Jueves, 21 de junio de 2007
Publicado por Salazara72 @ 15:09
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C?mo me gustar?a que me vieras ahora... Ya no soy aquel ni?o retra?do y asustadizo que te respond?a "no" a cualquier petici?n de aventura por casas abandonadas o noches a la intemperie, en medio de la oscuridad y de las siluetas entonces amedrentadoras de los montes. Durante unos instantes me mirabas entre decepcionada y cansada. Sonre?as ir?nicamente y me dec?as aquello de "tranquilo, los fantasmas no existen". Pero en aquel entonces s? cre?a en los fantasmas que regresaban para vengarse y martirizar a los vivos, en los muertos vivientes que corr?an tras de ti para llevarte a un infierno inh?spito y cruel, en extra?as criaturas mitad animal, mitad hombre que aullaban antes de hundirte sus en?rgicas zarpas en las entra?as. Para m?, el anochecer era el inicio de un mundo de espanto y pesadilla.
Envidiaba tu valor, tenaz y emprendedor. Las sombras no te dibujaban seres abominables y tus noches no eran m?s que un espacio para so?ar o inventar peque?as fugas a paisajes v?rgenes de miradas y pisadas. Envidiaba eso en ti, la calma que transformaba tu mirada en pura decisi?n y aventura. A veces te burlabas de m?. Como en aquella ocasi?n donde me sorprendi? la noche antes de llegar a casa y te disfrazaste de fantasma con una simple s?bana ra?da. Las luces de las farolas ya dibujaban vampiros al acecho de mi cobard?a, cada sonido desconocido era un paso amenazador que se acercaba a m?. Y t?, sabiendo de mi miedo paralizador, te cruzaste en mi camino corriendo y ululando como las almas en pena con esa s?bana demacrada que te escond?a el cuerpo entero. Tard? varios d?as en perdonarte, en dejar que te acercaras a m? en el patio de colegio o en el parque de juegos para hacer las paces. Te odi?. No me tomabas en serio, no me proteg?as de la noche, no...
Pero no pod?a odiarte durante muchos d?as. Desde la primera vez que te vi, con tu melena silvestre, tu mirada decidida, tu sempiterno libro en la mano, te am?. Me ganaste antes de nuestro primer encuentro, antes de que te prometiera amarte (para) siempre. Me mirabas y yo me descompon?a en mil y un pedazos, me quedaba en blanco, me dilu?a como las pisadas en la lluvia. Eras como esas hechiceras de las pel?culas coloniales que tanto nos gustaban.
Recuerdo la tarde donde decidiste curar mi terror. Est?bamos en el prado detr?s de la casa encantada, una casa de otra ?poca, enorme, de dos plantas, que abandonaron hace a?os. La llam?bamos as? desde aquel d?a en que mi t?o nos cont? c?mo algunas noches una secta realizaba ofrendas y rituales a sus impronunciables dioses. No sab?amos si creerle, ya nos hab?a tomado el pelo en otras ocasiones. Nos gustaba aquel sitio por la soledad, por el silencio s?lo roto por el rumor del agua, por la caricia de la hierba en nuestros menudos cuerpos y porque pens?bamos que era el anticipo y el inicio de nuestros futuros viajes. Si estabas a mi lado, pod?a mirar las grietas de las paredes sin ver seres que se escapaban por ellas, pod?a romper las ventanas con las piedras que me dabas. Solo, sin ti, nunca habr?a podido mirar la cara de esa casa.
Unas finas gotas de lluvia relumbraban en las hojas de los ?rboles. Hab?amos terminado de merendar a la sombra de los manzanos que bordeaban el modesto riachuelo. Nos acomodamos en la fresca hierba a mirar el paso cadencioso de las nubes, a imaginar figuras y caras conocidas en ellas, a inventar viajes imposibles y tesoros ocultos bajo una roca o una x hecha de piedras. Te volviste hacia m?, con la cabeza ladeada y esa mirada cenicienta que parece atrapa lo que ve. Y me dijiste que no pod?a seguir as?, que no se deb?a temer a la muerte y menos a?n a seres inexistentes o a sombras mudas. Me dijiste que no podr?as amar a un cobarde. Call? desorientado, aturdido, dolido. Y me fui de tu lado. No pod?a soportar tus palabras, la posibilidad de que no me amaras. Cruc? el peque?o puente sobre el riachuelo y empec? a correr. Me alcanzaste pronto, como siempre. Eras r?pida, incansable, eras, ya sabes, una hechicera capaz de volar. S?lo me detuviste. No hubo un "perd?name" o un "lo siento, soy una bocazas". No, en vez de una disculpa cogiste una piedra del camino y la lanzaste contras los cristales de una de las ventanas de la casa encantada. Escuchamos el sonido del cristal roto, de la piedra golpeando el suelo. "Esta noche te traer? aqu?", y se?alaste a la casa. Fui una catarata de palabras inconexas, de excusas banales, "yo..., no puedo..., y si nos atacan los zombies..., o los de la secta..." Pero estabas decidida a curarme. Y yo no quer?a perderte.
