Viernes, 21 de septiembre de 2007
Publicado por Salazara72 @ 16:35
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"DESTRUCTIVIDAD? Y MANIPULACION
PSICOLOIGICA
5.0 Introducci?n

En la descripci6n de cualquier fen?meno se deben afrontar siempre los obst?culos que supone concretar una definici6n, lo mas ajustada posible, a la que se quiere describir. En el caso de las denominadas ?sectas destructivas?, la dificultad fundamental se halla en la identificaci?n del concepto de ?destructividad? debido a que se pueden encontrar diversas interpretaciones del mismo y, tambi?n, por la dificultad de identificar en la literatura medica y psicol?gica un concepto ajustado a este termino. Corno ya se ha discutido anteriormente, nosotros proponemos la denominaci?n mas precisa, y menos connotada, de ?grupos potenciales generadores de trastornos de la personalidad?.

En este capitulo se ha realizado una aproximaci?n en la cual, a partir del an?lisis de las diversas caracter?sticas comunes a todos estos grupos, se puede llegar a perfilar el sentido que en este casa se puede dar al termino ?destructividad?. Cabe decir, sin embargo, que a pesar de los diferentes grados de ?destructividad? que podemos encontrar en las denominadas "sectas destructivas?, y de las 16gicas matizaciones que es necesario hacer en cada caso, una de las utilidades fundamentales del termino radica en el establecimiento de una diferenciaci?n sustancial respecto a una serie de grupos y organizaciones ? algunas de las cuales son denominadas ?sectas?, pero no ?sectas destructivas? ? en las cuales, con criterios psico1?gicos, no se puede inferir este potencial para sus miembros.


5.1 Nociones sobre el concepto de ?destructividad?

La ?destructividad?, desde un punto de vista psicol?gico, no constituye una entidad cl?nica especifica ni representa un concepto perfectamente delimitado. A grandes rasgos, este fen?meno deber?a ser considerado como un determinado estado mental que puede ser producido por m?ltiples causas (endogenas y ex?genas) y que, al mismo tiempo, puede relacionarse, a nivel cl?nico, con diversos s?ndromes y trastornos mentales que se caracterizan par inhabilitar el normal desarrollo del individuo en todos o en la mayor?a de los ?mbitos de su vida (personal, relacional, social, profesional).

La interpretaci?n del termino en el sentido m?s estricto, presupone la existencia de un cuadro grave desde un punto de vista neuro-psiquiatrico, a pesar de la dificultad que implica el no disponer de un sistema especifico de medida. Para establecerlo se deben analizar diversos indicadores indirectos (capacidades intelectuales, estados an?micos, h?bitos y capacidades de socializaci6n, determinados rasgos fisiol?gicos) y a partir de ellas, y en funci6n de su nivel de alteraci?n, poder inferir un determinado grado de ?destructividad?.

En este mismo sentido, podemos identificar diversos trastornos psiqui?tricos que par su gravedad y par su evoluci?n implican un elevado grado de deterioro de la estructura ps?quica (y a menudo org?nica) de los individuos y que se podr?an englobar en un concepto amplio de ?destructividad?. En este apartado se incluir?an la mayor?a de los grados avanzados de las demencias (American Psyquiatric Asociation, 1987) con la consecuente perdida de las capacidades intelectuales, graves deterioros de la memoria, perdidas de las funciones corticales superiores (pensamiento abstracto, capacidad de juicio, control de impulsos, afasia, apraxia, agnosia) "', modificaciones de la personalidad (individuo activo que presenta apat?a y retraimiento progresivos).

Determinados tipos y grados de trastornos esquizofr?nicos se podr?an incluir tambi?n en este apartado de ?destructividad?, en la medida que inhabilitan al individuo de su funcionamiento aut?nomo.

Por otro lado, es necesario apuntar tambi?n la existencia de conductas auto-lesivas, fruto de determinados trastornos psico16gicos (episodios depresivos mayores, conductas sadomasoquistas, anorexias nerviosas, abusos de substancias...) que determinan una tendencia a la propia ?destructividad? par parte de los individuos que las sufren (auto-agresiones, suicidios, castigos corporales...). Igualmente se dan trastornos en los cuales la ?destructividad? se proyecta al exterior, hacia el entorno del individuo y de sus cong?neres (trastorno de la conducta infrasocializado agresivo con un patr?n repetitivo y persistente de conducta agresiva en el que se violan los derechos de los otros, bien a trav?s de la violencia f?sica o mediante robos que implican un enfrentamiento con la v?ctima; piromania; cuadros paranoicos; trastorno explosivo intermitente en el cual los rasgos esenciales son episodios discretos de perdida de control de los impulsos agresivos que dan lugar a un ataque grave o a una destrucci?n de la propiedad; trastorno antisocial de la personalidad...).

Dejando de lado el ?mbito de lo pato16gico, es interesante observar la potencial capacidad de ?destructividad? del ser humana a trav?s de experimentos corno el cl?sico de Milgram (1974). Este experimento, realizado el ano 1973 en la universidad de Yale, New Haven, en los Estados Unidos (la fase experimental del estudio se llev6 a cabo entre 1960-1963), tenia corno objetivo medir el alcance y los limites de la obediencia para determinar el potencial de la autoridad como fuente de poder. Milgram describe de manera muy gr?fica corno a trav?s de las 6rdenes del experimentador, los sujetos que participaban en la prueba llegaban a dar dosis letales de electricidad a una tercera persona que participaba coma aprendiz en el experimento. No obstante, aunque el experimento no se relaciona directamente con el objeto de nuestro trabajo, se puede establecer un paralelismo con las posibilidades de manipulaci?n y el potencial de ?destructividad? del ser humano.

Continuando en esta misma direcci?n, podr?amos encontrar m?ltiples ejemplos en los cuales seria factible detectar conductas y situaciones relacionadas con diversas formas de ?destructividad? humana. En este sentido, existen trabajos que analizan este aspecto de una manera mucho m?s profunda y que determinan ciertos par?metros que nos pueden servir para comprender algunos de los rasgos b?sicos de nuestro estudio (Forum, 1987). En cualquier caso, dado que nuestro objetivo se centra en evidenciar la ?destructividad? producida a partir de la manipulaci6n psicol?gica que se da en determinados grupos y organizaciones, conviene dejar solo apuntados estos elementos para que sirvan de referente de lo que constituye el n?cleo del estudio.

5.2 Evoluci6n terminol6gica en la literatura psiqui?trica progresi?n hacia ?l termino de ?sectas destructivas?

Aunque en las dos ultimas d?cadas la aplicaci6n y utilizaci?n de los t?rminos ?lavado de cerebro?, ?reforma del pensamiento?, ?persuasi?n coercitiva?, ?control mental? y ?manipulaci?n psicol?gica? en la literatura psiqui?trica, venga marcada par el crecimiento y dinamismo de las denominadas ?sectas destructivas?, es necesario precisar que los primeros casos en que estos t?rminos fueron utilizados hac?an referencia a los m?todos empleados en la Revoluci?n Cultural China, en Corea del Norte y en los campos de adoctrinamiento de la antigua Uni?n Sovi?tica. Este hecho, sin embargo, no significa que los citados procesos constituyeran necesariamente las ?nicas situaciones en las cuales se pod?an aplicar estos conceptos. De hecho, buena parte de las polic?as secretas y de intervenci?n pol?tica en todo el mundo utilizan, y han utilizado, m?todos similares que, ajustados a cada situaci?n concreta y a cada momento hist?rico espec?fico, pueden provocar efectos similares en la estructura psicol?gica de los individuos.

