<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><rss version="2.0">    <channel>        <title>Fragmentos.</title>        <description><![CDATA[Fragmentos de Libros.]]></description>        <link>http://gaviota72.blogcindario.com/</link>        <lastBuildDate>Wed, 25 Apr 2012 04:23:42 +0100</lastBuildDate>        <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator>        <item>            <title>Sobre libros, ca&amp;ntilde;as y tapas.P&amp;eacute;rez Reverte. El Semanal.</title>            <link>http://gaviota72.blogcindario.com/2012/01/00427-sobre-libros-canas-y-tapas-perez-reverte-el-semanal.html</link>            <description><![CDATA[<p></p><p></p><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td valign="middle"><table bgcolor="#666666" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 100%; height: 94px;"><tbody><tr><td width="5">&nbsp;</td><td><span class="firmatitulo2"><strong>Sobre libros, ca&ntilde;as y tapas</strong></span></td></tr><tr><td class="firmatitulo1" width="5">&nbsp;</td><td class="firmatitulo1"><strong></strong></td></tr></tbody></table></td></tr><tr><td colspan="3"><img height="5" src="http://xlsemanal.finanzas.com/xlsemanal_files/publico/comun/1x1.gif" width="1" /></td></tr></tbody></table><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td width="8">&nbsp;</td><td class="firmatexto" valign="top" width="370"><br /><br /><br /><strong>Unos cazan conejos o venados</strong>, y otros cazamos libros. Transcurre una de esas ma&ntilde;anas fr&iacute;as y soleadas de Madrid, cuando las casetas de la cuesta Moyano se alinean en una luz cegadora con sus mostradores y tenderetes llenos de libros de lance. Entre esos naufragios de librer&iacute;as, pecios de bibliotecas, restos flotantes de vidas y mundos desaparecidos, me muevo atento y sigiloso como un francotirador adiestrado por viejos h&aacute;bitos. Dispuesto, como estipulan las reglas, a actuar sin piedad frente a otros eventuales cazadores, madrug&aacute;ndoles la pieza codiciada. Llevo as&iacute; hora y media, mirando, tocando, husmeando como un depredador pertinaz, del mismo modo que mi teckel Sherlock lo har&iacute;a, si su amo le permitiera hacerlo, tras el rastro de un codiciado jabal&iacute;. Con el p&aacute;lpito en el coraz&oacute;n y el hormigueo en los dedos sucios de buscar y rebuscar que siente todo psic&oacute;pata de los libros en lugares como &eacute;ste. &Aacute;vido por cazar hasta sin hambre. De colmar el zurr&oacute;n aunque vaya bien repleto.&nbsp;<br /><br /><strong>Saciado al fin</strong>, o casi, cargo con un bot&iacute;n que justifica el paseo: una biograf&iacute;a de Nelson, el Napole&oacute;n de Ludwig &ndash;lo habr&eacute; regalado cinco o seis veces&ndash;, el Viaje del Parnaso en edici&oacute;n cr&iacute;tica de Rodr&iacute;guez Mar&iacute;n, la biograf&iacute;a de Engels de Tristam Hunt, tres novelas de &Aacute;gatha Christie y una de Eric Ambler. Entre los ocho libros, el desembolso total no llega a los setenta euros. Sabiendo mirar con paciencia y atento a las ediciones de bolsillo, puede comprarse aqu&iacute; una docena de libros por quince o veinte mortadelos. Eso incluye polic&iacute;acos o de aventuras y grandes obras de la literatura universal. De Beau Geste o Adi&oacute;s mu&ntilde;eca a La l&iacute;nea de sombra o Crimen y castigo. Absolutamente todo.&nbsp;<br /><br /><strong>Sin embargo</strong>, en este para&iacute;so de libros y felicidad lectora que es la cuesta Moyano, hay cuatro gatos. Menos de treinta personas se mueven por las casetas y los tenderetes. Y eso, en d&iacute;a casi festivo como hoy; en que, con crisis como sin ella, bares y terrazas est&aacute;n llenos. Como de costumbre, la charla con algunos amigos libreros ha sido un rosario de l&aacute;grimas y pesares. No se vende un carajo, es frase que lo resume todo. Cada vez viene menos gente, y esto se muere. Y f&iacute;jate, a&ntilde;aden, que no hay lugar donde se concentre una oferta cultural tan extraordinaria y barata como &eacute;sta. Escuch&aacute;ndolos, recuerdo con amargura una discusi&oacute;n que mantuve hace d&iacute;as en Twitter con alg&uacute;n cantama&ntilde;anas que argumentaba, en defensa de la pirater&iacute;a salvaje y del todo gratis para todos &ndash;confundiendo cultura de f&aacute;cil acceso con cultura impunemente saqueada&ndash;, que