Mi?rcoles, 18 de julio de 2007
Publicado por Salazara72 @ 11:21
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No digas tu nombre emitiendo tu m?sica
como una yerta lumbre que se derrama,
como esa luna que en invierno reparte
su polvo pensativo sobre el hueso.

Deja que la noche estruje la ausencia de la carne,
la postrera desnudez que alguien pide;
deja que la luna ruede por las piedras del cielo
como un brazo ya muerto sin una rosa encendida.

Alguna luz ha tiempo ol?a a flores.
Pero no huele a nada.
No dig?is que la muerte huele a nada,
que la ausencia del amor huele a nada,
que la ausencia del aire, de la sombra huelen a nada.

La luna desalojaba entonces, all?, remotamente, hace mucho,
desalojaba sombras e inundaba de fulgurantes rosas
esa regi?n donde un seno lat?a.

Pero la luna es un hueso pelado sin acento.
No es una voz, no es un grito celeste.
Es su dura oquedad, pared donde sonaban,
muros donde el rumor de los besos romp?a.

Un hueso todav?a por un cielo de piedra
quiere rodar, quiere vencer su quietud extinguida.
Quiere empujar a?n una rosa de fuego
y acercarla a unos labios de carne que la abrasen.
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