Mi?rcoles, 19 de septiembre de 2007
Publicado por Salazara72 @ 0:08
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He estado esta tarde ocupada y he encontrado ?sto lo he decidido poner en la p?gina porque me ha parecido interesante, no por otra cosa, tambi?n estoy pensando en hacer otro trabajo sobre mi tierra natal.



ACOSO MORAL, OTRA FORMA DE ASESINAR
Para la psiquiatra y terapeuta francesa Marie-France Hirigoyen, existe la posibilidad de destruir a alguien s?lo con palabras, miradas, mentiras, humillaciones o insinuaciones, un proceso de maltrato psicol?gico en el que un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro. Es a lo que denomina violencia perversa o acoso moral.
El acoso moral propiamente dicho se desarrolla en dos fases: la primera es la fase de seducci?n perversa por parte del agresor, que tiene la finalidad de desestabilizar a la v?ctima, de conseguir que pierda progresivamente la confianza en s? misma y en los dem?s; y la otra, es la fase de violencia manifiesta.
El primer acto del depredador siempre consiste en paralizar a su v?ctima para que no se pueda defender. Pretende mantener al otro en una relaci?n de dependencia o incluso de propiedad para demostrarse a s? mismo su omnipotencia. La v?ctima, inmensa en la duda y en la culpabilidad, no es capaz de reaccionar.
Todos estos son una serie de comportamientos deliberados del agresor destinados a desencadenar la ansiedad de la v?ctima, lo que provoca en ella una actitud defensiva, que, a su vez, genera nuevas agresiones.
La estrategia perversa no aspira a destruir al otro inmediatamente; prefiere someterlo poco a poco y mantenerlo a disposici?n. Lo importante es conservar el poder y controlar. Intenta, de alguna manera, hacer creer que el v?nculo de dependencia del otro en relaci?n con ?l es irremplazable y que es el otro qui?n lo solicita.
(Al anular las capacidades defensivas y el sentido cr?tico del agredido, se elimina toda posibilidad de que ?ste se pueda rebelar. ?ste es el caso de todas las situaciones en las que un individuo ejerce una influencia exagerada y abusiva sobre otro, sin que ?ste ?ltimo se de cuenta de ello).
El t?rmino de "perversidad" la mayor?a de las veces se reserva para actos de gran crueldad, como es el da?o que ocasionan los asesinos en serie. En todo caso se trata de "depredaci?n", es decir, acto que consiste en apropiarse de la vida. Esta perversidad no proviene de un trastorno psiqui?trico, sino de una fr?a racionalidad que se combina con la incapacidad de considerar a los dem?s como seres humanos.
El acosador utiliza una serie de m?todos para desestabilizar al otro, como por ejemplo: burlarse de sus convicciones, ideas o gustos; ridiculizarlo en p?blico; dejar de dirigirle la palabra; ofenderlo delante de los dem?s; privarlo de cualquier posibilidad de expresarse; mofarse de sus con sus puntos d?biles; hacer alusiones desagradables, sin llegar a aclararlas nunca; poner en tela de juicio sus capacidades de juicio y decisi?n, etc...
La agresi?n propiamente dicha es constante y se lleva a cabo sin hacer ruido, mediante alusiones e insinuaciones, sin que podamos decir en qu? momento ha comenzado ni tampoco si se trata realmente de una agresi?n. Se presenta continuamente y en forma de peque?os toques que se dan todos los d?as o varias veces a la semana, durante meses e incluso a?os. Basta que la v?ctima revele sus debilidades para que el perverso las explote inmediatamente contra ella.
El mensaje de un perverso siempre es voluntariamente vago e impreciso y genera confusi?n. Son precisamente estas t?cnicas indirectas las que desconciertan al interlocutor y hacen que ?ste tenga dudas sobre la realidad de lo que acaba de ocurrir.
(En la pareja, sembrar la duda mediante alusiones, o guardar silencio sobre ciertos asuntos, es una h?bil manera de atormentar al compa?ero, de reforzar su dependencia y de cultivar sus celos. Lo que pretende es paralizar a la pareja coloc?ndola en una posici?n de confusi?n y de incertidumbre. Esto le libra de comprometerse en una relaci?n que le da miedo).