Al anochecer llamaste a mi puerta. Salimos al camino, a la semi oscuridad, a las sombras silbantes, a un mundo de horror y caos. Las luci?rnagas iluminaban el camino con su titilar verdoso. Peque?as estrellas terrestres y errantes. Yo tom? tu mano con fuerza, con desesperaci?n, como lo hace un n?ufrago con una tabla salvadora. Estaba seguro de que si alg?n vampiro me atacaba t? me defender?as, le har?as huir con tu mirada intr?pida, con tu hom?rico arrojo. Llegamos a la casa encantada. S?lo se escuchaba el crepitar del cielo, el t?mido sonido del riachuelo. Tiempo despu?s, aprend? a diferenciar hasta el leve musitar de la hierba mecida por el viento.
Te acercaste a una rendija de una puerta lateral. Los a?os hab?an carcomido la madera, parec?a que se despedazaba s?lo con rozarla. Tras ella, la oscuridad. Sent? c?mo se petrificaba mi cuerpo, c?mo no pod?a dar un paso. Era un amasijo de latidos descompasados, furiosos, imparables. Te adentraste en la casa con suavidad, casi parec?a que levitabas, y desapareciste durante una peque?a eternidad. Estaba a punto de colapsarme. La casa parec?a un ser demon?aco a punto de abrir sus fauces para engullirme. Puto miedo paralizador. Tu mano acarici? mi pecho traqueteante y al sentir el contacto de tu piel cre? que cien soles me calmaban y me reconfortaban, como si hubieras encendido una humilde hoguera en mi cuerpo. Y me llevaste dentro.
Paseamos por pasillos polvorientos y crujientes. Quer?as abrir cada puerta, quer?as investigar en cada esquina, desentra?ar el pasado y el misterio de la casa, por qu? el abandono, si a?n quedaban huellas del paso de sus antiguos moradores. Me agarr? a tu mano mientras pase?bamos por muebles tan ruinosos como la puerta, por paredes desconchadas con fotos en blanco y negro de hombres y mujeres de mirada l?vida, tan secos y abandonados como la casa. Detuviste la linterna en sus caras, estudiaste sus rasgos, pasaste tus manos/sol por ellas, como si con ese leve gesto pudieras descubrir cada secreto de sus vidas. No pod?a dejar de observar tu cuello.
Por un momento te olvidaste de tu aventura y apagaste la linterna. "Cierra los ojos", me susurraste. No entend?a nada, me aterraba que salieras corriendo y me dejaras solo para superar mis miedos. "Venga, ci?rralos", insististe. Y yo no pod?a desobedecer tu voz sedosa. Oscuridad sobre oscuridad. La sangre martilleaba mis sienes sudorosas. Notaba cada latido que recorr?a y golpeaba mi cuerpo. Pam. Pam. Pam. Y de repente not? tus labios sobre los m?os, la humedad de tu boca confundida con la m?a. Casi logr? sentir el ritmo de tu coraz?n en aquel beso. Fue extra?o pero la oscuridad se disip? a?n estando con los ojos cerrados. Me curaste. Desde aquel beso no temo a la oscuridad ni miro bajo mi cama en busca de horripilantes figuras deshumanizadas.
Ahora que he vuelto y nadie me espera, ahora que mi hogar est? dos metros bajo tierra, me tumbo bajo un cielo estrellado para pasar la noche a la intemperie y pensar en ti, en encontrarte. Te busco junto al riachuelo, junto a la casa encantada, junto a los caminos que ya no albergan luci?rnagas. Y no te encuentro. Te has convertido en un fantasma...
C?mo me gustar?a que me vieras ahora...


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Comentarios
Publicado por Auro76
Domingo, 24 de junio de 2007 | 17:37
Como siempre, sublime, prosa incre?ble, sabe llegar........