Martes, 01 de enero de 2008
Publicado por Salazara72 @ 13:29
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Patente de corso, por Arturo P?rez-Reverte




Dos chicos y una moto
Es de noche y llueve desde hace unos minutos sobre la sinuosa carretera de Madrid al Escorial. Clap, clap, clap, hacen los limpiaparabrisas mientras conduzco con precauci?n. Es s?bado por la noche, el tr?fico de subida hacia la sierra es intenso, y las gotas de agua y el asfalto mojado reflejan destellos de faros. Al salir de una curva, los m?os iluminan a dos chicos j?venes montados en una motillo. Van inclinados hacia delante bajo la lluvia, con los cascos puestos y pegados al lado derecho de la carretera, mientras los coches pasan cerca, salpic?ndolos con turbonadas de agua. Es zona de urbanizaciones, la moto es peque?a, y al dar la luz larga confirmo que los chicos deben de tener diecisiete o dieciocho a?os y no van equipados para la carretera. Se trata, deduzco, de dos muchachos haciendo un trayecto corto. Seguramente viven en las cercan?as y se dirigen a casa de un amigo, o a uno de los multicines o complejos recreativos pr?ximos. El aguacero los sorprendi? subiendo el puerto, y avanzan lo mejor que pueden, pegado el que va de paquete a la espalda del compa?ero, con la resoluci?n insensata y valerosa de su extrema juventud. Jug?ndose literalmente la vida a las diez de la noche, a oscuras en una carretera, bajo la lluvia, para llegar a tiempo a la cita con los compa?eros de clase, la pandilla de amigos ?palabra m?gica? o el par de chicas con las que est?n citados en la hamburgueser?a o el cine. Y mientras, disponi?ndome a adelantarlos, pongo el intermitente a la izquierda para advertir de su presencia a los coches que vienen detr?s de m?, pienso que no me gustar?a ser hoy la madre o el padre que vieron salir a esos chicos de casa, oyeron el tubo de escape de la moto alej?ndose, y ahora escuchan golpear la lluvia en los cristales.

Sin duda me hago viejo, pienso. Demasiado. Por alguna extra?a raz?n, esos dos muchachos en la motillo, tozudamente inclinados hacia delante bajo la lluvia, me remueven los adentros. Hace demasiado tiempo que dej? atr?s l?neas de sombra y dem?s parafernalia moza; pero a?n recuerdo lo que puede sentirse a lomos de una moto que avanza trazando curvas en la oscuridad, impulsado, como esa pareja de fr?giles jinetes nocturnos, por la amistad, el amor, el deseo de aventura, la irreflexiva osad?a de la juventud firme, arriesgada, segura. Y es noche de s?bado, nada menos. El tiempo que hay por delante est? pre?ado de promesas. No hay lluvia, ni carretera negra, ni turbonadas de agua pulverizada al paso de coches indiferentes que enfr?e el entusiasmo de dos j?venes de diecipocos a?os que cabalgan resueltos a zambullirse expectantes, gozosos, en cuanto los aguarda. En la plena vida. Tal vez, mientras la lluvia azota las viseras bajadas de sus cascos y el agua les empapa cazadoras y pantalones, presienten la m?sica que oir?n dentro de un rato, oyen la risa leal de los amigos, ven ante s? los ojos de muchachas que esta noche los mirar?n a los ojos para confirmarles que el mundo es un lugar maravilloso. Quiz? porque van al encuentro de todo eso los dos chicos siguen adelante sin arredrarse, con su peque?a moto. Son j?venes, sufridos, valientes. Y se creen eternos. Inmortales.

Mientras paso a su lado, adelant?ndolos entre turbonadas de lluvia, los miro de soslayo y les deseo suerte. Ojal?, pareja de imp?vidos pardillos, llegu?is sanos y salvos all? a donde os dirij?is, y el calor de los amigos os seque las ropas mojadas, la piel fr?a y las manos heladas. Que valga la pena lo que est?is pasando. Que la hamburguesa est? en su punto, la cocacola lo bastante fr?a, las palomitas crujan, la pel?cula sea tan buena como os dijeron, la chica sonr?a como esper?is y se deje besar esta noche por fin, o bien os acometa y bese ella, que tanto monta. Que pod?is volver a casa sobre un asfalto seco y con la gasolina suficiente para que la motillo no os deje tirados, y que los padres que ahora miran angustiados el reloj sientan el inmenso alivio de o?r abrirse la puerta de la calle o vuestros pasos en el pasillo al regresar. Que todo eso os pertenezca para siempre, y que esta valerosa determinaci?n, dos muchachos solos en la noche subiendo un puerto peligroso, inclinados tenazmente bajo la lluvia, no os abandone nunca en otras carreteras. Am?n.

Con tales pensamientos termino de adelantar, pongo el intermitente a la derecha y sigo adelante mientras queda atr?s, en el retrovisor, el faro solitario de la peque?a moto. Dos chicos irresponsables, tontos y valientes, me digo perdi?ndolos de vista. Ojal? lleguen a donde van. Ojal? lleguen todos.

Comentarios
Publicado por Invitado
Viernes, 08 de mayo de 2009 | 1:45
Siempre escribe asi, siempre logra que unos extra?os se vuelvan tan entra?ables como ?l.