Lunes, 05 de mayo de 2008
Publicado por Salazara72 @ 12:18
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Los Niños Republicanos II  Eduardo Pons Prades.

 

 

Aquello parecía una mazmorra de la inquisición. Testimonio de Manuela Moreno.

 

 

En la cárcel de Zaragoza se pasó muy mal. En la de Torrero había cuarenta y cinco niños, los pobrecitos, con un hambre y una miseria como nadie puede imaginarse. Nos daban una bañera de agua por semana. De esa agua teníamos que beber, lavarnos, lavar a los niños, lavar la ropa...Fijaros cómo estaríamos de curiosas y el olor que echábamos, pues el agua de la bañera tenía que servir para cuarenta y cinco madres con sus cuarenta y cinco hijos, y para otras personas; unas setenta o más que estábamos con ellas. Allí en Torrero, estuvimos creo que fue diez meses sin darnos el sol ni el aire, completamente encerradas. Aquello parecía una mazmorra de la Inquisición. En el mes de abril, con un sol que nos cegaba, después de tanta oscuridad, nos llevaron a la cárcel de Predicadores y nos metieron el en patio, un patio muy grande, pero que hacía una hondonada que el sol te quemaba; en seis o siete días a los chicos les dio una bronconeumonía. Empezaron a morirse y sólo quedaron tres. Una que se llamaba Pili que está en Fabara, otra que la llamábamos La Gatito y un niño que se llamaba Antoñito. Cuarenta y dos niños se murieron en una semana. Los alimentos de los niños eran muy escasos y a las madres nada. El médico que iba a ver a los niños bajaba con las polainas llenas de sangre, para hacernos sufrir; esa sangre era la de nuestros compañeros que sacaban a fusilar y él les daba el tiro de gracia.

 

Los experimentos médicos de Antonio Vallejo Nájera.

 

En éste capítulo no podíamos pasar por alto los experimentos del Dr Vallejo Nájera con mujeres republicanas encarceladas. O marxistas, como las llaman él y su colaborador Eduardo M. Martínez, director de la clínica psiquiatrica de Málaga.

A los hombres, se refiere a prisioneros de las  Brigadas Internacionales en el campo de San Pedro de Cardeña a unos 13 kilómetros de Burgos, se les realizó un estudio antropomórfico, pero en el “sexo femenino” carece de finalidad por la impureza de los  contornos. El Dr Vallejo Nájera dirigió en 1938, un estudio sobre los prisioneros de guerra republicanos, para determinar qué malformación llevaba al marxismo. O sea; iba en busca del “gen rojo”. Al acabar la guerra es cuando ampliará su estudio sobre las mujeres rojas. El psiquismo de éstas, escribe Vallejo Nájera tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal. Por lo que, cuando se rompen los frenos sociales, la mujer en casa y con la pata rota, que contienen a la mujer, se despiertan, en el sexo femenino, el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarles inhibiciones inteligentes y lógicas.

Antonio Vallejo Nájera, que en los años de la guerra fría colaboraría en un texto estadounidense sobre la psicopatología de las relaciones internaciones, no tiene empacho alguno en afirmar: tampoco puede chocarnos el gran número de imbéciles sociales, se refiere a los prisioneros de guerra pertenecientes al Batallón Abraham Lincon, de las Brigadas Internaciones, ya que el medio ambiente rural y social norteamericano favorece la formación de tal tipo de personalidad. Antes, ha puntualizado que “en las revueltas políticas las mujeres tienen ocasión de satisfacer sus apelitos sexuales latentes”. Tanto Vallejo Nájera como el Dr Martínez concluyen que la mujer cuando se lanza a la política “no lo hace arrastrada por sus ideas, sino por sus sentimientos que alcanzan proporciones inmoderadas, incluso patológicas, debido a la irritabilidad propia de la personalidad femenina”Y subrayan que la crueldad femenina “no queda satisfecha con la ejecución del crimen, sino que aumenta durante su comisión” Así intentaban justificar el alto grado de participación femenina en las filas de la República.

 

Pepa-Natalia: desde Asturias a Auschwitz.

 

-¿ Y tú como te llamas?

La muchacha levantó la vista, parpadeó lentamente y con un hilillo de voz muy tenue respondió:

-¿ Yo? Yo me llamo Pepa; pero ahora me llaman Natalia.

¿ Donde estamos?

-Auschwitz, parada y fonda,. Birkenau, final del trayecto.

Unas risotadas hicieron más agobiante  el descubrimiento del siniestro lugar donde había parado el tren, reavivando la incesante sarta de lamentos.


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