Martes, 19 de junio de 2007
Publicado por Salazara72 @ 15:10
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Hoy es s?bado. Las gentes salen de la ciudad por los caminos de la tarde. Bajo mi ventana, una larga fila de coches toma la carretera que conduce a la sierra, al aire fresco de la sierra, a los ?rboles de la sierra que ya sienten la caricia suave y dorada, un poco melanc?lica, del oto?o retrasado. Desde hace varias horas trabajo con la cabeza inclinada sobre la mesa, la pluma en la mano cansada. Siento en los p?rpados el plomo de la fatiga y en el est?mago algunas punzadas de hambre, pero el caf? con leche de la media tarde se me ha quedado fr?o al norte de los papeles que llenan la mesa de trabajo.
Jam?s logro ver mi mesa de trabajo desierta de papeles. Los papeles llegan en oleadas. Despu?s de varias horas, el oleaje de papel se retira como una marea; pero entonces llegan nuevas y nuevas oleadas. Hay que volver a empu?ar la pluma. Esta pluma que es como una prolongaci?n de mi mano derecha. Esta pluma que est? atada a mi mano derecha por el hilo de la costumbre. Entre los montones de papeles hay uno especialmente emocionante para m?. Son felicitaciones. Nombres importantes y nombres oscuros, nombres de siempre y nombres de anta?o, nombres de todos los d?as y nombres de los a?os de mi juventud, de mi adolescencia, de mi ni?ez. Todos estos nombres pasan por delante de mis ojos y ellos son como un resumen conmovedor de mi propia vida. Contesto estos papeles, uno a uno, con mi letra an?rquica y apresurada, con la rapidez nerviosa que nos da el oficio.
Escondido entre los papeles cordiales y entra?ables hay uno an?nimo. Una gota de amargura entre tanta alegr?a. Alguien, a quien no s? si conozco, que no me muestra su rostro ni me dice su nombre, se siente dolido por mi gozo y mi satisfacci?n de estos d?as. Alguien a qui?n tal vez yo no haya hecho da?o alguno en mi vida. En ese papel an?nimo me llegan frases despectivas, hirientes y punzantes, que me duelen porque no creo merecerlas. Tal vez suceda que mis lectores y mis amigos me tienen tan acostumbrado al elogio ben?volo, que me duelo un poco m?s de la cuenta cuando alguien me dirige desprecios o improperios. Al fin y al cabo, la vanidad es la ?nica cosecha que recoge, a veces, ese pobre sembrador de palabras que es el escritor.
Pero entre todos esos desprecios que he le?do con dolor, hay una frase que quiere recoger, y no s?lo recoger, sino exhibir, como un honor y privilegio. No podr?a imaginar quien la ha escrito que iba a traerme tanto contento y tanto orgullo. Mi an?nimo comunicante me llama: ?Esclavo de la Pluma?
?Qu? alt?simo improperio? ?Qu? enaltecedora humillaci?n? ?Qu? honroso y gravoso t?tulo? ? Pu?s claro que soy un esclavo de la pluma? Con la pluma en la mano me acuesto y con la pluma en la mano me levanto. Para tomar entre los dedos el tenedor o el peri?dico, para encender el cigarrillo o para estrechar la mano de un amigo, para acariciar las mejillas de mis hijos o para pasar la palma por la frente fatigada, tengo que soltar la pluma. Tengo plumas en la mesa camilla del cuarto de estar de mi casa, en la mesita de noche de mi alcoba. Dejo posar la mano sobre cualquier lugar de mi costumbre, y all? encuentro una pluma. ?Pues claro que soy un esclavo de la pluma? Me gano la vida con el sudor de la pluma, que dir?a el pobre C?sar Gonz?lez Ruano, que vivi? siempre de escribir, y se muri? de escribir y se muri? escribiendo.
Hay escritores que son se?ores de su pluma. Llevan su pluma por donde ellos quieren, mandan en su pluma y encuentran siempre el nombre justo y el adjetivo exacto y el rengl?n derecho. Yo, apenas mando en mi pluma. Quiero hacer las letras iguales y correctas, y me salen signos oscuros y garrapatos. Quiero escribir renglones derechos como una espada y se me cae la mano en el cansancio. Quiero escribir palabras claras como el agua de los arroyos, y me salen borrones de tinta. Y ni siquiera tengo la seguridad de que acierte alguna vez a escribir una palabra bella, ni una idea justa, ni un verso transparente. A veces,casi siempre, es mi pluma la que me lleva la mano torpe y d?bil. Soy un esclavo de ella, que me manda, que no se me cae de entre los dedos, que me hace decir cosas que yo querr?as decir m?s sencillamente, m?s tiernamente, m?s caritativamente, m?s limpiamente.
Mi pluma es mi tirano y mi bald?n, pero es la ?nica gloria que tengo, la ?nica propiedad que tengo. Y quiero seguir siendo esclavo de ella porque el d?a en que me falte su tiran?a me quedar? hueco y sin sentido, y no ser? nada. No ser? nadie. Gracias amigo an?nimo. Gracias por haberme dado un t?tulo que yo quisiera poner como resumen de mi vida, sobre mi tumba.
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