Viernes, 22 de junio de 2007
Publicado por Salazara72 @ 10:30
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Todo escritor y esto es una norma que no admite excepciones, nace con vocaci?n de olvido. En algunos casos, sin embargo, las plurales formas del pecado van torciendo esa vocaci?n y adorn?ndola con los oropeles de la fama, la gloria y hasta la inmortalidad. Casi todos los escritores devienen traidores a su vacaci?n, que no es otra que la de ir languideciendo entre noches insomnes y amaneceres m?s o menos in?tiles. Cuando aparece la tentaci?n, cuando el escritor ans?a el fervor del p?blico, o elabora proyectos que lo alivien del olvido, est? traicionando su destino. Surge as? la lucha infructuosa y algo p?t?tica por perdurar, esa lucha que el escritor entabla consigo mismo y con sus fantasmas, y que no es sino la coartada de su fracaso. S?lo el escritor menor , alejado de intrigas y concili?bulos, permanece fiel a su designio; s?lo el escritor menor sabe que la meta, como dijo Borges, es el olvido., ese animal que todo lo devora, esa enfermedad que nos iguala y reconcilia con el polvo del que procedemos ? Qui?n llevar? antes a esa meta?
En este fin de siglo confuso y mistificador, ya apenas quedan escritores resignados a su suerte. Nos afanamos por parecer que tenemos de poetas la gracia que no quiso darnos el cielo, y nos abrimos paso a empellones, en pos de un fragmento de inmortalidad, olvidando aquellas palabras del Eclesiast?s que nos previenen sobre la insignificancia de las pompas terrenales. Hoy, cuando los manuales de literatura contempor?nea y los suplementos culturales de los peri?dicos se abarrotan de tipograf?a, descubriendo cada semana cien o doscientos escritores imperecederos, quiero recordar aqu?, sin af?n de moraleja, el ejemplo de un ni?o bohemio y sablista.


Que poes?a y locura son enfermedades contiguas y rec?procamente f?rtiles no parece asunto que requiera mayor elucidaci?n: el lector que se haya asomado a este borroso repertorio de fantasmas habr? notado que la esquizofrenia y la monoman?a y las muy primorosas variedades de la pananoia fomentan la fabricaci?n de versos descacharrados. Que la poes?a promueve el frenes? de los espumarajos, el desahogo epil?ptico y el furor uterino o sint?ctico es una verdad que no admite refutaciones. Que la poes?a impide la respiraci?n normal de la inteligencia y hace fermentar la sesera, hasta convertirla en una especie de reques?n o k?fir en cuyo ?cido l?cteo naufragan las neuronas, es un fen?meno tan f?cilmente comprobable que nadie querr? someterlo a controversia. Menos habitual resulta que de una locura pac?fica se derive una vocaci?n l?rica, pues las vocaciones suelen florecer entre individuos aguerridos o dislocados o partidarios del baile de San Vito.
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