Jueves, 14 de mayo de 2009
Publicado por Salazara72 @ 11:20
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En busca del Paraíso arrebatado

  • Ediciones Destino publica 'Los confines', una historia de "amor absoluto"
  • Cinco años después de 'Al morir Don Quijote', Andrés Trapiello vuelve a la novela

Sofía Sancho Castán | Madrid

 

 

 

Adán y Eva se dejaron llevar por el deseo y probaron el dulce fruto prohibido del Árbol de la Ciencia. Varios milenios después, más allá del bien y del mal, el pecado original sigue perturbando la vida de los hombres que, como Max y Claudia, se entregan a un "amor absoluto", por encima de la moral y de los tabúes impuestos. "Nada está escrito", se repiten los protagonistas de esta historia en la que el deseo les hará enteramente fuertes y enteramente libres.

Después de 'Al morir Don Quijote' (2004), Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) vuelve a las librerías con 'Los confines', una novela sobre la conquista del Paraíso que le fuera arrebatado al ser humano, una novela radical y feliz, a fin de cuentas una novela de amor. Un amor que debe vencer muchos obstáculos.

"Es una historia de amor. Toda historia de amor es especial. Ésta lo es acaso aún más, porque sus protagonistas han de hacer frente personal y socialmente al único tabú que atraviesan todas las culturas y todos los tiempos", explica el autor. El tabú al que se refiere Trapiello es uno de los más antiguos pecados del hombre, el incesto.

"Antes de anunciar su compromiso, la madre de la novia le confesó que el novio era su hermano"

Cleopatra en el Antiguo Egipto, Nerón y su madre en la Roma imperial o Calígula, que se relacionó con sus tres hermanas, son algunos de los personajes que, más allá de la moral de unos u otros tiempos, dieron rienda suelta a los deseos sexuales con miembros de su familia. Una historia tan antigua como actual que parte de una historia real que el autor escuchó hace algunos años. "Me contaron una historia sobre dos jóvenes enamorados de la alta sociedad madrileña que iban a casarse. Antes de anunciar su compromiso, la madre de la novia le confesó a su hija que el novio era su propio hermano. Los novios, desolados, interrumpieron su relación. La novia, una mujer inteligente, bellísima, rica, no se casó jamás. Mi novela sucede en la actualidad y no guarda ninguna relación con la historia real", especifica Trapiello.

"Son jóvenes, inteligentes, guapos, incluso son ricos pero son, sobre todo, dos buenas personas que quieren ser felices"

La trepidante sucesión de los hechos, los escenarios míticos, las desarboladas vidas de los personajes que comparecen... Todo en esta historia configura el asombroso mecanismo que ellos mismos harán saltar por los aires. Aunque no hay remordimiento, los protagonistas de esta novela anhelan la felicidad, que sólo alcanzarán siendo libres. "Son jóvenes, inteligentes, guapos, incluso son ricos, pero son, sobre todo, dos buenas personas que quieren ser felices y que no están dispuestas a renunciar a su felicidad, y se enfrentan por ello a todos y a todos con coraje", explica el autor sobre los personajes.

Lo atípico de esta historia de amor la convierte en imprescindible. "La novela cuenta una historia de amor al límite. El destino de los amantes les impedía amarse, pero ellos decidieron seguir adelante siendo libres. De eso va la novela, de los amores absolutos que requieren libertad absoluta", concreta Andrés Trapiello.

Un autor prolífico

"El escritor parte de una incomodidad constitutiva con la realidad. Por eso aspira únicamente a estar conforme con lo que hace."

Novelista, poeta y ensayista, Trapiello ha sido merecedor de premios como el Nadal en 2002 por 'Los amigos del crimen perfecto', el Nacional de la Crítica por 'Acaso una verdad' o el Premio Don Juan de Borbón en 1995 por 'Literatura y Guerra Civil 1936-1939'. Ahora vuelve a la novela en una prolífica carrera literaria en la que ha escrito unos 50 libros, ha prologado otros tantos y editado más de 300. Aunque Andrés no se decanta por ningún género.

No busca la comodidad sino la conformidad. "El escritor parte de una incomodidad constitutiva con la realidad y consigo mismo. Por eso aspira únicamente a estar conforme con lo que hace. Y esa conformidad, si la logra, tampoco suele tener que ver con la satisfacción. Uno puede estar conforme y satisfecho sólo a medias".


 


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