Estos primeros conceptos de reforma del pensamiento y de persuasi?n coercitiva fueron introducidos en la literatura psiqui?trica por Lifton (1961) y Schein (1961), respectivamente, y las situaciones que los han justificado han sido englobadas en lo que otros autores han denominado primera generaci?n de programas de control y de influencia extrema (Ofshe; Singer, 1986).

La diferencia de estos programas de primera generaci?n en relaci?n a lo que los mismos autores han definido como programas de segunda generaci?n, radica en el hecho de que los primeros ten?an un objetivo espec?ficamente pol?tico, incidiendo en un aspecto que para muchas personas resulta bastante perif?rico en relaci?n a su escala de valores; mientras que los programas de reforma del pensamiento de segunda generaci?n, apuntan directamente a los aspectos m?s centrales de la personalidad y de la autoestima de los individuos (Singer; Ofshe, 1990).

Otras diferencias entre ambos programas vienen determinadas por el momento hist?rico en que se producen. Los primeros se dan, sobre todo, desde los a?os treinta hasta mediados de los sesenta; mientras que los segundos destacan a partir de los a?os setenta, aunque unos y otros tengan comienzos e inicias menos precisos. La metodolog?a concreta es tambi?n diferente; los programas de primera generaci?n acostumbraban a llevarse a cabo en situaciones de cautiverio y a partir de sistemas muy bien estructurados; mientras que en los segundos, no se produce esta cautividad objetivable y los m?todos de transformaci?n psicol?gica son mucho m?s sutiles y menos aparentes.

A partir del estudio del impacto sobre los individuos de aquellas primeras experiencias (Segal, 1954 y Stasman; Thaler; Schein, 1956) ha sido posible identificar m?s f?cilmente la problem?tica provocada por las denominadas ?sectas destructivas?. De este modo, muchos de los materiales generados a partir de los trabajos de Lifton, Schein y otros, nos resultan de gran utilidad pr?ctica para explicar y comprender las caracter?sticas de la manipulaci?n psicol?gica y la reforma del pensamiento.

Por lo que respecta espec?ficamente a las denominadas ?sectas destructivas?, a lo largo de los a?os ? y es necesario recordar que estamos hablando de un fen?meno que como tal no tiene m?s de treinta a?os ? se ha ido adaptando tanto la terminolog?a como los conceptos que ?sta implicaba. No obstante, a pesar de la existencia de diferentes t?rminos para definirlas, resulta dif?cil determinar una cronolog?a que permita identificar cu?l ha surgido en primera instancia y cu?les son posteriores, ya que pr?cticamente todos ellos se han empleado simult?neamente. De la misma manera, revisando la bibliograf?a procedente del ?mbito de la salud mental, a menudo se hace dif?cil determinar el momento exacto en que surge un nuevo t?rmino, o en el que se deja de utilizar otro.

A. ?Sectas? o ?cultos?

Es la denominaci?n m?s gen?rica, a pesar de su imprecisi?n, pretende describir a una serie de grupos, con una especial forma de funcionamiento, que se caracterizan por la utilizaci?n de sistemas de captaci?n y adoctrinamiento poco ?ticos.

Autores como Galanter (1980), Levine (1979) y Clark (1979) entre otros, citaban en sus primeros art?culos la acepci?n inglesa ?cult?, que en nuestra lengua ha sido gen?ricamente traducida por ?secta?. En esta misma etapa, se a?ad?an matizaciones al t?rmino ?secta?, introduciendo de manera habitual el concepto de religi?n y religiosidad (?religious cults?) (Rudin; Rudin, 1980).

B. ?Sectas extremistas?, ?Sectas peligrosas?

T?rminos empleados en algunos de los primeros art?culos que hacen referencia a los grupos en los cuales se evidencia la existencia de un sistema de funcionamiento totalitario en el que se utilizan t?cnicas de manipulaci?n psicol?gica (Ash, 1984). Esta expresi?n, pues, ser?a coet?nea con la anterior y su origen se encuentra en las primeras descripciones del ?fen?meno sectario? en la d?cada de los setenta (Enroth, 1977).

C. ?Nuevos movimientos religiosos?

Esta acepci?n tiene especial importancia desde el surgimiento, a principios de los a?os setenta, de nuevos ?grupos sectarios?. En este caso, se trata de organizaciones que, a causa de su apariencia religiosa o de religiosidad, consiguen inicialmente una cierta credibilidad o, como m?nimo, plantean el interrogante o la discusi?n sobre su verdadera naturaleza (The Vatican Report, 1986 y Beckford, 1986).

En el mismo sentido, esta denominaci?n implica, en otros casos, indirectamente, un cierto apoyo por parte de determinados sectores de la sociedad que, identific?ndose como progresistas, manifiestan simpat?a hacia aquello que es nuevo y que se enfrenta con los planteamientos m?s cl?sicos y tradicionales, sin profundizar en la aut?ntica realidad de estas organizaciones.

Por otro lado, sin embargo, ha habido autores que a pesar de hablar de ?Nuevos movimientos religiosos?, como marco de referencia, dejaban muy claro en el contenido de sus exposiciones los aspectos de manipulaci?n inherentes a los grupos a que hac?an referencia (Sullivan, 1984).

D. ?Grupos totalitarios pseudo-religiosos?

Manteniendo a?n la visi?n religiosa o para-religiosa con que buena parte de los ?grupos sectarios? se presentaban, surgi? este t?rmino que destacaba los aspectos de falta de libertad inherentes a todos ellos.

Con la idea del totalitarismo, se realizaba una primera aproximaci?n a una serie de grupos y organizaciones que presentaban, como caracter?stica diferencial, la utilizaci?n de m?todos de persuasi?n coercitiva, tanto en los procesos de captaci?n como en la din?mica de funcionamiento. Una vez m?s, encontramos, de manera predominante en los primeros escritos sobre la materia, referencias al totalitarismo centrado en los aspectos religiosos (Delgado, 1977). Esto es as? debido a que, sobre todo al principio, la forma de presentaci?n m?s com?n de estos grupos fue la religiosa.

E. ?Sectas destructivas?

En la secuencia terminol?gica que estamos presentando, ?ste ser?a hasta ahora el ?ltimo de los t?rminos empleados en la literatura psiqui?trica. En este caso, el aspecto m?s importante es la aparici?n del concepto de ?destructividad? como factor que determina el problema desde un punto de vista psicol?gico. Aunque esta sea en la actualidad la terminolog?a m?s extendida entre los especialistas en la materia, no se trata de nada novedoso ya que Shapiro en el a?o 1977 hablaba en sus escritos de ?sectarismo destructivo? ? ?destructive cultism? ? (Shapiro, 1977).