los libros son caros y eso justifica trincarlos de Internet por la patilla. Lugares como la cuesta Moyano, las librer&iacute;as de viejo o las ferias que los libreros de lance organizan con gran esfuerzo en diversos lugares de Espa&ntilde;a, desmienten esa simpleza. Y si es cierto que la novedad editorial alcanza en ocasiones precios indecentes, a quien desea tener un buen libro en las manos le basta darse una vuelta por lugares como &eacute;ste con diez euros en el bolsillo. O con menos. El precio de una ca&ntilde;a y una tapa. Raro ser&iacute;a que no se fuese con tres o cuatro libros. O m&aacute;s. Quien no compra un libro es porque no quiere, o porque no lee. No porque todos los libros sean caros. As&iacute; que d&eacute;jenme de milongas y cuentos chinos.&nbsp;<br /><br /><strong>Aunque</strong>, para cuento chino, el de las autoridades municipales con la cuesta Moyano. Durante a&ntilde;os, el ex alcalde Ruiz Gallard&oacute;n desoy&oacute; el ruego de los libreros de que, para darle vida a aquello, instalase en el paseo alg&uacute;n chiringuito con terraza, que es lo &uacute;nico que atrae a la pe&ntilde;a. Si vienen a tomar copas, argumentaban, alg&uacute;n libro ver&aacute;n, porque estaremos enfrente. El alcalde, naturalmente, se pas&oacute; la sugerencia por el forro del bast&oacute;n municipal, argumentando competencias, permisos y ordenanzas que, por otra parte, nadie opone a la proliferaci&oacute;n de bares y terrazas que llenan el centro de la ciudad. Y mucho temo que la nueva alcaldesa haga lo mismo, pues los libros no importan ni a los alcaldes. De todas formas, previne a los amigos de Moyano, cuidado con las ideas, que tienen doble filo. Un concejal avispado puede echar cuentas, concluyendo que el negocio ser&iacute;a mandar a los libreros a tomar por saco y montar en cada caseta un chiringuito de tapas, d&aacute;ndole la concesi&oacute;n a la empresa de alg&uacute;n compadre. De libros, ni rastro; pero la verja del Retiro se pondr&iacute;a de bote en bote, con todo Madrid, turistas incluidos, d&aacute;ndose codazos con una copa en la mano: terrazas llenas, ambientazo, promoci&oacute;n en los telediarios, y muchos puestos de trabajo para camareros, que es la &uacute;nica profesi&oacute;n nacional en auge. Ni crisis, ni leches. La cuesta Moyano, ahora s&iacute;, de plena moda. Y viva Espa&ntilde;a.&nbsp;</td></tr></tbody></table>]]></description>            <pubDate>Sun, 22 Jan 2012 11:40:20 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Libro electr&amp;oacute;nico. Juan Manuel de Prada. El Semanal.</title>            <link>http://gaviota72.blogcindario.com/2011/12/00426-libro-electronico-juan-manuel-de-prada-el-semanal.html</link>            <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td valign="middle"><table bgcolor="#666666" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 100%; height: 94px;"><tbody><tr><td width="5"></td><td><span class="firmatitulo2"><strong>Libro electr&oacute;nico</strong></span></td></tr><tr><td class="firmatitulo1" width="5"></td><td class="firmatitulo1"><strong></strong></td></tr></tbody></table></td><!--<td width="8" rowspan=2 valign=top><img src="/xlsemanal_files/publico/firmas/firma_dcha3.gif" width="8" height="64"></td>--></tr><tr><td colspan="3"><img height="5" src="/xlsemanal_files/publico/comun/1x1.gif" width="1" /></td></tr></tbody></table><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td width="8"></td><td class="firmatexto" valign="top" width="370"><strong>Nunca dejar&aacute; de sorprenderme la actitud suicida</strong> adoptada por las editoriales ante el libro electr&oacute;nico. En otros sectores de la industria cultural, la plaga del pirateo digital se encontr&oacute; con el terreno allanado: m&uacute;sica y cine llevaban ya mucho tiempo comercializ&aacute;ndose en formatos digitales &ndash;CD, DVD, etc&eacute;tera&ndash; que favorec&iacute;an su duplicaci&oacute;n; y quien pirateaba una pel&iacute;cula o un disco obten&iacute;a una copia en calidad &oacute;ptima, que adem&aacute;s pod&iacute;a distribuirse en el mismo soporte que la propia industria hab&iacute;a elegido previamente para su negocio. Quien deseaba piratear un libro, en cambio, ten&iacute;a previamente que escanearlo: la copia resultante de ese escaneo distaba de ser &oacute;ptima; y, adem&aacute;s, para