Domingo, 17 de junio de 2007
Publicado por Salazara72 @ 12:05
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Leon Grrenman. Interno Jud?o brit?nico, Auschwitz-Birkenau.


Nos echaron del tren y nos dejaron ah? esperando. Deb?an ser las dos y media de la madrugada. Estaba oscuro y una luz azul p?lido brillaba en el and?n. Vimos a unos cuentos hombres de las SS pase?ndose arriba y abajo. Separaron a los hombres de las mujeres. As? que yo estaba a la derecha al frente de los hombres y pod?a ver a mi esposa ah? con el ni?o en brazos. Me lanz? un beso y me mostr? al beb?. De pronto, una de las m ujeres corri? desde donde estaba hacia su esposo, hist?rica. Tal vez intuy? algo. A mitad del recorrido fue interceptada por un oficial de las SS que la golpe? en la cabeza con la porra. Ella cay? al suelo y ?l le pate? el est?mago. Luego, un prisionero con uniforme a rayas nos orden? seguirle. En fin, giramos a la izquierda y recorrimos un breve trecho durante dos o tres minutos. Lleg? un cami?n, se detuvo cerca de nosotros, y en el cami?n estaban todas las mujeres, ni?os y beb?s, y en el centro estaba mi esposa de pie con el ni?o. Estaban de pie bajo la luz, como hecho a prop?sito para que yo pudiera reconocerlos. Una imagen que no olvidar? nunca. Se supon?a que todas esas personas ten?an que ir al ba?o a limpiarse, comer y vivir. Pero en lugar de eso tuvieron que desnudarse y entrar en las c?maras de gas, y dos horas m?s tarde aquella gente se hab?a convertido en cenizas, incluidos mi esposa y mi hijo.



Zdenka Ehrlich. Joven checa,Auschwitz-Birkenau.


El ambiente a mi alrededor era de absoluta conmoci?n, hab?a gente gritando y llorando, hab?a ni?os, perros, guardias pegando a todo el mundo en la cabeza y gritando: ?Fuera, fuera, fuera?. Cuando todos salimos de los vagones nos colocaron en una columna largu?sima y nos hicieron avanzar. No era una estaci?n, no hab?a andenes, s?lo esas barracas, la alambrada, ning?n otro sitio adonde ir... era realmente el fin del trayecto. A la derecha estaban esas criaturas con andrajos, y mujeres desnudas, y pens?. ? qu? est?n haciendo aqu?? Yo nunca ser? como ellas. Entonces v? a unos hombres en el otro lado con ropa a rayas. Y en medio, lo ?nico que hac?as era intentar esquivar a los guardias, las porras,y los perros. As? que te quedabas dentro de la columna y avanzabas. Te llevaban como en una avalancha, a lo largo de una milla m?s o menos. Luego, tres hombres uniformados, los uniformes eran impecables y sus botas brillaban como espejos. Nunca olvidar? la impresi?n que me caus? el hombre del centro, el doctor Mengele, cuando le ech? un vistazo; era muy apuesto. Su rostro no era nada amenazador, sino m?s bien...no era ben?volo, pero tampoco amenazador. Recuerdo lo relucientes que eran sus botas; iba absolutamente inmaculado. Llevaba puestos guantes blancos, no exactamente como un guardia de tr?fico, sino como signo de distinci?n e importancia. Levant? la mano mientras miraba a toda la gente que iba pasando por delante de ?l y solo hac?a un gesto muy suave, un gento muy leve y dec?a; Derecha, izquierda, izquierda, derecha...
Nos pusieron en una inmensa habitaci?n para contarnos; cinco, cinco, cinco...Inmediatamente despu?s, una mujer con una fusta nos arroj? a la siguiente habitaci?n, donde hab?a monta?as, pero monta?as de harapos. Ropa que nunca se hab?a visto, ni siquiera en el vestidor de un teatro; a Fellini le hubiera encantado tener la imaginaci?n para reunir las cosas que vimos. Detr?s de cada una de esas monta?as de harapos hab?a un guardia, una mujer guardia, siempre con una fusta. Ten?amos que correr a ponernos ah? delante, ella agarraba algo y te lo lanzaba. La siguiente pila era de zapatos, de hombre, de mujer, todos juntos. Cog?an un par y te lo arrojaban. As? yo acab? con el atuendo m?s estrafalario que se pueda imaginar; me dieron un vestido de baile verde oliva de un material ligero con perlas y con los bajos irregulares, parec?a sacado de una obra de Chejov o Dostoievki y un abrigo corto que seguramente habr?a pertenecido a una ni?a de diez a?os y unos zapatos que me salvaron la vida. Era un par de zapatos de hombre de sal?n de baile, de charol negro, grandiosos. Con esta vestimenta sal? de aquel edificio y con ella sobreviv? a la guerra.

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