Un verdadero perverso no suelta jam?s su presa. Est? persuadido de que tiene raz?n, y no tiene escr?pulos ni remordimientos. No suele alzar la voz, ni siquiera en los intercambios m?s violentos; deja que el otro se irrite solo para luego acusarlo de que la agresi?n va contra ?l y no al contrario, lo cual no puede hacer otra cosa que desconcertar: "Desde luego, ?no eres m?s que un hist?rico que no para de gritar!".
Otro procedimiento perverso consiste en nombrar las intenciones del otro, o en adivinar sus pensamientos ocultos, con lo que el agresor da a entender que conoce mejor que la v?ctima lo que esta piensa. (El interlocutor no deber?a tener en cuenta ning?n mensaje que no se formule expl?citamente, por mucho que se trasluzca. Puesto que no hay un rastro objetivo, el mensaje no existe).
Pero sin duda, el arte en el que el perverso destaca por excelencia es el de enfrentar a unas personas con otras, el de provocar rivalidades y celos. Esto lo puede conseguir mediante esas alusiones que siembran la duda, mediante mentiras que colocan a las personas en posiciones enfrentadas, o simplemente hace correr rumores que, de una manera imperceptible, herir?n a la v?ctima sin que ?sta pueda identificar su origen.
La fase de odio o violencia, empieza con toda claridad cuando la v?ctima reacciona e intenta obrar en tanto que sujeto y recuperar un poco de libertad. A partir de este momento abundar?n los golpes bajos y las ofensas, as? como las palabras que rebajan, que humillan y que convierten en burla todo lo que pueda ser propio de la v?ctima. Esta armadura de sarcasmo protege al perverso de lo que m?s teme: la comunicaci?n.
Por otro lado. el perverso puede intentar que su v?ctima act?e contra ?l para poder acusarla de "malvada". Lo importante siempre es que la v?ctima parezca responsable de lo que ocurre. ?sta al principio se justifica, y luego se da cuenta de que cuanto m?s se justifica, m?s culpable parece. (La v?ctima ideal es una persona escrupulosa que tiene una tendencia natural a culpabilizarse).
La manipulaci?n funciona tanto mejor cuanto que el agresor es una persona que cuenta de antemano con la confianza de la otra persona. Mediante un sentimiento similar al de la protecci?n maternal, ?sta considera que tiene que ayudarlo porque es la ?nica que comprende.
Durante la fase de dominio, los dos protagonistas adoptan sin darse cuenta una actitud de renuncia que evita el conflicto: el agresor ataca con peque?os toques indirectos que desestabilizan al agredido sin provocar abiertamente un conflicto; la v?ctima renuncia igualmente y se somete, pues teme que un conflicto pueda implicar una ruptura. Percibe que no hay negociaci?n posible con su agresor, y que ?ste no ceder?, y prefiere comprometerse a afrontar la amenaza de la separaci?n.
La v?ctima se convierte en un chivo expiatorio responsable de todos sus males. A primera vista, lo que sorprende es el modo en que ?stas aceptan su suerte.
Muchas veces la gente se imagina que la v?ctima consiente t?citamente o que es c?mplice, conscientemente o no, de la agresi?n que recibe. Pero decir que es c?mplice no tiene sentido, en la medida que ?sta, por efecto del dominio, no dispone de los medios ps?quicos para actuar de otro modo, est? paralizada.
El error esencial de la v?ctima estriba en no ser desconfiada, en no considerar los mensajes violentos no verbales. No sabe traducir los mensajes y acepta lo que se le dice al pie de la letra. Para el perverso, la excusa es f?cil "La trato as? porque as? es como le gusta que la trate".
El agredido piensa que si act?a con paciencia, el otro cambiar?. No renuncia porque es incapaz de imaginar que no hay nada que hacer y que es in?til esperar alg?n cambio. Por lo dem?s, si abandona a su compa?ero, se sentir? culpable.
Las v?ctimas parecen ingenuas y cr?dulas; como no se pueden imaginar que el otro es un destructor, intentan encontrar explicaciones l?gicas y procuran deshacer los entuertos.
