Martes, 31 de julio de 2007
Publicado por Salazara72 @ 16:14
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Siempre he le?do muchos libros de los supervivientes de los campos de Concentraci?n, ?ste libro fue nobel de literatura del a?o 2002, uno de mis preferidos, autobiogr?fico y muy bi?n narrado y descrito. No podr?a decir cuantas veces me lo he le?do porque he perdido la cuenta. Si os gustan ?stos temas no dej?is de leerlo, merece la pena hacerlo.








...Sin embargo , ni la terquedad, ni las oraciones, ni nada pudo liberarme de una cosa; del hambre. Ya antes hab?a experimentado o as? lo cre?a el hambre; hab?a tenido hambre en la f?brica de ladrillos, en el tren, en Auschwitz e incluso en Buchenwald, pero no conoc?a el hambre "a largo plazo", por decirlo de alguna manera. Ten?a un hueco, un espacio vac?o, y quer?a, con todos mis esfuerzos, llenar ese hueco sin fondo, ese espacio cada vez m?s vac?o, aniquilar, silenciar el hambre. Mis ojos no ve?an otra cosa que comida, mis pensamientos, mis actos, todo mi ser se ocupaba exclusivamente de eso, y si no me com?a la madera, el hierro o los guijarros, era s?lo por la imposibilidad de masticarlos y digerirlos. Sin embargo he comido arena y tambi?n hierba; las com?a sin pensar, pero no hab?a mucha hierba ni en el campo, ni en el territorio de la f?brica. Por un solo ceboll?n se ped?an dos rebanadas completas de pan, y por el mismo precio se vend?a una remolacha azucarera o una forrajera. A m?, me gustaba m?s la forrajera porque era m?s jugosa y por lo general m?s grande, aunque los entendidos dec?an que las azucareras ten?an m?s valor nutritivo, aunque la forrajera fuera m?s dura y tuviera un sabor m?s picante. A veces, , me bastaba incluso con ver comer a los otros. A nuestros guardias les tra?an la comida a la f?brica y yo no les quitaba los ojos de encima cuando com?an. Sin embargo no me dejaban disfrutarlo de verdad porque com?an demasiado deprisa, sin masticar bien, parec?an no darse cuenta de lo que hac?an



Existen situaciones en que parece imposible que se puedan agravar o empeorar. Yo mismo, al cabo de tanto esfuerzo, de tanto af?n , de tanto empe?o, acab? encontrando la paz, la tranquilidad y el alivio. Ciertas cosas, por ejemplo, que antes me hab?an parecido sumamente importantes, perdieron por completo su significado para m?. As? estando en la fila durante el recuento, si me cansaba y sin mirar si me encontraba en medio de un charco o si hab?a barro, me dejaba caer, me sentaba y em quedaba sentado o acostado hasta que mis vecinos me levantaban a la fuerza. No me molestaban ni el fr?o, ni la humedad, ni el viento ni la lluvia: simplemente no me llegaban, ni siquiera los sent?a. Desapareci? hasta el hambre, me segu?a llevando a la boca todo lo que encontraba, todo lo que fuera comestible, pero sin prestar atenci?n, como por costumbre y de manera mec?nica. Si ten?an alg?n inconveniente, lo m?s que pod?an hacer era pegarme, y con eso tampoco me hac?an mayor da?o, s?lo me hac?an ganar tiempo, puesto que con el primer golpe me acostaba en el suelo y ya no sent?a los otros porque me quedaba dormido.
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