Domingo, 18 de enero de 2009
Publicado por Salazara72 @ 15:45
Comentarios (0)  | Enviar



Poe, o las ropas ajenas

Lorenzo Silva (*) | Madrid

 

 

 

Se cuenta de Edgar Allan Poe que durante toda su vida conservó el capote de cadete de la Academia de West Point, donde lo había enchufado su padrino y protector John Allan, y de la que fue expulsado con deshonor por su conducta impropia de un futuro oficial. De resultas de aquello, John Allan se desentendió de la suerte de su ahijado, al que una y otra vez había procurado llevar por buen camino tras la desaparición de sus padres (muerta ella, fugado él). Poe, ya solo, continuó por la senda que habría de hacer de él la figura que recordamos los lectores: el escritor de quien en este 2009 se conmemora el bicentenario.

Y menudo escritor. Dentro de la literatura contemporánea, cuesta encontrar a alguien que tuviera tan poderosa y variada influencia: de uno u otro modo, Poe fundó la novela policiaca (con 'Los crímenes de la calle Morgue', donde aparece su Auguste Dupin, precursor de todos los demás detectives que en los libros han sido), la novela de piratas (con 'El escarabajo de oro', donde Stevenson hallaría notoria inspiración para escribir 'La isla del tesoro'), la novela fantástica o de ciencia ficción (con su 'Manuscrito encontrado en una botella', que anticipa, por ejemplo, 'La invención de Morel' de Bioy Casares), el cuento de terror de sustrato psicológico (con 'El gato negro', uno de los mejores relatos de todos los tiempos, claro antecedente de Lovecraft) y hasta la poesía simbolista, que arrasaría a finales del siglo XIX en Europa de la mano de su devoto traductor Charles Baudelaire.

Como autor, Poe logró la notoriedad y el éxito a edad relativamente temprana. Fue en 1845, a raíz de la publicación del poema 'The Raven' ('El cuervo') en el diario 'Evening Mirror': Poco después emprendió una gira triunfal en la que cautivó al público de medio país con la lectura de sus poemas y narraciones.

Pero en lo personal fue inmensamente desdichado. Enamorado hasta el tuétano de su esposa, Virginia Clemm (la inspiradora de su poema 'Annabel Lee', a quien llevó al altar con tan sólo 13 años), no pudo superar su prematura muerte, acaecida en 1847. Sin Virginia, que había sido su soporte y su asidero vital, la naturaleza débil, caótica y autodestructiva de Poe se impuso. Lo arrojó a la depresión, el alcoholismo y otras adicciones y lo hizo resbalar imparablemente hacia el borde del abismo. Uno de los mayores misterios del carácter de Poe es cómo convivían, en un solo ser, esa tendencia al desastre en lo personal y una capacidad tan extrema para alcanzar la perfección en lo literario. Fue, sin duda, un pésimo gestor de su vida, pero sus textos están entre los más impecables y exactos jamás escritos.

Edgar Allan Poe murió en Baltimore, el 7 de octubre de 1849, a la edad de 40 años. Para entonces, ya no conservaba aquel capote de cadete de la academia militar que había guardado durante años con tanto celo, aun cuando ya no le pertenecía, por haber perdido la condición que daba el derecho a usarlo. Lo encontraron en la calle, inconsciente, vestido con ropas menos lustrosas, pero que tampoco eran suyas. Lo llevaron al hospital y allí murió poco después, en medio de horribles alucinaciones y espantosos alaridos. Cuentan que su tío, cuando se enteró de su muerte, pronunció esta amarga frase fúnebre:

"Había conocido tanto dolor y tenía tan pocos motivos para sentirse satisfecho con la vida, que este cambio apenas puede considerarse una desgracia".

En uno de sus cuentos más desasosegantes, 'El entierro prematuro', Poe previene contra el peligro de mantener los ojos abiertos y de querer indagarlo y verlo todo, incluso lo que permanece oculto. Pero aquel hombre frágil y demasiado lúcido desoyó su propio consejo, y así hubo de morir (y vivir) envuelto en ropas ajenas. A cambio, alumbró su portentosa obra, que a tantos otros habría de arropar a la hora de crear sus propios cuentos y dar en ellos salida a los fantasmas de la imaginación.


 


Comentarios