leer esa copia menesterosa deb&iacute;a utilizar un artilugio electr&oacute;nico que en nada se asemejaba a un libro. En la expansi&oacute;n de la pirater&iacute;a, como en el comercio de r&eacute;plicas e imitaciones, interviene muy poderosamente el factor psicol&oacute;gico: quien compra un bolso o un reloj falsos que imitan un bolso o un reloj `de marca&acute; lo hace porque tales falsificaciones reproducen minuciosamente su dise&ntilde;o y aspecto exterior. Nadie comprar&iacute;a un bolso o un reloj con un evidente aspecto cutre o de baratillo, por el mero hecho de que tal bolso o reloj ostenten el logotipo de tal o cual marca de moda; pues quien adquiere un bolso o reloj de imitaci&oacute;n desea, ante todo, que esa r&eacute;plica pase por aut&eacute;ntica. Este es el mecanismo psicol&oacute;gico sobre el que se asienta toda forma de pirater&iacute;a: la r&eacute;plica tiene que `dar el pego&acute;; de lo contrario, lejos de mitigar el `complejo&acute; de quien la adquiere, contribuye a agravarlo. <br /><strong>Este mecanismo psicol&oacute;gico</strong>, tan evidente en el comercio de r&eacute;plicas e imitaciones, tambi&eacute;n explica el &eacute;xito de la pirater&iacute;a cultural: si pel&iacute;culas y discos empezaron a ser pirateados a mansalva era porque previamente exist&iacute;an los soportes digitales que permit&iacute;an disfrutar de tales pel&iacute;culas y discos en igualdad de condiciones con quienes los adquir&iacute;an en una tienda. Este mecanismo psicol&oacute;gico no funcionaba en el pirateo del libro, pues un libro pirateado no pod&iacute;a `volcarse&acute; sobre papel impreso y encuadernado; y por esta raz&oacute;n el comercio de e-books no funcion&oacute; durante a&ntilde;os o d&eacute;cadas: pues quienes le&iacute;an un libro en estos artilugios ten&iacute;an conciencia de estar leyendo de forma subalterna o suced&aacute;nea, frente a quienes lo hac&iacute;an en papel. Y aunque durante a&ntilde;os o d&eacute;cadas los fabricantes de e-books no cejaron en su empe&ntilde;o de impulsar la lectura electr&oacute;nica, ten&iacute;an que comerse con patatas sus artilugios: porque la imitaci&oacute;n solo adquiere carta de respetabilidad si `da el pego&acute;; y un e-book se parece a un libro lo mismo que una mortadela a un jam&oacute;n serrano. Nadie pod&iacute;a presumir ante las amistades de poseer una biblioteca de libros electr&oacute;nicos; y viajar en tren o autob&uacute;s con un libro electr&oacute;nico en las manos resultaba casposillo. El mecanismo psicol&oacute;gico sobre el que se funda el negocio de la r&eacute;plica busca `sociabilizar&acute; a quien la porta; y el e-book lograba el efecto exactamente contrario: se&ntilde;alaba y, en conclusi&oacute;n, exclu&iacute;a. <br /> <strong>Pero la fascinaci&oacute;n tecnol&oacute;gica</strong> propia de nuestra &eacute;poca acab&oacute; engatusando a la industria editorial, que pens&oacute; ingenuamente que, si el uso del libro electr&oacute;nico se generalizaba &ndash;si empezaba a `sociabilizar&acute; y no a excluir&ndash;, podr&iacute;a desarrollar una nueva `v&iacute;a de negocio&acute;. Y la vanidad caracter&iacute;stica de los escritores, siempre codiciosos de aumentar su parroquia, acab&oacute; de joder la marrana: creyeron ilusamente que el artilugio electr&oacute;nico `crear&iacute;a&acute; nuevos lectores de la nada, y empezaron a demandar a sus editores que, junto a las ediciones en papel de sus libros, lanzaran `ediciones electr&oacute;nicas&acute; de los mismos, que en su particular cuento de la lechera duplicar&iacute;an el n&uacute;mero de sus seguidores. El resultado es de sobra conocido: las editoriales se lanzaron al `mercado digital&acute; para expandir su negocio, sin entender que los lectores no se `expanden&acute; por arte de birlibirloque; sin entender tampoco que el `mercado digital&acute; es una enga&ntilde;ifa completa, pues pagar por algo que se puede obtener gratis y en condiciones &oacute;ptimas no se le ocurrir&iacute;a ni al que as&oacute; la manteca. Y as&iacute;, una vez `legitimado&acute; el libro electr&oacute;nico por la propia industria editorial, los vanidosos escritores han descubierto que sus lectores siguen siendo los mismos, solo que ahora cada vez son m&aacute;s los que no pagan un duro por leerlos; y las editoriales que ponen a la venta sus libros en formato digital descubren que de inmediato son pirateados. <br /><strong>En el pecado llevan (llevamos) la penitencia</strong>. En unos a&ntilde;os, todos arruinados y en porreta.