Domingo, 13 de abril de 2008
Publicado por Salazara72 @ 13:28
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SE HABLA DE...


Thomas Buergenthal.

Nació en Lubochna( hoy Eslovaquia) en 1934. Sobrevivió a los campos nazis, donde perdió a su padre en Sachsenhausen. Actualmente es juez de la corte internacional de la ONU. Acaba de publicar sus memorias ( Un Niño Afortunado)

 

 

 




XLSemanal. ¿Qué era un niño del campo?

Thomas Buergenthal.
Aquel que sabía cómo salvarse en un campo de exterminio nazi [sonríe]. Éramos muy parecidos a los niños de la calle que hay hoy en América Latina.

XL. ¿Lo peor que vio ese niño del campo que fue usted?
T.B.
El día en que ahorcaron a tres jóvenes por tratar de fugarse tras haberlo organizado. Lo que más me impresionó, y nunca voy a olvidar, es que los alemanes insistieron en que fuésemos los prisioneros quienes les pusiésemos las sogas en el cuello. Uno de aquellos verdugos improvisados se echó a llorar y gritaba que no podía hacerlo, que acabasen con él si querían, pero que él no podía matar a su compañero.

XL. ¿Qué siente cuando recuerda el paradójico lema de aquellos campos: «El trabajo os hará libres»?
T.B.
Pues que se trata de un chiste [ríe]. Es pura ironía alemana. Nos era muy difícil entender aquello. El lema estaba a la entrada de los campos de exterminio y una vez allí era todo lo contrario.

XL. ¿Qué fue la Marcha de la Muerte y cómo sobrevivió a ella?
T.B.
Empezó en enero del 45, consistió en caminar durante tres días con una manta. Nos llevaron a través de más de 80 kilómetros desde Auschwitz hasta un nuevo campo. Eso sí, aquellos que se rendían por culpa de la extenuación eran inmediatamente aniquilados. Sus cuerpos sin vida quedaban en el camino sin la menor gota de compasión. Murió mucha gente de esta manera. Realmente, lo más sencillo era tomar esa decisión: abandonarse, rendirse, dejar que los guardianes pusiesen punto final al dolor de forma instantánea.

XL. ¿Por qué no lo hizo ese niño que era usted?
T.B.
[Sonríe irónico] Lo he pensado durante mucho tiempo y he llegado a la conclusión de que yo nunca me rendí porque me lo había tomado como un juego con los alemanes. Era o ellos o yo.

XL. ¿Sufrió el síndrome del superviviente?
T.B.
[Medita largo rato] Nunca.

XL. ¿Por qué no?
T.B.
Creo que el síndrome en cuestión parte de un complejo de culpa. Y yo nunca me sentí culpable. Imagino que se trata de algo proclive a los adultos. Un niño no puede verse culpable de una situación como aquélla porque nunca piensa que podría haber salvado a alguien o no.

XL. Quienes no estuvimos allí, ¿tenemos una idea acertada de lo que fue aquello?
T.B.
Creo que sí y que no. Sí, porque uno puede hacerse una idea gracias al cine. Me cuentan que muchas de estas películas son muy realistas.

XL. Doy por hecho que usted no las ha visto.
T.B.
No, no puedo hacerlo. Pero sé que están ahí y se acercan mucho a lo que fue la realidad.

XL. ¿Qué siente cuando, en su carrera como juez, le ha tocado lidiar con el racismo?
T.B.
Mira, yo soy un optimista convencido [sonríe]. Es un peligro y hay que mantenerse alerta con él. Pero sin dar la impresión de que es más de lo que realmente es.

XL. ¿Y cuando escucha la opinión de los revisionistas o negacionistas, tipo Lepen, negando los seis millones de judíos exterminados?
T.B.
Siempre he tenido la impresión, cuando los escucho, de que tratan de matarnos dos veces [ríe]. A esa gente le encantaría volver a matar a los seis millones de judíos que ya mataron en su día.

XL. ¿Ha vuelto?
T.B.
Sí.

XL. ¿Cuántas veces?
T.B.
Solamente dos. Una vez, en mayo, y aquello no era Auschwitz [sonríe]. Nada que ver con el infierno que yo había conocido. Al contrario, Auschwitz en primavera es un lugar idílico. Con pájaros y flores. Eso no existía cuando estuve yo. Todo era gris. El humo terrible que lo rodeaba todo no aceptaba nada que tuviese que ver con la naturaleza. Allí sólo reinaba la muerte. Regresé años más tarde, en enero, y ahí sí que volví a sentir aquel frío.

David Benedicte

 

 

 


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