Lunes, 24 de marzo de 2008
Publicado por Salazara72 @ 17:01
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El Mar de Encinas. Miguel de Unamuno.

 

 

En este mar de encinas castellano

los siglos resbalaron con sosiego

lejos de las tormentas de la historia,

lejos del sueño.

 

que a otras tierras la vida sacudiera;

sobre este mar de encinas tiende el cielo

su paz engendradora de reposo,

su paz sin tedio.

 

Sobre este mar que guarda en sus entrañas

de toda traición el manadero

esperan una voz de hondo conjuro

largos silencios.

 

Cuando desuella estío la llanura,

cuando la pela el riguroso invierno,

brinda al azul el piélago de encinas

su verde viejo.

 

Como los días, van sus recias hojas

rodando una tras otra al pudridero

y siempre verde el mar, de lo divino

no es espejo.

 

Su perenne verdura es la de la infancia

de nuestra tierra, vieja ya, recuerdo,

de aquella edad en que esperando al hombre

se henchía el seno

 

de regalados frutos. Es su calma

manantial de esperanza eterna eterno.

Cuando aún no nació el hombre él verdecía

mirando al cielo.

 

y le acompaña su verdura grave

tal vez hasta dejarle en el lindero

en que roto ya el viejo, nazca al día

un hombre nuevo.

 

Es su verdura flor de las entrañas

de esta rocosa tierra, toda hueso;

es flor de piedra su verdor perenne

pardo y austero.

 

Es, todo corazón, la noble encina

floración secular del noble suelo

que, todo corazón de firme roca,

brotó del fuego

 

de las entrañas de la madre tierra.

Lustrales aguas le han lavado el pecho

que hacia el desnudo cielo alza desnudo

su verde vello.

 

Y no palpita, aguarda en un respiro

de la bóveda toda el fuerte beso,

a que el cielo y la tierra se confundan

en lazo eterno.

 

Aguarda el día del supremo abrazo

con un respiro poderoso y quieto

mientras, pasando, mensajeras nubes

templan su anhelo.

 

En este mar de encinas castellano

vestido de su pardo verde viejo

que no ceja, del pueblo a que cobija

místico espejo.


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