Concepto de ?secta destructiva?: dejando ahora de lado las definiciones m?s difundidas (por ejemplo, laya citada en el cap?tulo Z, consensuada en Wisconsin en 1985; American Family Foundation, 1985), es necesario remarcar el hecho de que con la precisi?n de ?destructivas?, se pretende realizar una matizaci?n importante a un fen?meno tan plural y l?cito como es el de las sectas en el sentido, y con la neutralidad valoral, que le da la sociolog?a de la religi?n. As?, la connotaci?n negativa s?lo har?a referencia a una subcategor?a de ?sectas?, aquellas que utilizan t?cnicas de manipulaci?n psicol?gica y mecanismos de persuasi?n coercitiva.

El problema, como ya hemos se?alado, surge cuando una vez definido qu? es ?secta destructiva? ? con los problemas que esta definici?n comporta, especialmente para su verificaci?n ? se generalizan los efectos ?destructivos? a todos los miembros que pertenecen a ellas y, dada la indefinici?n real de la categor?a ?secta? tal como ha quedado configurada fuera del ?mbito de la sociolog?a de la religi?n y las dificultades para establecer la diferencia entre ?secta? y ?secta destructiva?, en lugar de aportar una clarificaci?n tipol?gica se ha incrementado la confusi?n. Las caracter?sticas de las denominadas ?sectas destructivas? se han extrapolado por analog?a, a veces sin ning?n fundamento, a todas las sectas (es decir, a todos los grupos que han sido definidos, tambi?n por analog?a, como ?sectas?).

F. ?Grupos potencialmente generadores de trastornos
de la personalidad?
Este t?rmino es el aportado, como nueva propuesta, en este estudio.
El t?rmino recoge la idea b?sica del riesgo que comporta, para la personalidad del individuo, la incorporaci?n a la din?mica de un grupo que utiliza
pr?cticas de persuasi?n coercitiva y de manipulaci?n psicol?gica.

Con este nuevo enfoque, se excluye la utilizaci?n del t?rmino ?secta? y se evita la generalizaci?n de un aspecto que implica una gravedad que no es id?ntica en todos los grupos incluidos en la categor?a de ?sectas destructivas?, ni extrapolable al conjunto de los individuos que pertenecen a cada uno de ellos. Lo que se pretende es categorizar la intensidad de la manipulaci?n adaptando la terminolog?a actual a la realidad de las diferentes organizaciones existentes en la actualidad.

Al mismo tiempo, se concreta m?s lo que en los calificativos anteriores quedaba m?s gen?rico. La ?peligrosidad? o la ?destructividad? se liga as? expl?citamente al trastorno mental, un t?rmino m?s cercano a una constataci?n emp?rica y circunscrito al ?mbito de la salud mental.

Esto no soluciona, sin embargo, toda la problem?tica. La atribuci?n a un determinado grupo del calificativo ?potencialmente generador de trastornos de la personalidad?, deber? basarse en una proclividad intr?nseca que, de hecho, produzca y/o potencie trastornos mentales en los miembros del grupo m?s all? de los casos ocasionales que podr?amos encontrar tambi?n en otros grupos legitimados y no etiquetados.

5.3 T?cnicas de manipulaci?n psicol?gica

Esta relaci?n pretende orientar sobre diversas t?cnicas de manipulaci?n psicol?gica o de control mental. Lo que nos interesa destacar aqu? no son los efectos que provocan por ellas mismas (es necesario tener en cuenta que la mayor?a de estas t?cnicas son en mayor o menor grado empleadas en muchos grupos adecuadamente legitimados) sino los que se derivan de la direccionalidad o la forma de utilizaci?n con que se plantean en los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?.

Adem?s, se debe tener en cuenta el efecto multiplicativo de estas t?cnicas, tanto por la intensidad con que repercuten sobre el individuo como por el efecto potenciador que tienen entre ellas, y que dan como resultado la modificaci?n de la estructura de la personalidad del adepto y su disminuci?n o p?rdida de autonom?a (Zimbardo; Ebbesen, 1977). Igualmente, se produce un continuo en el proceso de la influencia ?sectaria?, que se relaciona, sobre todo, con el sistema propagand?stico empleado o el medio de captaci?n que se aplica, con la capacidad de influencia del grupo o elemento influenciador y con los propios mecanismos de defensa del ne?fito (Langone, 1988).

A. T?cnicas de captaci?n

Se dirigen a despertar el inter?s por lo que el grupo dice representar, dejando entrever una situaci?n id?lica en contraposici?n a un mundo hostil en el cual se presupone inmerso al ne?fito.

Se utiliza el enga?o en relaci?n a los verdaderos objetivos del grupo, la ocultaci?n selectiva de informaci?n, la exaltaci?n de determinados aspectos del nuevo reclutado (virtudes, atributos), a la vez que se le hacen sentir diversas necesidades que no hab?a manifestado anteriormente. Estas necesidades se van despertando en el adepto como consecuencia de la influencia del grupo, que sabe c?mo provocarlas a partir de informaciones que el nuevo reclutado entrega a sus dirigentes y compa?eros sin darse cuenta de su posterior utilizaci?n. En la mayor parte de las ocasiones, se trata de necesidades de dedicaci?n al grupo que implican, al mismo tiempo, el abandono de otras tareas que realizaba anteriormente. Estas nuevas orientaciones se fundamentan en los aspectos doctrinales canalizados a trav?s de las directrices ideol?gicas del ?grupo potencialmente generador de trastornos de la personalidad?.

En esta fase se utiliza la presi?n de grupo, la atracci?n personal (empat?a, atracci?n sexual) y diversas t?cnicas de venta adaptadas a cada ?producto?. Se trata de una fase preparatoria para la posterior manipulaci?n de la cual ser? objeto el individuo, haciendo que ?ste, si presentaba resistencias iniciales, vaya ?bajando la guardia? con lo cual disminuir?n sus mecanismos de defensa dejando v?a libre a la manipulaci?n.

B. T?cnicas de adoctrinamiento y de conversi?n

Partiendo del inter?s y la predisposici?n generadas en el ne?fito, estas t?cnicas se dirigen a realizar una sustituci?n, lo m?s amplia posible, de los elementos que constituyen los diversos aspectos de la vida del individuo (West, 1989).

La mayor parte de estas t?cnicas son las que vienen descritas en el subapartado de los factores ?potencialmente destructivos de la personalidad?. Asimismo, previamente, al analizar los ?factores de riesgo? se citan las condiciones que m?s pueden contribuir en mayor medida al ?xito de esta transformaci?n (v?ase el apartado 5.5 de este cap?tulo).

