Domingo, 21 de septiembre de 2008
Publicado por Salazara72 @ 11:18
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EL ACTO DE ESCRIBIR (LA PLUMA Y LA PALABRA)

 

 

 

 

 

 




La entrega pasada afirmé que todo escritor es un buen lector. Vienen a continuación algunas reflexiones sobre el instrumento clásico que todo el mundo emplea.

La pluma
Toda la energía del pensamiento termina manifestándose por la punta de una pluma. Desde luego, esta palabra podría sustituirse por otras como `bolígrafo´, `teclado de ordenador´ o `lápiz´, pero `pluma´ es más romántico, ¿no es verdad?
Retomemos el asunto: la palabra termina por condensar una idea.
El papel es apenas un soporte para esta idea.
Pero la pluma permanecerá siempre contigo y es necesario saber cómo utilizarla.
Los periodos de inactividad terminan haciendo falta: una pluma que no para de escribir al final pierde la conciencia de lo que hace. Por lo tanto, déjala descansar siempre que te sea posible y preocúpate más de vivir y de reunirte con los amigos. Cuando regreses al oficio de la escritura, hallarás una pluma feliz, con toda su fuerza intacta.
La pluma no tiene conciencia: es una prolongación de la mano y del deseo del escritor. Sirve para destruir reputaciones, hacer soñar, transmitir noticias, formar bellas frases de amor… Por todo esto, procura ser siempre claro con tus intenciones.
La mano es el lugar donde todos los músculos del cuerpo, todas las intenciones del que escribe y todo el esfuerzo para compartir lo que siente se encuentran concentrados. No se trata únicamente de una parte de tu brazo, sino de una extensión de tu pensamiento. Toca tu pluma con el mismo respeto que un violinista tiene por su instrumento.

La palabra
La palabra es la intención final de todo el que desea compartir algo con sus semejantes.
William Blake decía que todo lo que escribimos es fruto de la memoria o de lo desconocido. Si alguien me pidiese a mí un consejo, le diría que respetase lo desconocido y que buscara en sí mismo su fuente de inspiración. Las historias y los hechos siguen siendo los mismos, pero cuando abres una puerta de tu inconsciente y te dejas guiar por la inspiración, ves que la manera de describir lo que viviste o soñaste es siempre mucho más rica cuando tu inconsciente guía tu pluma.
Cada palabra deja en tu corazón un recuerdo y es la suma de estos recuerdos lo que conforma las frases, los párrafos, los libros.
Las palabras son flexibles como la punta de tu pluma y entienden las señales del camino. Las frases no vacilan en cambiar de rumbo cuando descubren, cuando vislumbran una oportunidad mejor.
Las palabras tienen la naturaleza del agua: rodean las rocas, se adaptan al lecho del río, a veces se transforman en un lago hasta que la depresión se llena y pueden así proseguir su camino.
Porque la palabra, cuando ha sido escrita con sentimiento y alma, no olvida que su destino es el océano de un texto y que más tarde o más temprano llegará hasta él.

 


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