Domingo, 03 de mayo de 2009
Publicado por Salazara72 @ 15:02
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ANOTACIONES EN AEROPUERTOS
 
 


A medida del amor
–Siempre quise saber si era capaz de amar como amas tú –dijo el discípulo hindú a su maestro.
–No existe nada más allá del amor –respondió el maestro–. Es lo que hace girar al mundo y mantiene las estrellas suspendidas en el cielo.
–Lo sé. Pero ¿cómo puedo saber si mi amor es lo bastante grande?
–Procura saber si te entregas a tus emociones o si, por el contrario, huyes de ellas. Pero no te hagas preguntas como ésa, pues el amor no es grande ni pequeño. No se puede medir un sentimiento como se mide una calle: si haces eso, sólo percibirás su reflejo, como el de la Luna en un lago, pero no estarás recorriendo su camino.

Moisés divide las aguas
«A veces, la gente se acostumbra tanto a lo que ve en las películas que acaba olvidando la historia auténtica», me dijo un amigo mientras contemplábamos juntos el puerto de Sídney. «¿Te acuerdas de la escena cumbre de Los diez mandamientos?»
Claro que me acordaba. En un momento dado, Moisés, interpretado por Charlton Heston, alza su bastón, las aguas se separan y el pueblo hebreo atraviesa el mar a pie.
«En la Biblia es diferente», continuó mi amigo. «Dios le ordena a Moisés: `Di a los hijos de Israel que se pongan en camino´. Y sólo cuando han comenzado a andar, levanta Moisés su bastón y se abre el mar Rojo.»
Sólo el valor ante la adversidad hace que se nos muestre el camino.

San Agustín y la lógica
San Agustín se convirtió ante una simple señal. Durante años buscó en diversas corrientes filosóficas la respuesta al sentido de la vida. Cierta tarde, en el jardín de su casa, en Milán, reflexionaba sobre el fracaso de toda su búsqueda. En ese momento escuchó a un niño que cantaba en la calle: «¡Toma y lee! ¡Toma y lee!».
A pesar de ser un hombre que siempre se guio por la lógica, en aquella ocasión se dejó llevar por un impulso y abrió el libro que le quedaba más cerca. Era la Biblia, donde leyó un fragmento de San Pablo en el que aparecían las respuestas que buscaba.
Desde aquel día, la lógica de Agustín cedió un espacio a la fe, para que ésta también pudiese participar en sus reflexiones, y de esta manera llegaría a ser uno de los mayores teólogos de la Iglesia.

El sentido de la verdad
En nombre de la verdad, la raza humana cometió sus peores crímenes. Hombres y mujeres fueron quemados. La cultura de civilizaciones enteras fue destruida. Los que buscaban un camino diferente eran marginados.
Uno de ellos, en nombre de la `verdad´, terminó crucificado. Pero, antes de morir, dejó la gran definición de la verdad.
No es lo que nos da certezas.
No es lo que nos da profundidad.
No es lo que nos hace mejores que los otros.
No es lo que nos mantiene en la prisión de los prejuicios.
La verdad es lo que nos da la libertad. «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres», dijo Jesús.


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