C. T?cnicas de retenci?n

Son t?cnicas centradas en el temor, la permanente sensaci?n de amenaza y de indefensi?n, la culpabilidad, y el aislamiento (sobre todo mental) de lo que es externo al grupo. Su objetivo b?sico es tratar de impedir que el adepto abandone el grupo.

Estos aspectos son inherentes a determinados matices doctrinales as? como a la especial relaci?n de interdependencia entre los miembros del grupo y entre ?stos y sus dirigentes. Estos aspectos, al mismo tiempo, han de acompa?arse del rechazo y el alejamiento de los opositores externos.

5.4 La ?destructividad? en los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?

Como ha sido ya descrito, el t?rmino ?destructividad? aplicado a grupos considerados como ?potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?, hace referencia al impacto, sobre la personalidad de sus miembros, de diversas t?cnicas de manipulaci?n psicol?gica empleadas de manera sistem?tica e intensiva.

La consideraci?n de la inclusi?n de un determinado grupo en esta categor?a parte del trabajo conjunto de profesionales de la salud mental, entidades especializadas en el tema, datos aportados por ex-miembros, investigaciones de periodistas, trabajadores sociales, soci?logos, antrop?logos y otros profesionales, e informes de determinados gobiernos (v?ase, entre otros, Vivien, 1985; Cottrell, 1983; Cultics Studies Journal, 1989; Comisi?n de Estudio del Congreso de los Diputados, 1989).

Las repercusiones en la personalidad de los individuos han sido calificadas de ?destructivas? en los ?mbitos mencionados, cuando se han
evidenciado alteraciones en ?reas de la conducta (estados disf?ricos, d?-
TOTEMISMO Y VORACIDAD

ficits de maduraci?n, disfunciones caracteriales...), alteraciones de la memoria, d?ficits en los procesos de razonamiento l?gico y anal?tico, alteraciones fisiol?gicas (amenorreas en las mujeres, desnutriciones y estados caqu?cticos, metabolopat?as...), d?ficits intelectuales y presencia de cuadros psiqui?tricos de diferentes tipolog?as e intensidades, no explicadas por otras causas ni manifestadas antes de entrar en un grupo determinado. Contribuye a la identificaci?n de una causa com?n de ?trastornos de la personalidad?, el hecho que estos trastornos est?n presentes en la mayor?a de las personas de la misma organizaci?n y sean comunes a los miembros de otras organizaciones con din?micas similares.

Algunas de estas alteraciones han sido identificadas con demostraciones neuro fisiol?gicas basadas en el funcionamiento neuronal a trav?s de las sinapsis nerviosas de la estructura cerebral de los individuos. As?, la supresi?n o la selecci?n predeterminada de informaci?n provoca restricciones celulares que lesionan aspectos de la memoria y de la capacidad neuronal de organizaci?n y utilizaci?n de la informaci?n por parte de los afectados (Schultz, 1965). Estos efectos, adem?s de haber sido demostrados en ?mbitos ajenos al que nos ocupa, han sido tambi?n evidenciados de manera espec?fica en experimentos llevados a cabo con miembros de algunos de estos grupos (Winocur; Weathers, 1990).

Siguiendo en el ?mbito de la informaci?n, recordamos en este punto que autores como Conway y Siegelman (1982) han identificado el trastorno provocado por los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?, como enfermedad de la informaci?n; el suministro de un exceso de datos en un breve espacio de tiempo o el sometimiento a situaciones de hiperestimulaci?n sensorial, como se produce en determinadas sesiones de buena parte de los grupos que se estudian, provoca tambi?n alteraciones bioqu?micas que repercuten negativamente en la estructura neurofisiol?gica de los individuos (Appel, 1983).

Como se puede ver, en relaci?n a estos trastornos, se evidencia la necesidad de matizar el concepto y su interpretaci?n, as? como el hecho de que es necesario realizar una aproximaci?n desde diversos ?mbitos relacionados con las ciencias m?dicas y la psicolog?a. En este sentido, la f?rmula que se ha considerado m?s adecuada consiste en la valoraci?n de grados e intensidades en una escala, que si bien no puede ser definida de manera estricta, s? que nos ha de permitir realizar una aproximaci?n sobre la magnitud y el potencial de afectaci?n producido por el impacto de diversas t?cnicas de manipulaci?n, persuasi?n y control.

De la misma manera, los casos en los cuales se podr?a hablar de ?anulaci?n total de la personalidad? (anulaci?n completa de las capacidades racionales del individuo, equivalentes a la sumisi?n a un estado comatoso) o de inducci?n a la ?autodestrucci?n f?sica? de la persona ? seg?n hemos comentado anteriormente ?, constituir?an m?s una excepci?n, probablemente explicada por un sistema multifactorial (grupo especialmente cerrado y con una intensa din?mica de manipulaci?n, estancia muy larga en la organizaci?n, trastornos psicol?gicos ya presentes en el individuo o desarrollados por otras causas complementar?as ala presi?n o manipulaci?n del grupo...), que la realidad mayoritaria del fen?meno objeto de estudio.

Asimismo, es necesario matizar el aspecto de reversibilidad del trastorno. En este caso, a diferencia de otras alteraciones cerebrales de origen org?nico con deterioro celular o de procedencia infecciosa, crom?sica o traum?tica, los cuadros provocados por las t?cnicas de manipulaci?n, persuasi?n y control pueden revertir, en la mayor?a de los casos, a partir de la desaparici?n de la influencia del grupo ayudado, a veces, por un proceso psicoterap?utico de refuerzo (Singer, 1979). Adem?s, hay que destacar la baja frecuencia de casos con secuelas posteriores entre los que han llevado a cabo un buen proceso de recuperaci?n.

5.5 Coincidencia de factores que pueden contribuir a la aparici?n de ?trastornos de la personalidad?

Como se acaba de comentar, aunque se pueda definir un espacio m?s o menos amplio en el cual situar a los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad? en funci?n de las repercusiones sobre el individuo de su propia din?mica grupal, del tipo y la intensidad de las t?cnicas de control psicol?gico que utilizan y de la situaci?n espec?fica del adepto en el grupo, es importante detallar los elementos que m?s pueden contribuir a producir alteraciones o trastornos psicopatol?gicos.

En la escala que se define en este apartado encontraremos, tanto en el nivel superior como en el inferior (m?xima y m?nima coincidencia de elementos y m?xima y m?nima intensidades de cada uno de los factores considerados), otras situaciones que si bien no han sido calificadas de ?potencialmente generadoras de trastornos de la personalidad?, s? que pueden presentar caracter?sticas muy cercanas.

Se plantea, pues, una clasificaci?n que toma en consideraci?n aquellos elementos fundamentales que potencialmente pueden llegar a producir trastornos de la personalidad y de la estructura psico-afectiva del individuo. En esta clasificaci?n no se presupone que ninguno de los aspectos escogidos tenga una mayor influencia que los otros respecto al riesgo de una progresiva desestructuraci?n de la personalidad.

