Mi?rcoles, 16 de abril de 2008
Publicado por Salazara72 @ 14:38
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Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.

 

 

De la venida de Clavileño, con el fin desta delatada aventura.

 

 

Llegó en esto la noche y con ella el punto determinado en que el famoso caballo Clavileño viniese, cuya tardanza fatigaba ya a Don Quijote, pareciéndole que, pues Malambruno se tenenía en enviarle, o que él no era el caballero para quien estaba guardada aquella aventura, o que Malambruno no osaba venir con él a singular batalla. Pero veis aquí cuando a deshora entraron por el jardín cuatro salvajes, vestidos todos de verde yedra, que sobre sus hombros traían un gran caballo de madera. Pusiéronle de pies en el suelo, y uno de los salvajes dijo:

 

_ Suba sobre esta máquina el que tuviere ánimo para ello.

_ Aquí, dijo Sancho, yo no subo, porque ni tengo ánimo ni soy caballero.

 

Y el salvaje prosiguió diciendo:

 

_ Y ocupe las ancas el escudero, si es que lo tiene, y fiése del valeroso Malambruno, que ni no fuere de su espada, de ninguna otra, ni de otra malicia, será ofendido; y no hay más que torcer esta clavija que sobre el cuello trae puesta, que él los llevará por los aires adonde los atiende Malambruno; pero, porque la alteza y sublimidad del camino no les cause váguidos, se han de cubrir los ojos hasta que el caballo relinche, que será señal de haber dado fin a su viaje.

 

Esto dicho, dejando a Clavileño, con gentil continente se volvieron por donde habían venido. La Dolorida, así como vio al caballo, casi con lágrimas dijo a Don Quijote:

 

_ Valeroso caballero, las promesas de malambruno han sido ciertas: el caballo está en casa, nuestras barbas crecen, y cada una de nosotras y con cada pelo dellas te suplicamos nos rapes y tundas, pues no está en más sino en que subas en él con tu escudero y des felice principio a vuestro nuevo viaje.

 

_ Eso haré yo, señora condesa Trifaldi, de muy buen grado y de mejor talante, sin ponerme a tomar cojín, ni calzarme espuelas, por no detenerme; tanta es la gana que tengo de veros a vos, señora, y a todas estas dueñas rasas y modas.

 

_ Eso haré yo, dijo Sancho, ni de malo ni de buen talante, en ninguna manera; y si es que este rapamiento no se puede hacer sin que yo suba a las ancas, bien puede buscar mi señor otro escudero que le acompañe, y estas señoras otro modo de alisarse los rostros; que yo n o soy brujo, para gustar de andar por los aires. Y ¿ qué dirán mis insulanos cuando sepan que su gobernador se anda paseando por los vientos? Y otra cosa más; que habiendo tres mil y tantas leguas de aquí a Candaya, si el caballo se cansa o el gigante se enoja, tardaremos en dar la vuelta media docena de años, y ya ni habrá ínsula ni ínsulos en el mundo que me conozan, y pues se dice comúnmente que en la tardanza va el peligro, y que cuando te dieren la vaquilla acudas con la soguilla, perdónenme las barbas destas señoras, que bien se está San Pedro en Roma, quiero decir que bien me estoy en esta casa, donde tanta merced se me hace y de cuyo dueño tan gran bien espero como es verme gobernador.

 

...Parecióle a Don Quijote que cualquiera cosa que replicase acerca de su seguridad sería poner en detrimento su valentía; y así sin más altercar, subió sobre Clavileño y le tentó la clavija, que fácilmente se rodeaba, y, como no tenía estribos y le colgaban las piernas, no parecía sino figura de tapiz flamenco pintada o tejida en algún romano triunfo. De mal talante y poco a poco llegó a subir Sancho, y acomodándose lo mejor que pudo en las ancas, las halló algo duras y no nada blandas, y pidió al duque que, si fuese posible, le acomodasen de algún cojín o de alguna almohada, aunque fuese del estrado de su señora duquesa, o del lecho de algún paje, porque las ancas de aquel caballo más parecían de mármol que de leño.

 

...Señor,¿ cómo dicen éstos que vamos tan altos, si alcanzan acá sus voces, y no parecen sino que están aquí hablando junto a nosotros?

 

_ No repares en eso, Sancho, que, como estas cosas y estas volaterían van fuera de los cursos ordinarios, de mil leguas verás y oirás lo que quisieres. Y no aprietes tanto, que me derribas; y en verdad que no sé de qué te turbas ni te espantas, que osaré jurar que en todos los días de mi vida he subido en cabalgadura de paso más llano: no parece sino que no nos movemos de un lugar. Destierra amigo el miedo, que, en efecto, la cosa va como ha de ir y el viento llevamos en popa.

 

_ Así es la verdad, respondió Sancho, que por este lado me da un viento tan recio, que parece que con mil fuelles me están soplando.

 

Y así era ello, que unos grandes fuelles le estaban haciendo aire; tan bien trazada estaba la tal aventura por el duque y la duquesa y su mayordono, que no le faltó requisito que la dejase de hacer perfecta.

 

...Yo no sé esas miradas, replicó Sancho: sólo se que será bien que vuestra señoría entienda que, pues volábamos por encantamiento, por encantamiento podía yo ver toda la tierra y todos los hombres por doquiera que nos mirara; y si esto no se me cree, tampoco creerá vuestra merced cómo, descubriéndome ñpor junto a las cejas, me vi tan junto al cielo que no había de mí a él palmo y medio, y por lo que puedo jurar, señora mía, que es muy grande además.

 

 


Comentarios
Publicado por tato
Lunes, 01 de noviembre de 2010 | 22:05

basura.

Publicado por carlos
Mi?rcoles, 25 de abril de 2012 | 4:23

no me sirve gas

Publicado por Invitado
S?bado, 27 de septiembre de 2014 | 3:06

gas de que sirve esto de nada no se lo recomiendo gaz guacala