Frente a un ataque perverso, algunas personas se muestran primero comprensivas, intentan adaptarse: comprenden o perdonan porque aman o admiran.
Si aceptan la sumisi?n, la relaci?n se instala en esta modalidad de una forma definitiva: la v?ctima se encuentra cada vez m?s apagada o deprimida y el agresor es cada vez m?s dominante y se siente cada vez m?s seguro de su poder..
El establecimiento del dominio sume a las v?ctimas en la confusi?n: o no se atreven a quejarse o no saben hacerlo. ?stas describen un verdadero empobrecimiento, una anulaci?n parcial de sus facultades y una amputaci?n de su vitalidad y de su espontaneidad. Aunque sientan que son objeto de una injusticia, su confusi?n es tan grande que no tienen ninguna posibilidad de reaccionar.
A la hora de afrontar lo que les pasa, las v?ctimas se sienten solas. ?C?mo hablar de ello a personas ajenas a la situaci?n? ?C?mo describir una mirada cargada de odio o una violencia que tan s?lo aparece en lo que se sobreentiende y en lo que se silencia?
El choque tiene lugar cuando uno toma conciencia de la agresi?n: se sienten desamparadas y heridas, todo se desmorona. Se instala un estado de ansiedad permanente.
Tras un determinado tipo de evoluci?n del conflicto, se producen fen?menos de fobia rec?proca: la visi?n de la persona odiada provoca una rabia fr?a en el agresor; la visi?n del perseguidor desencadena el miedo de la v?ctima. Se trata de reflejos condicionados, uno agresivo y el otro defensivo. El miedo conduce a la v?ctima a comportarse patol?gicamente, algo que el agresor utilizar? m?s adelante como una coartada para justificar retroactivamente su agresi?n.
Para el perverso, el mayor fracaso es el de no conseguir atraer a los dem?s al registro de la violencia. Su vida consiste en buscar su propio reflejo en la mirada de los dem?s. El otro no existe en tanto que individuo, sino solamente como espejo.
Este tipo de perversos son considerados como psic?ticos sin s?ntomas, que encuentran su equilibrio al descargar sobre otro el dolor que no sienten y las contradicciones internas que se niegan a percibir. Presentan una ausencia total de inter?s y de empat?a por los dem?s, pero desean que los dem?s se interesen por ellos. Para aceptarse a s? mismos tienen que vencer y destruir a alguien al tiempo que se sienten superiores. Disfrutan con el sufrimiento de los dem?s y para afirmarse tienen que destruir.
Lo que el perverso envidia por encima de todo es la vida de los dem?s. Envidia los ?xitos ajenos, que le hacen afrontar su propia sensaci?n de fracaso.
Para vencer a este tipo de personajes, es pr?cticamente imposible. En todo caso, la v?ctima debe analizar el problema "fr?amente", dejando de lado la cuesti?n de culpabilidad. Para ello debe abandonar su ideal de tolerancia absoluta y reconocer que alguien a quien ama presenta un trastorno de personalidad que resulta peligroso para ella y que debe protegerse.
Una de las reglas esenciales que debemos cumplir cuando nos acosa un perverso moral, es dejar de justificarnos. Todas las cosas que hagamos o digamos se pueden volver en contra nuestra.
Al principio, cualquier cambio de actitud tender? a provocar un aumento de las agresiones y de las provocaciones. El perverso, tratar? siempre de culpabilizarnos todav?a m?s...
Comentarios
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 01 de junio de 2011 | 21:37

Buenas Tardes, quisiera saber de que forma puedo convencer a abogados, jueces y magistrados, de la existencia del Acoso Moral y violencia perversa que mi esposa inflige sobre mi menor hija.

Les muestro evidencias: de peritejes psicologicos en los que se demuestra que mi hija esta afectada, peritejes psicologicos de que su madre es manipuladora y violenta, grabaciones violentas, pruebas documentales de mentiras, humillaciones, desatenciones, de alienacion parental, etc.

A todos se los demuestro y lo manejan con una displacencia y negligencia grandisima, haga de cuenta que no saben de que les estoy hablando.

Como hacerle para que lo capten y entiendan.

 

Saludos agradezco de antemano sus atencion

 

Martin Hdez.