Martes, 26 de agosto de 2008
Publicado por Salazara72 @ 11:10
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Mujer que Llora. Carlos Castán. Los Hijos del Cierzo

 

 

 

 

...El desconcierto total, cuando supe ya seguro que es que nunca entendería nada, fue el día en que al darte un beso en el momento en que volvías de la calle te noté algo duro en el vientre y me pareció que era como una pistola aunque entonces no estaba muy segura y la respuesta a mi curiosidad y a tanto miedo que tenía no fueron más que gritos y portazos.

 

Sentada cerquita del brasero eléctrico, junto a la ventana, solía llorar despacio esperando que la luz aburrida de las tardes me trajera otra vez tanto recuerdo medio borrado de cuando estaba en el pueblo, del olor de los campos, de amor. Es que si no las cosas se van desordenando sin darse una cuenta y nada de cuanto planeé pacientemente hace ya tiempo mientras mataba las horas con mis hermanas planchando delantales o cosas así, nada de cuando decidí que me gustaría hacer en la vida parecía entonces tener cabida en ese rincón en el que lloraba y al que parecía acudir la vida diariamente para morirse un poco.

 

Verás, ahora las cosas no me van mal del todo, es curioso lo que las personas se cambian unas a otras. A él creo que lo conocías, de por el bar ese tan sucio que estaba enfrente del de los boquerones, aunque la verdad es que no os dirigíais casi nunca la palabra, no sé por qué. Es de otro estilo, pero buen chico, de ésos que te tocan el culo y te llevan al cine. También hay que aguantarle cosas, claro, como a todo el mundo. La de tardes que me he pegado frente a un futbolín sin hacer nada, y las que me quedan, supongo. Y lo peor es que cuando algún disparo le sale bien por casualidad y mete gol me gano un guantazo de impresión en la espalda que no veas ya como los tengo. Pero no es difícil quererle, asi, con esos dientes tan feíllos y oscurecidos que dan casi pena solo de verlos, pobre; y esa forma que tiene de hincharte la sangre cada vez que aparece por una puerta, como si te la llenara de espuma o de velocidad o de ganas de besarle sin más y tirarle del pelo para que se enfurezca un poco y te lance como un bruto contra el diván y poder entonces acariciar esa espalda tan fuerte llena de espinillas y pelusa.

 

Si quieres que te lo diga, la verdad es que no sé bien cómo empezó este asunto. Por Teresa me enteré que se había fijado en mí, y en fin, ya sabes, esas cosas funcionan igual que cuando tu vivías. Por cierto, acababa de estar con él el dia que me llamaron para que me presentara corriendo en el depósito que había que reconocer a alguien. De antes del desmayo recuerdo sólo el sudor, las piernas que tiemblan, el taxi, las batas de los encargados, la garganta que se encoge como un puño, el olor a frío y verte ahí sobre la bandeja metálica con el hilillo de sangre seca que te atravesaba la frente hasta formar un charquito sobre el párpado, y toda la camisa recién estrenada cubierta de agujeros rojos de metralla.

 

El entierro fue un auténtico número. Un amigo tuyo que yo conocía sólo de vista me tomó por el hombro también llorando y me habló de que te habías portado como un héroe, y de que venceríamos y cosas de política que no entendí bien y de que la historia empujaba con fuerza en la misma dirección en que nosotros caminábamos. Luego a algunos espabilados no se le ocurrió otra cosa que sacar banderas y todo el mundo empezó a gritar como desencajado y a arrojar adoquines y botellas de fuergo hacia todos los lados hasta que llegó la policía y ya te puedes imaginar, yo con aquellos tacones.

 

Fregar suelos por las casas ya sabes que no da mucho dinero, aunque te dejes ahí media vida, así que he tenido que vender los libros de cualquier manera y de los discos todos los que habías traido tú en los que no cantaban. A decir verdad, por muchos tomos no fue posible conseguir nada, pero lo mismo los he tirado por el sitio que ocupaban en casa y porque, eso tienes que comprenderlo, tengo mucho miedo de que este chico de ahora, aunque no creo, se dedique a dejarse los ojos en ellos y de que no me diga más a dónde va y de que lo maten y de que deje de traerme flores y chocolate.

 

Si las cosas las hubiera sabido antes, de verdad que todo habría resultado bien distinto; a una no le va nada eso de tener un novio muerto.


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