En la base de todo el proceso, encontramos el enga?o inicial al cual es sometido el ne?fito, que desconoce el alcance real del fen?meno. Este factor es fundamental como condicionante del potencial trastorno porque posibilita la aplicaci?n de las t?cnicas de manipulaci?n psicol?gica. En la medida en que existe un desconocimiento, tanto de las caracter?sticas como de los m?todos y los objetivos ?ltimos del grupo, la persona que establece el contacto por primera vez no dispone de informaci?n suficiente como para hacerse su propia composici?n de lugar, evaluando y decidiendo con conocimiento de causa sobre la nueva situaci?n que se le plantea.

Factores de riesgo o de vulnerabilidad

En cualquier situaci?n, y de manera espec?fica en las dependencias, se determinan una serie de ?factores de riesgo? que hacen al individuo especialmente vulnerable. En el caso de la manipulaci?n psicol?gica y sus posteriores consecuencias, destacamos a continuaci?n algunos de los factores detectados, con mayor frecuencia, entre los adeptos y los ex-adeptos de buena parte de los grupos que se estudian y que coinciden al mismo tiempo con los condicionantes previos que m?s favorecen este tipo de situaciones.

Situaci?n de crisis personal

Son aquellos estados en los cuales se presenta una mayor vulnerabilidad para cualquier dependencia y que esencialmente vienen definidos por situaciones estresantes en la esfera familiar (sistemas familiares disfuncionales), profesional, laboral y afectiva. Este es en esencia un ?mbito muy amplio por el cual pasan la mayor?a de las personas en alg?n momento de su vida. La m?xima frecuencia, sin embargo, se observa entre los adolescentes y adultos j?venes, en la medida en que se encuentran en una etapa dif?cil de maduraci?n y de cambio.

Estructura patol?gica o pre-patol?gica de la personalidad

Caracterizada, sobre todo, por trastornos histri?nicos, personalidades ?border-lines?, trastornos paranoides de la personalidad y personalidades pasivo-dependientes.

Entre las personalidades dependientes es necesario destacar los siguientes aspectos, seg?n la clasificaci?n de factores de vulnerabilidad propuesta por Asch (1985) :

a) Falta de direcci?n o de propuestas internas (ego-ideal) : el individuo se encuentra buscando el significado de su existencia con una ausencia nootoria de referentes que le permitan discriminar entre opciones diversas. Estos estados suelen relacionarse con carencias en los sistemas familiares de origen.

b) Carencia de un autocontrol adecuado (super-yo) : hace referencia
a las teor?as regresionistas atribuidas a las conversiones sectarias,
en el sentido que las ?poderosas fuentes de control de la secta,
compensar?an la ausencia de control interno del individuo?
(Schwartz, 1981).

c) Baja tolerancia a la ambig?edad: en este punto la literatura especia-
lizada hace referencia a los individuos que buscan una promesa
instant?nea, por parte de las ?sectas?, con respuestas simplistas de
?blanco o negro? (Cox, 1977).

d) Susceptibilidad para alcanzar estados de trance a causa de las difi-
cultades para establecer diferenciaciones entre el propio yo y un
marco de referencia. Se tratar?a de los casos de individuos f?cil-
mente influenciables que pueden alcanzar estados hipn?ticos o de
trance. Ser?an, pues, personas que asumir?an como propias las di-
rectrices y los mensajes recibidos bajo los efectos de estos estados
alterados de conciencia.

Personalidades buscadoras

Se trata de personas sin alteraciones consideradas como patol?gicas, que presentan como rasgo caracter?stico inter?s por buscar constantemente, opciones de tipo filos?fico, esot?rico, m?stico-religioso, cultural, etc., y que, ocasionalmente, pueden topar con una oferta ?sectaria?. Algunos de los factores de las personas que englobar?amos en este apartado, las que denominar?amos como ?excesivamente inquietas o inestables con dificultades para discriminar entre diversas opciones?, son comunes con determinados aspectos de la anterior clasificaci?n de Asch (1985).

Edad

El mayor riesgo de captaci?n acostumbra a producirse entre los 20 y los 25 a?os, cosa que no impide que personas de edades m?s avanzadas puedan tambi?n ser captadas. La media de edad en los casos tratados en el centro terap?utico CROAS, se ha situado en los 26 a?os. Estas personas hab?an entrado en el grupo, por t?rmino medio, unos tres a?os antes de que la familia solicitara asistencia profesional.


Relaci?n de factores potencialmente generadores de trastornos de la personalidad

Para la adecuada interpretaci?n de este subapartado, es necesario expresar, primeramente, algunas consideraciones: los factores expuestos tienen un efecto multiplicativo entre ellos, m?s que aditivo; la relaci?n de factores hace referencia a hechos evidenciables en el funcionamiento de los grupos; en cada uno de ellos se dan unos m?ximos y unos m?nimos de intensidad, que vienen desglosados a trav?s de los diversos puntos que se incluyen.

Adoctrinamiento en la idea de que lo de dentro
es bueno y lo de fuera malo
Este factor incrementa los rasgos paranoides de la personalidad, pro-
vocando un temor creciente hacia todo aquello que es externo y reforzando
el aislamiento (mental, ?ideol?gico?) del grupo. En cierta manera, se podr?a
establecer un s?mil con el hospitalismo psiqui?trico, en el cual, el paciente,
despu?s de un largo per?odo de ingreso hospitalario, presenta temores y
dificultades para salir al exterior y valerse por s? mismo. Fruto de esta din?mica
es la p?rdida de confianza en todo aquello que no tenga el visto bueno del
grupo, hecho que tambi?n es influido por la visi?n negativa que se da de la
realidad externa. Los mensajes de que se nutre esta situaci?n son inherentes
a la doctrina y se introducen a trav?s de diferentes sesiones, en funci?n de
las pr?cticas del grupo (lecturas, meditaciones, confesiones, plegarias, cla-
ses....). El resultado que se acaba observando es la progresiva disminuci?n
de las capacidades cr?ticas y anal?ticas del adepto.

Los aspectos de ciencia sagrada o de sacralidad cient?fica que suelen encontrarse en las argumentaciones de lo que plantean buena parte de los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?, pretenden demostrar que lo que defienden ha sido cient?ficamente demostrado (sin especificar de qu? manera), siendo por tanto irrefutable.

Control de las relaciones de los individuos
con el mundo exterior al grupo
Se caracteriza por todo aquello que, de manera m?s directa o sutil, se
relaciona con el control del entorno del individuo. El caso extremo consiste
en el control total, tanto de las relaciones personales como del acceso a
cualquier fuente de informaci?n no programada o controlada por el grupo.
El resultado de esta situaci?n act?a en detrimento de la evoluci?n intelec-
tual y racional del sujeto.

