Viernes, 18 de abril de 2008
Publicado por Salazara72 @ 14:40
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El Arca de Schindler. de Thomas Keneally.

 

 

...Durante los primeros ocho días de su permanencia en Auschwitz, las mujeres estuvieron en inminente peligro de muerte. E incluso después, ya que las últimas víctimas de las cámaras continuaron desfilando a lo largo de noviembre hacia el extremo oeste de Birkenau; como los hornos y las hogueras continuaban devorando los cadáveres anteriormente acumulados, las trescientas prisioneras no podían advertir el menor cambio en la naturaleza esencial del campo. Y toda su ansiedad estaba bien fundada; porque la mayoría de las personas que subsistieran después de terminar el empleo de los gases, serían fusiladas, como ocurrió a todos los trabajadores encargados de los hornos, o se permitiría que murieran de enfermedad.

 

De todos modos, las schindlerfrauen sobrellevaron frecuentes visitas méricas durante octubre y noviembre. Algunas fueron separadas en los primeros días, y enviadas a los barracones destinados a los enfermos inclurables. Los médicos de Auschwitz, Josef Mengele, Fritz Klein, los doctores Konig y Thilo, no sólo se presentaban en la explanada de Birkenau, sino en las revistas y en las duchas, a preguntar con una sonrisa:

 

_¿ Qué edad tiene abuela?

 

Así enviaron al barracón de las ancianas a Clara Sternberg, y también a Lola Krumholz, que tenía sesenta años pero hasta ese momento había pasado por ser mucho más joven. En barracones como ése, los ancianos morían de inanición sin ocasionar gastos a la administración. La señora Horowitz pensó que su hija de once años, delgadísima, no sobreviviría a una inspección en las duchas, de modo que la ayudó a ocultarse en una tina de sauna vacía. Una de las muchachas SS de la custodia, rubia y bonita, la vio pero no la denunció. Era cruel y de genio vivo, pero más tarde pidió algo a cambio a Regina Horowitz, y recibió un broche que ella había logrado ocultar hasta ese momento, y que entregó filosóficamente a la joven SS. Había otra chica, más robusta y de maneras más suaves, que hacía a las prisioneras propuestas lesbianas y a veces requería formas de soborno más personales.

 

Durante la revista, solían aparecer uno o más médicos ante los barracones. Cuando veían a los médicos, las mujeres se frotaban las mejillas con tierra para darles un falso color. En una de esas inspecciones, Regina apiló unas piedras para que su hija subiera a ellas; el doctor Mengele, joven y de pelo blanco, le preguntó con voz suave qué edad tenía su hija, y le pegó por mentir. Era habitual que las mujeres derribadas así durante la inspección fueran arrastradas por los guardias hacia la cerca electrificada, mientras estaban aún medio inconscientes, y luego arrojarlas contra ella.

 

...Con los pies hundidos en el barro, marcharon a las instalaciones de desinfección. Allí, jóvenes y fornidas SS, armadas con  porras, les ordenaron que se desnudaran. Mila Pfefferbeg estaba asustada por los rumores que la mayor parte de los prisioneros del Reich conocían: que de las duchas brotaba a veces un gas letal. Pero ésas como vio con regocijo, sólo salía agua helada.

 

Después del baño, algunas esperaban que las tatuaran. Eso era todo lo que sabían acerca de Auschwitz. Los SS tatuaban a la gente que pensaban utilizar. Si pensaban arrojarlas a los hornos, no se tomaban la molestia.

 

 


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