S?bado, 26 de abril de 2008
Publicado por Salazara72 @ 18:00
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Huérfanos del mal. Nicolas D Estiene D Orves.

 

 

Era perfecta: frente alta, ojos separados, orejas delicadas, barbilla firme, labios perfilados, dientes rectos, pelo largo, sedoso y más dorado que un pretzel.

 

_ Abra bien los ojos, Fraulein, por favor_ dijo el médico inclinándose.

 

_¿Así?_ contestó la joven, e hizo rodar los ojos como un búho.

 

El gesto arrancó una sonrisa al hombre de la bata blanca, conocido sin embargo opor su seriedad en el trabajo.¡Pero no era para menos¡. Pocas veces había visto él tal gama de azules: cian, turquesa, lapislázuli...

 

_¿Y el padre?

 

La embarazada se encogió de hombros y sonrió con aire impotente. Una enfermera leyó entonces una ficha al médico:

 

_ Ingelheim, Grawain; veintidós años; Untersturmfuhrer, teniente segundo de las SS. Primero de su promoción del Ordensburg de Sonthofen. Tiene un certificado de pureza airia de doce generaciones..."Conoció" a Fraulein Greve en Halgadom la noche del l2 al l3 de mayo de 1938...

 

¿ Eso es cierto? le preguntó el médico mientras le palpaba el vientre.

 

Ella asintió.

 

_ Lo de la fecha sí..murmuró, pero ahora me entero del nombre Her Doktor.

 

...La número tres..., se dijo, no sin orgullo; la noche anterior la había tocado por primera vez sin equivocarse, sus hijos le aplaudieron, su mujer se ruborizó de contento y él mismo quedó como aturdido tras ese pequeño recital en familia. Eran sus momentos preferidos. Esa comunión entre el arte y lo humano. Esa simbiosis entre la creación más perfecta y la raza más pura. Sus hijos pronto serían mayores. Pronto aquellos jóvenes arios tomarían el relevo.¡ Ellos eran el mañana, el futuro de la raza¡

 

El parto fue como un sueño. La madre creyó que oía cantar a los ángeles, pero no eran más que sus gritos, sus quejidos; transportada, como en trance, no sentía ni el dolor. Su conciencia triunfaba sobre su cuerpo. Sentía su vientre violado, sus carnes desgarradas, pero lo único real era su gozo. Se entregó por entero, tan inmaculada como al nacer.

 

No había conocido a ningún otro hombre. Se había mantenido pura para aquel soldado, al que solo vio una noche, una hora, lo que dura un beso. Pero al estrecharlo entre sus brazos, al recibirlo dentro de sí, al dejar que la penetrara, era el Fuherr a quien había entregado su virginidad, era al Reich a quien había ofrecido su pureza, su inocencia, su belleza. No la preñó un hombre, sino un pueblo. Y con esa responsabilidad había vivido los últimos nueve meses.

 

...Labio leporino dictaminó el médico...Iba a tocar la mano al pequeño cuando reparó en lo que le estaba haciendo la enfermera.

 

 

...La primera generación debe ser sana, dijo el médico impasible, con una resignación cansada, mientras retiraba la jeringa, .

 

La enfermera puso al niño en brazos de la madre. Pese a su rostro desfigurado y el hilillo de sangre que le surcaba la frente, una extraña calma inundaba al bebé.

 

 

El pequeño dio una sacudida, emitió una especie de hipido y la cabeza cayó para atrás.

 

La madre quedó anonadada; ni siquiera notó que la enfermera cogía de nuevo al niño, ni oyó apenas la voz amable pero firme del médico que decía.

 

La tendremos convaleciente un mes y luego la trasladaremos a la maternidad de Halgadom. Allí hay oficiales bien plantados que le harán olvidar este...percance... Es usted joven Fraulein y el Reich sigue necesitándola.


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