S?bado, 16 de junio de 2007
Publicado por Salazara72 @ 23:27
Comentarios (0)  | Enviar
Ignacio no era consciente de eso, no logr? serlo hasta que volvi? a estar vivo, a ser un hombre, y entonces, cuando recuper? la raz?n, la sensibilidad y la fe junto con su naturaleza verdadera, le cost? trabajo aceptarlo. Los humanos son seres que desean y la desesperaci?n les arrebata su propia esencia, los deseca, los destripa, los arruina, los expulsa de s? mismos por el camino templado y enga?oso que conduce al destino de las cosas, al cansancio de los vegetales polvorientos de los minerales enterrados e inertes. En el puerto de Alicante, donde expir? la esperanza, sonaban los disparos un d?a tras otro, un cuerpo tras otro, a veces muy seguidos, a veces espaciados por horas largas como eternidades y ?l miraba al mar, agua inm?vil, vac?a, desierta de los barcos que nunca llegar?an, la salvaci?n que ya no se atrev?an a esperar quienes no tendr?an siquiera la oportunidad de probar la amargura del exilio. Ellos eran los ?ltimos leales, los traicionados por todos, la carne de pared?n, el codiciado bot?n de guerra de los vencedores.
En el puerto de Alicante se hab?an reunido muchos miles de personas, pero ninguna ten?a ganas de hablar. Nadie se atrev?a ya a repetir que no, que no, que no, no nos entregar?n, no nos dejar?n aqu?, no pueden hacernos eso, vendr?n a buscarnos, tendr?n que mandar barcos, Blum, no, los franceses no, y los ingleses, a la hora de la verdad, tampoco, las democracias, los europeos, no pueden hacernos esto.. Ya nadie hablaba, ni siquiera los m?s sombr?os, los que no se desped?an de nadie mientras buscaban la pistola con dedos sigilosos, y se pooyaban el ca?on en la si?n, y disparaban, y los disparos sonaban, y los cuerpos ca?an al suelo como fardos, como bultos, como ?rboles talados a destiempo, y ?l miraba al mar, agua inm?vil, vac?a, escuchaba los disparos, o?a caer los cuerpos y no volv?a la cabeza, no miraba, no ve?a no quer?a saber. A veces se escuchaban gritos, lamentos, sollozos de ni?os o de adultos que lloraban como ni?os. Los adultos no sab?an llorar de otra manera en el puerto de Alicante y ?l miraba al mar para no ver, para no mirar, para no saber que otro espa?ol m?s hab?a preferido morir a seguir viviendo en Espa?a, en la tierra donde hab?a nacido, donde hab?a crecido, donde se hab?a enamorado y hab?a visto nacer a sus hijos, en el pa?s por el que hab?a luchado durante tres a?os, por el que hab?a pasado hambre y miedo y fr?o y la soledad insoportable de una guerra larga, en la patria por la que lo hab?a arriesgado todo, por la que lo hab?a perdido todo, por la que acababa de morir. Ignacio Fern?ndez Mu?oz miraba al mar traidos y no volv?a la cabeza para no ver, para no mirar, para no contar el n?mero de los suicidas.

Comentarios