Se observa, tanto en este punto como en todos los otros, que los casos m?s extremos de control ambiental, relacionados habitualmente con grupos que utilizan modelos de vida comunitaria, son cada vez menos representativos de la realidad del fen?meno que estamos estudiando. Por este motivo, se presentan diversos elementos que es necesario evaluar espec?ficamente:

a) Prohibici?n (normalmente formulada de forma sutil) de acceder a
fuentes de informaci?n externas a las del grupo o a las legitimadas
por ?l, poniendo un especial ?nfasis en lo que respecta a medios de
comunicaci?n.
Un grado inferior de intensidad viene dado por la misma limitaci?n
que en el caso anterior, pero presentada en t?rminos de recomen-
daci?n, bien sea directamente en los planteamientos doctrinales,
bien mediante determinadas normativas que se derivan de ellos.

b) Reinterpretaci?n, a partir de los principios doctrinales del grupo,
de cualquier informaci?n de una cierta trascendencia sin que se den
evidencias objetivas que sustenten sus planteamientos.

c) Relaci?n de lecturas expresamente prohibidas (libros, art?culos,
autores...) a los miembros del grupo, normalmente bajo el argu-
mento de que son perjudiciales para el esp?ritu del adepto, dado
que contienen planteamientos err?neos o desviados. A un nivel
inferior se produce la no recomendaci?n de lecturas o escritos
en t?rminos m?s generales y sin entrar en una normativa de
prohibici?n expl?cita.

d) Desalentar la asistencia a la universidad o a centros de formaci?n
equivalentes, bajo el planteamiento de que en ellos se explican
materias poco ?tiles y que se dan datos contrar?as a la doctrina del
grupo y a su interpretaci?n de la realidad (con lo que se presupone
que son err?neos).

e) Prohibici?n expl?cita de mantener relaciones con personas que no
acepten la postura del ne?fito o adepto (resulta poco habitual que
se presente de manera tan clara) ; a un nivel inferior, recomendaci?n
de restringir las relaciones y contactos con aquellas personas cr?ti-
cas con el grupo (habitualmente, familiares, amigos y compa?eros).
Este aspecto, se centra esencialmente en aquellas personas m?s
cercanas al individuo, que manifiestan una postura cr?tica en re-
laci?n a la pertenencia de la persona al grupo, as? como respecto a
sus m?todos y caracter?sticas. Con ellos, se provoca el enfrenta-
miento con familiares y personas cercanas, reduciendo la afecti-
vidad y el apoyo externos.

f) Concienciaci?n de la necesidad de que los contactos y las rela-
ciones del adepto, tanto las que se realicen despu?s de la adscripci?n
al grupo como las anteriores, tiendan a coincidir con los plan-
teamientos grupales. La relaci?n de la persona del grupo con los de
fuera viene mediatizada por los mensajes de ?ste.

g) Inducci?n a la ruptura de las relaciones de pareja establecidas
antes de la incorporaci?n al grupo y ofrecimiento (m?s o menos
evidente) de una nueva relaci?n pautada desde las directrices de
la organizaci?n.

Control de la conducta

Evita toda autonom?a personal que pueda contradecir las intenciones del grupo, cosa que merma la autoconfianza del sujeto. Se da, en definitiva, un proceso progresivo de degradaci?n del sistema de valores y de creencias individuales que pasan a supeditarse a la voluntad superior del yo grupal.

a) Restricci?n f?sica de la posibilidad de moverse libremente en fun-
ci?n de aquello que m?s le interesa, sin el permiso (manifiesto o no)
del l?der o dirigente. Retenci?n de la documentaci?n, impidiendo
que el miembro del grupo pueda marcharse del lugar o lugares que
le son asignados.

b) Dar cuenta de todo lo que se hace, relacionado con una actividad
que programa y controla hasta los detalles m?s ?ntimos de la vida
personal.

c) Sometimiento a sesiones continuadas o peri?dicas que implican la
pr?ctica de determinados ejercicios de relajaci?n, meditaci?n y que
se relacionan directamente con la b?squeda de soluciones, alterna-
tivas y normas del propio grupo.

d) Desalentar la realizaci?n o mantenimiento de las actividades pro-
fesionales, l?dicas, de formaci?n, etc. que se realizaban con anteri-
oridad a la incorporaci?n al grupo.

e) Reconversi?n y selecci?n de las actividades que el individuo lle-
vaba a cabo con anterioridad, canaliz?ndolas hacia los objetivos e
intereses propios del grupo (por ejemplo, aportando el sueldo al
grupo, en un porcentaje o en su totalidad). No se pretende el total
abandono de las actividades habituales sino una sustituci?n en la
escala de valores.

f) Control del vestido, lenguaje, expresi?n, como factores que
generan identidad con el grupo y desidentificaci?n con uno
mismo (despersonalizaci?n).

g) Control de la educaci?n infantil por parte del grupo, al margen de
la normativa de ense?anza del pa?s correspondiente, impidiendo al
mismo tiempo la relaci?n de los ni?os con otros ni?os que no
pertenecen a la organizaci?n.

Control fisiol?gico

Este aspecto se dirige a minar elementos b?sicos de la homeostasis del sujeto para someterlo m?s f?cilmente.

a) Alteraci?n de los ritmos fisiol?gicos del sue?o (dormir menos cuan-
titativa y/o cualitativamente de lo que el organismo necesita para su
descanso) de manera continuada y como norma de funcionamiento
del grupo, consecuencia de su propia din?mica y argumentado desde
la doctrina.
Modificaci?n de las fases habituales del sue?o, disminuyendo los
per?odos REM que son los que permiten la recuperaci?n, el descan-
so cerebral y el mantenimiento de las capacidades racionales e
intelectivas. Estas situaciones, pueden provocar adem?s diversos
cuadros alucinatorios y delirantes.

b) Alteraciones diet?ticas. Utilizaci?n sistem?tica de dietas pobres
en contenidos proteicos y ricas en hidratos de carbono, descompen-
sadas desde un punto de vista diet?tico y que se dirigen a obtener
un m?s alto nivel de actividad f?sica en detrimento de las capacidades
m?s racionales e intelectivas. Esta situaci?n se puede producir
tanto en comunidades donde conviven las personas del grupo
como en personas que no conviven f?sicamente, pero que siguen las
mismas normas.

c) Control de las pautas y la conducta sexual del individuo, que puede
oscilar desde la castidad celibataria hasta la total promiscuidad.
Otra caracter?stica de este apartado, que tiene muchas matizaciones,
viene dada por el hecho de no mantenerse estrictamente siempre en
la misma postura ?ideol?gica? en relaci?n a la sexualidad, sino que
en funci?n de las directrices marcadas por los dirigentes se puede
ir variando el criterio y la intensidad del control, con la correspon-
diente argumentaci?n doctrinal (pasar del amor libre a las restric-
ciones sexuales o modificaciones de los propios patrones de con-
ducta horno o heterosexual).

d) Utilizaci?n de determinados ejercicios f?sicos y de control de los ritmos respiratorios (sesiones de hiperventilaci?n, determinadas relajaciones, etc.) que provocan alteraciones fisiol?gicas (modificaciones del PH, modificaciones en la oxigenaci?n celular) y que pueden ser utilizadas como factores favorecedores de la manipulaci?n, en la medida que alteran los ritmos cerebrales y el funcionamiento global del organismo.

