Viernes, 11 de enero de 2008
Publicado por Salazara72 @ 16:11
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Vida y Destino II de Vasili Grossman

...Pero aquel d?a lleno de movimiento era para ella una imagen borrosa.

Que silencio.

Hablaba con el hijo, recordando los detalles de su vida pasada y el espacio se llenaba de aquellos recuerdos que exist?an s?lo en su conciencia: la voz infantil, los llantos, el frufr? de los libros ilustrados, el tintineo de la cuchara contra el borde del plato blanco, el zumbido de un radiorreceptor de fabricaci?n casera, el crujido de los esqu?s, el chirrido de los toletes en el estanque cerca de la dacha, el susurro del papel del caramelo, la aparici?n inesperada de su carita, las espaldas, el pecho.

Sus l?grimas, sus aflicciones, sus buenas y malas acciones, revividas en la desesperaci?n de Liudmila, continuaban existiendo, emerg?an de la memoria, concretas y tangibles.

No eran recuerdos del pasado los que se hab?an apoderado de ella, sino la agitaci?n de las emociones vividas.

? Qu? pensaba ?l que hac?a, leyendo toda la noche con aquella luz tan mala? ? Acaso quer?a comenzar a llevar gafas tan joven...?

Y ahora yac?a all?, con una ligera camisa de algod?n, descalzo, sinn manta, en aquel lugar donde la tierra estaba completamente g?lida y donde por la noche la helada se recrudec?a.

...El agua de la vida que surg?a de la superficie del hielo y que hac?a emerger a Tolia de las tinieblas, corr?a, desaparec?a; y ahora, aquel mundo que por un instante hab?a roto las cadenas para hacerse ?l mismo realidad, el mundo creado por la desesperaci?nn de una madre, retroced?a. Su desesperaci?n, como si hubiera estado investida de poderes divinos, levant? al teniente de la tumba y cuaj? el dsierto de nuevas estrellas.

En los minutos apenas transcurridos, ?l era el ?nico que estaba vivo y gracias a ?l viv?a todo el resto del mundo.

Pero ni siquiera el vehemente deseo de una madre era suficiente para lograr contener a multidudes ingentes de personas, carreteras y ciudades, mares,, la misma tierra, e impedir que prosiguieran su fren?tica actividad a pesar de la muerte de Tolia.

El amor que sent?a por su hijo era tan fuerte que su muerte no pod?a cambiarlo: para ella, ?l segu?a viviendo.

Estaba fuera de s?, pero nadie se hab?a dado cuenta. Ahora, por f?n, hab?a encontrado a Tolia. Y actuaba como una gata que ha encontrado a su gatito muerto, se elegra y lo lame.

El alma soporta largos sufrimientos durante a?os, a veces incluso d?cadas, hasta que, piedra sobre piedra, erige poco a poco el t?mulo del ser querido y llega a aceptar la perdida irreparable, se resigna a la inevitabilidad de lo que ha pasado.

Todo lo que la rodeaba cada vez se volv?a m?s oscuro, tal vez a causa del insoportable dolor de su alma.

...Era como si estuviera en el fondo de las aguas de un estanque mirando hacia arriba a trav?s de la capa gruesa del aire de bosque, como si las hojas chapotearan, como si los hilos de una telara?a que se hab?an enredado en la estrellita verde de su gorra fueran algas suspendidas en la superficie. Las moscas veloces con grandes cabezas, los mosquitos indolentes y el urogallo abri?ndose paso entre las ramas, como una galliona, parec?an agitar sus alas, pero nunca se elevar?an en lo alto del bosque, as? como los peces nunca se elevar?n m?s all? de la superficie del agua; y si una urraca consigue levantar el vuelo hasta la copa de un ?lamo tembl?n inmediatamente despu?s volver? a sumergirse en las ramas, as? como un pez que por un instante he hecho brillar su flanco plateado al sol se sumergir? r?pidamente en el agua. Y qu? extra?o parece el musgo entre las gotas de roc?o, azules, verdes, que se apagan en los profundidades tenebrosas del bosque.

Era hermoso, despu?s de aquella penumbra silenciosa, salir a un claro iluminado. Todo adquiri? otro aspecto, la tierra c?lida, el olor a enebro calentado por el sol,, el movimiento del aire; hab?a grandes campanillas inclinadas que parec?an fundidas en un metal violeta, y se ve?an los colores de los claveles salvajes con los tallos pegajosos de resina...el alma se vuelve despreocupada, y el claro es como un d?a feliz en una vida miserable. Las mariposas amarillas, los pulidos escarabajos azul oscuro, las hormigas, las serpientes que se mueven ligeramente entre la hierba, no se mueven para s? mismos, sino que todos juntos colaboran en un trabajo com?n.

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