Domingo, 12 de abril de 2009
Publicado por Salazara72 @ 11:39
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Hacia finales de los años ochenta, la extinta editorial Versal introdujo en España las novelas de John Franklin Bardin, un autor adscribible a simple vista a la serie negra, a quien, sin embargo, más que los mecanismos de la serie policiaca tradicional, le importaba zambullirse en los sótanos de las psicopatologías. Diez años después aproximadamente, Ediciones B reeditó tres de estas novelas, El percherón mortal, El final de Philip Banter y Al salir del infierno, que todavía, con un poco de suerte, andarán rodando por los anaqueles de las librerías, en alguna colección traspillada de bolsillo. A los aficionados a la novela negra (pero también a los devotos de la literatura fantástica) que no hayan accedido a la desazonante magia de Bardin me permito recomendarles la lectura de estas novelas, insólitas en su género. Porque Bardin es uno de esos escasos autores que, aceptando las convenciones de la literatura pulp, logra trascenderlas mediante la imposición de un clima esquizofrénico y opresivo.

John Franklin Bardin nació en Cincinnati, Ohio, en 1916. La muerte de su madre, tras una penosa enfermedad mental, quizá fue el acontecimiento nuclear de su existencia; o, desde luego, el que dejó una huella más profunda en su literatura. Sus novelas pueden interpretarse como una especie de exorcismo o terapia o purga del corazón; en ellas, aparte de explorar asuntos que le inquietan, Bardin trata de espantar el fantasma de la locura, que quizá llevase impreso en los genes. Como tantos escritores anticipados a su época, Bardin tuvo que ganarse la vida con diversos oficios vicarios, desde editor de revistas de medio pelo a agente publicitario. Sólo durante una década –desde mediados de los cuarenta a mediados de los cincuenta– pudo entregarse con cierta continuidad a su vocación, entregando a las imprentas hasta una decena de novelas de temática criminal; pero ninguna de ellas alcanzó el éxito ni obtuvo la recompensa de una adaptación cinematográfica (tal vez porque evocaban un universo psíquico demasiado alambicado), por lo que Bardin colgó para siempre la pluma, desencantado o tal vez tan sólo convencido de que ya había escrito lo que tenía que escribir. Hasta que sobrevino su muerte, allá por 1981, Bardin jamás volvió a infringir su silencio creativo; y tampoco se infringió el desdén de sus contemporáneos, que nunca llegaron a descubrir, mientras estuvo vivo, que Bardin era el heredero más cabal de Edgar Allan Poe.

Las tres novelas más divulgadas de Bardin nos enfrentan a un cúmulo de obsesiones, paranoias y psicopatías diversas que desafían las convenciones rutinarias sobre las que suele sustentarse el género negro. El percherón mortal parte de una premisa que podría servir como argumento para una película de David Lynch: Jacob Blunt, su protagonista, es visitado por enanos que le encomiendan extraños recados: repartir dinero entre desconocidos, adornarse el pelo con flores, entregar a domicilio caballos percherones. Blunt acude entonces al psiquiatra Mathews, que así se verá involucrado en una pesadilla atroz, en cuyos recovecos extraviará su identidad. El personaje del doctor Mathews, y también esas atmósferas tan distintivas de Bardin, entre oníricas y grotescas, se repiten en El final de Philip Banter: el personaje del título, alcohólico, mujeriego y agente publicitario –imposible no establecer paralelismos autobiográficos con el autor–, se encuentra en su oficina una confesión, al parecer escrita por él, en la que se detallan una serie de acontecimientos que, increíblemente, empezarán a cumplirse, punto por punto, a la noche siguiente. Tanto El percherón mortal como El final de Philip Banter, pese a desenvolverse en una atmósfera mental desquiciante, optan a la postre por una solución racional, lógica que tal vez reste pujanza a la pesadilla. Más osado se muestra aún Bardin en Al salir del infierno, una novela que nos sumerge en las percepciones averiadas de Ellen, una pianista que ha permanecido durante años internada en un manicomio: la esquizofrenia, las disociaciones de personalidad, las pulsiones homicidas de esta mujer son abordadas por Bardin con una escritura perfectamente lúcida, lo que centuplica su fuerza estremecedora.

Decididamente, John Franklin Bardin fue un maestro del thriller psicológico, o más exactamente psiquiátrico. Su lectura les deparará un continente de zozobras y perplejidades nunca explorado.

 


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