Estructura totalitaria del grupo
pretende imposibilitar la autonom?a personal e impedir la libre elec-
ci?n respecto al grupo y sus mandatos.

a) Jerarqu?a muy estricta en la cual todo se rige por el principio del
acatamiento a las ?rdenes del l?der o l?deres, menospreciando y
subyugando a los individuos de la base. Negaci?n de la posibilidad
de plantear determinadas interrogantes relacionadas con aspectos
concretos del funcionamiento o la doctrina del grupo.

b) Culto a la personalidad del l?der, con lo cual se potencia la tenden-
cia a la dependencia infantil (deciden por el individuo). En este
punto, los rasgos caracter?sticos de los l?deres de estos grupos,
coincidir?an con los de una estructura paranoide de la personalidad
o la presencia de trastornos paranoicos manifiestos. Estas situa-
ciones implican que se trata de personas inteligentes, con un gran
poder carism?tico, un marcado egocentrismo y la presencia de
trastornos narcisistas de la personalidad; factores todos ellos que
comportan una gran capacidad de atracci?n que posibilita el
sometimiento de los captados a su voluntad.

Existir?a tambi?n otro tipo de l?der que, sin presentar esta estructura
paranoide, utiliza al grupo como un modus vivendi, se tratar?a
del cl?sico ?vividor? que fundamenta su existencia en la explo-
taci?n y el aprovechamiento del trabajo de los otros. Ambos
?modelos de l?deres? se encuentran muchas veces estrechamente
interrelacionados, siendo a menudo el producto final un resultado
de ambas componentes.
c) Irracionalidad de la doctrina. La raz?n ?ltima y la referencia doctri-
nal recae en el l?der, cosa que se acompa?a de una extremada rigi-
dez, severidad e incoherencia de las normas que son modificadas a
voluntad de los dirigentes.

d) Aleatoriedad del premio y del castigo modificados seg?n el criterio
personal del l?der o l?deres, con las l?gicas repercusiones que esto
tiene sobre el adepto que ya no sabe qu? es lo correcto y qu? lo
err?neo, y que se ha de someter, por tanto, a las instrucciones de sus
dirigentes, incluso para los detalles m?s ?ntimos de su vida.

e) Utilizaci?n gradual y premeditada de t?cnicas enga?osas con el
objeto de someterlo e impedir la elecci?n de los v?nculos del indi-
viduo y coartar su capacidad de decisi?n (t?cnicas regresivas). A
partir de las situaciones provocadas por el efecto de estas t?cnicas,
se genera en el adepto un progresivo estado de autoinseguridad y de
falta de confianza en s? mismo.

f) Aplicaci?n de castigos f?sicos a las personas que no cumplen el principio de autoridad marcado por los dirigentes. Este ser?a el extremo m?ximo en el ?mbito de la represi?n existente en estos grupos, que aunque no es extensible a la totalidad de ellos, a?n se da en determinadas ocasiones.

Aplicaci?n de castigos psicol?gicos basados en el aislamiento o en el rechazo por parte de los dirigentes y de los otros miembros del grupo, o la potenciaci?n del sentimiento de culpabilidad a partir de determinados mensajes orientados en este sentido. La intensidad con que se produce esta presi?n hace que el adepto lo viva de manera tan angustiosa que llega a provocar casos consumados de suicidios.

g) El culto a la confesi?n constituye otro sistema de control de probada
eficacia, en la medida que mantiene a los adeptos bajo la obligato-
riedad de exponer ante el l?der y los compa?eros sus actuaciones
y ?pensamientos err?neos?. Esta situaci?n provoca un gran nivel
de estr?s en el adepto, dado que debe llegar a evitar, incluso en el
plano de las ideas, todo aquello que suponga una desviaci?n de
las pautas fijadas.

h) Explotaci?n laboral en el trabajo por parte del grupo, caracterizada por: falta de remuneraci?n econ?mica y de promoci?n personal o profesional; ausencia de prestaciones sanitarias y de seguridad laboral de ning?n tipo; jornadas muy prolongadas, sin gozar de los descansos necesarios y de los per?odos de vacaciones pertinentes.

Manipulaci?n del lenguaje

Se centra en la utilizaci?n de un lenguaje espec?fico, que puede basarse tanto en la utilizaci?n de terminolog?a propia, no reconocible por terceras personas (palabras que s?lo se utilizan entre los miembros del grupo), como en reinterpretaciones de t?rminos com?nmente utilizados en el lenguaje diario que para los adeptos adquieren un nuevo significado.

Esta t?cnica de manipulaci?n psicol?gica genera un fuerte sentimiento de exclusivismo y de superioridad por parte de los miembros del grupo, ya que contribuye a potenciar la figura del yo grupal como sistema ?ltimo de referencia.

5.6 Trastornos mentales provocados por los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?

Las situaciones mencionadas en el apartado anterior, con las matizaciones que ya se han hecho, determinan la aparici?n de una serie de trastornos mentales en los adeptos, que han sido recogidas por diversos autores desde los inicias de la identificaci?n del fen?meno. Algunas de las primeras referencias las encontramos en Deutsch (1975), Galper (1976), Clark (1977) y Singer (1979) que, en sus respectivas consultas, comenzaron a observar los efectos producidos por las t?cnicas de control mental de los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?, en algunos de sus pacientes.

A partir de estas referencias iniciales se empieza a hablar de un nuevo s?ndrome cl?nico que ?stos y otros autores relacionan directamente con la pertenencia a estos grupos. Entre los s?ntomas descritos, destacan: los cambios bruscos, o m?s progresivos, en la personalidad de los adeptos con fuertes sentimientos de culpa y de miedo; presencia de estados alterados de conciencia; disminuciones en la calidad de las relaciones familiares y extra-grupales; sensaciones de incertidumbre, duda y angustia; falta de autoconfianza; visi?n paranoica del mundo exterior. Todas estas alteraciones se ir?n repitiendo y ampliando en art?culos y documentos de posterior publicaci?n (Markowiz, 1983; Goldberg, 1982; Hochman, 1984).

El reconocimiento definitivo del trastorno como tal viene expresado por su aparici?n en el manual diagn?stico y estad?stico de los trastornos mentales, publicado por la Asociaci?n Americana de Psiquiatr?a; el DSM III, que en la edici?n del a?o 1980 incorporaba ya, en el apartado de los trastornos disociativos, el trastorno disociativo at?pico como alteraci?n provocada, adem?s de por otras causas, por la pertenencia a una ?secta? (no se introduce el matiz de ?secta destructiva?).

Con este referente queda abierta, entonces, una v?a diagn?stica en la cual se pueden aglutinar diversos signos y s?ntomas comunes a muchas de las personas que pasan por una experiencia ?sectaria?. Globalmente, este trastorno implica que, como consecuencia de las diversas t?cnicas mencionadas anteriormente, se vaya generando en el adepto una nueva personalidad que entra en competencia con su personalidad anterior, situaci?n que explicar?a el concepto de disociaci?n. El hecho, pues, de que ambas personalidades convivan en un mismo individuo provoca las reacciones de familiares y amigos del adepto que observan como se ha producido una, para ellos inexplicable, transformaci?n de su manera de comportarse. Esta transformaci?n determina que, en ocasiones, no lo reconozcan dado que ?parece un extra?o, es como si fuera otra persona? ; y en cambio, en otras situaciones ?sea la misma persona de siempre?.

