y la impaciencia que demostraban por entrar en el aula se explicaba fácilmente por ser aquél primer día de curso y del comienzo de la carrera.

 

Ese paso del bachillerato al estudio de facultad siempre da al estudiantes ciertas ilusiones, le hace creerse más hombre, que su vida va a cambiar.

 

Andrés Hurtado, algo sorprendido de verse entre tanto compañero, miraba atentamente arrimado a la pared la puerta de un ángulo del patio por donde tenían que pasar .

 

Los chicos se agrupaban delante de aquella puerta como el público a la entrada de un teatro.


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