A pesar de la existencia de esta categor?a diagn?stica, es necesario profundizar de manera m?s espec?fica en diversos aspectos. Estos aspectos contribuyen a caracterizar las alteraciones que se producen como consecuencia de la manipulaci?n psicol?gica ejercida en el seno de los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?.

En esta l?nea, es necesario diferenciar las alteraciones generadas durante la estancia en el grupo, como consecuencia directa de las t?cnicas de control mental, de los efectos observados cuando los adeptos lo abandonan. En la primera situaci?n, se observa, sobre todo, una radical transformaci?n de la personalidad, acompa?ada de los s?ntomas mencionados anteriormente y caracterizada, en buena medida, por esta disociaci?n entre la personalidad previa y la implantada por el grupo. Es importante en este punto remitirse a lo ya tratado en el apartado de los factores de especial vulnerabilidad, ya que es necesario aclarar que, aunque existan determinadas situaciones que favorecen estos estados, no se trata por regla general de personas con patolog?as previas a su incorporaci?n al grupo. Estos s?ntomas dan lugar a lo que West ha definido como s?ndrome de adoctrinamiento sectario (West, 1988).

En cuanto a los trastornos ?post-grupo?, la propuesta realizada por Singer y Ofshe (1986; 1990) resulta de utilidad porque establece los dos grandes grupos de alteraciones m?s com?nmente observados en los ex-adeptos. En el primer grupo, se incluye lo que denominan reacci?n mayoritaria que viene determinada por el estado an?mico y mental en que se encuentran habitualmente los adeptos cuando dejan los grupos. Se habla aqu? de diversos grados de anomia en el sentido que el individuo se siente desidentificado y extra?o con el mundo externo al grupo, ?como si se tratara de un inmigrante en una nueva cultura?. Es un proceso en el cual la adaptaci?n a la vida aut?noma sin el grupo le resulta especialmente dolorosa.

En el segundo grupo de alteraciones de esta clasificaci?n se mencionan las psicopatolog?as m?s frecuentemente encontradas en los adeptos, como consecuencia de su pertenencia a los grupos ?potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?:

1) La Psicosis Reactiva Esquizoafectiva: viene determinada por la aparici?n de episodios psic?ticos de duraci?n variable (de 1 a 5 meses, pero que pueden durar hasta un a?o o incluso m?s tiempo), que aparecen en personas sin una historia personal ni familiar previa de trastornos mentales o en personas con familiares que han presentado desordenes previos.

2) Los Trastornos Pos Traum?ticos por Estr?s: tal como est?n descritos en el DSM-III-R (American Psychiatric Asociation, 1987), secci?n 309.89, vienen determinados por la aparici?n de alteraciones de la conducta como consecuencia de una experiencia altamente disonante para el individuo.

3) Los Trastornos Disociativos At?picos: seg?n se acaba de comentar, describen la convivencia de dos personalidades en un mismo individuo. En el caso de los grupos que estamos considerando, esta duplicidad estar?a constituida por la personalidad implantada por el grupo, mediante las t?cnicas de manipulaci?n psicol?gica, y por la que ten?a antes de ser ?captado?.

4) La Ansiedad Inducida por Relajaci?n (Heide,1984) : constituye una forma de ansiedad producida por determinadas pr?cticas de relajaci?n y meditaci?n, habituales en un sector importante de estos grupos.

5) Las Reacciones Miscel?neas: como ?ltimo apartado de esta clasificaci?n, incluyen d?ficits cognitivos del orden de dificultades de concentraci?n, incapacidad para mantener la atenci?n, d?ficits de la memoria (sobre todo de los acontecimientos m?s recientes), automutilaciones, fobias, suicidio y homicidio; y factores psicol?gicos con consecuencias org?nicas, como infartos de miocardio, angor, muertes s?bitas, ulcus p?pticos recurrentes, asma, etc.

Desde el punto de vista diagn?stico, resulta tambi?n de inter?s la aproximaci?n realizada por Sirkin y Wynne (1990) porque consideran que el cuadro psicol?gico provocado por los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?, deber?a definirse como trastorno relacional, tal y como se describe en el DSM-III-R. Las alteraciones incluidas en esta categor?a diagn?stica, hacen referencia, sobre todo, a los trastornos provocados entre los miembros de una familia. No obstante, seg?n Sirkin, es ?til su consideraci?n en los casos de trastornos relacionales externos al n?cleo familiar. En nuestro caso, lo que se eval?a es la calidad de la relaci?n entre el adepto y el grupo, determin?ndose en la mayor?a de los casos una seria dificultad del adepto, para desenvolverse independientemente de las directrices marcadas por el grupo. Los individuos que son incapaces de mantenerse mentalmente separados del grupo y que parecen incapaces de evaluar su conducta o sus sentimientos de manera independiente a la doctrina o a las ?rdenes del grupo sufrir?an, pues, un trastorno relacional.

5.7 Consideraciones finales

A. Asumiendo la dificultad de precisar el concepto de la ?destructividad? en los ?grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad?, es necesario profundizar cada vez con mayor precisi?n en todos aquellos elementos que implican una p?rdida de autonom?a personal del individuo, como factores que provocan un progresivo deterioro de la personalidad y de la estructura psicol?gica.

B. La coincidencia de los factores expuestos tienen un efecto multiplicativo. Por este motivo no presenta los mismos riesgos el individuo expuesto s?lo a alguno de ellos, que el que est? sometido a un conjunto m?s amplio, de manera simult?nea o sucesiva.

C. No es necesario que se produzcan todos los elementos citados para poder hablar de ?destructividad?, ya que, en este caso, probablemente no habr?a ning?n grupo que reuniera todos los requisitos, aunque se evidenciaran alteraciones mentales y/o org?nicas manifiestas en buena parte de sus componentes.

D. Algunos de los aspectos mencionados en la relaci?n de factores de elementos ?potencialmente destructivos de la personalidad? son habituales en muchas colectividades humanas no consideradas como perjudiciales para el individuo. Como se ha comentado, es necesario que estos elementos se presenten en n?mero e ?intensidades considerables o elevadas? (el criterio exacto tendr?a que ser determinado en estudios espec?ficos y profundos sobre la materia).

NOTAS

(1) Afasia: trastorno del lenguaje debido a una disfunci?n cerebral que implica la imposibilidad de hablar y articular palabras.

Apraxia: incapacidad de llevar a cabo actividades motrices, a pesar de que la comprensi?n y la funci?n motriz quedan intactas. No hay lesiones en el ?rgano motriz.

Agnosia: alteraci?n en el reconocimiento o identificaci?n de objetos, aunque la funci?n sensorial quede intacta.
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