</td></tr></tbody></table>]]></description>            <pubDate>Mon, 12 Dec 2011 09:03:41 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Hablando mal y pronto. P&amp;eacute;rez Reverte. El Semanal.</title>            <link>http://gaviota72.blogcindario.com/2011/11/00425-hablando-mal-y-pronto-perez-reverte-el-semanal.html</link>            <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td valign="middle"><table bgcolor="#666666" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 100%; height: 94px;"><tbody><tr><td><span class="firmatitulo2"><strong>Hablando mal y pronto</strong></span></td></tr><tr><td class="firmatitulo1" width="5"></td><td class="firmatitulo1"><strong></strong></td></tr></tbody></table></td><!--<td width="8" rowspan=2 valign=top><img src="/xlsemanal_files/publico/firmas/firma_dcha3.gif" width="8" height="64"></td>--></tr><tr><td colspan="3"><img height="5" src="/xlsemanal_files/publico/comun/1x1.gif" width="1" /></td></tr></tbody></table><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td width="8"></td><td class="firmatexto" valign="top" width="370"><strong>No soy mal hablado.</strong> Al contrario. Como mi viejo amigo el maestro de esgrima Jaime Astarloa, me precio de no haber sido grosero nunca, incluso ante casos de impertinencia pertinaz. Rara vez se me escapa una palabra gruesa en el transcurso de una conversaci&oacute;n civilizada, y lo mismo puedo decir de mis novelas. Otra cosa es esta p&aacute;gina pecadora y semanal, donde quien se expresa no es el arriba firmante, sino un personaje literario, o algo por el estilo, situado a medias entre el novelista que soy, el reportero que fui y el ciudadano de barra de bar inclinado a ajustar cuentas con m&eacute;todos y expresiones que buscan la eficacia; sobre todo considerando que estos art&iacute;culos se publican en un pa&iacute;s de autistas voluntarios, donde nadie se da por aludido a menos que `perm&iacute;tanme esta contradicci&oacute;n perifr&aacute;stica que refuerza lo que pretendo decir&acute; le pateen directamente los huevos. <br /><strong>Veinte a&ntilde;os de teclear aqu&iacute; con cierta desverg&uuml;enza han producido un efecto curioso</strong>. De vez en cuando me aborda gente convencida de que, para que un comentario parezca realmente m&iacute;o, debe ir adobado con alg&uacute;n taco sonoro o concepto agresivo. Y parecen decepcionados cuando comprueban que no; que el arriba firmante puede mantener largas conversaciones sin mentar a nadie los muertos. Con amabilidad, incluso. Sin gru&ntilde;ir, insultar ni escupir al otro en un ojo. Me ocurre con frecuencia, sobre todo con se&ntilde;oras de cierta edad y educaci&oacute;n razonable, o con periodistas: las primeras se acercan con cierto morbo expectante, casi esperando con anticipado deleite que las mandes a hacer pu&ntilde;etas, les digas zorra o algo as&iacute;. Relami&eacute;ndose con un posible maltrato verbal cuya perspectiva las hiciera, clup, clup, clup, gotear limonada. Estilo se&ntilde;ora finolis que acudiese por morbo a un puticlub infame, a mirar escandalizada, y la decepcionara que nadie intente robarle las joyas, o violarla. <br /><strong>En cuanto a ciertos periodistas, a alguno se le nota mucho que acude a entrevistarte imaginando sabrosos titulares</strong> del tipo `Me cisco en la madre que te pari&oacute;&acute;; y se queda medio cortado cuando comprueba que no. Que no me cisco. Y ah&iacute; surge el problema. En tales casos, a veces cae el interrogador, incluso de buena fe, en la tentaci&oacute;n de adornar un poco la cosa, poniendo algo de su parte. Ayudando a tu personaje a ser lo que &eacute;l supone que deber&iacute;a ser. Sacando frases de contexto y hasta poniendo en tu boca lo que no has dicho. Completando &eacute;l la cosa con el toque art&iacute;stico final. Con la guinda del pastel. Algo as&iacute; como si concluyera: `A m&iacute; no va a enga&ntilde;arme con disimulos este cabr&oacute;n&acute;. <br /> <strong>Es como lo de las fotos. Cualquiera -pol&iacute;tico, deportista, escritor- que comparezca en p&uacute;blico ante fot&oacute;grafos sabe que nada importa que haya mantenido una compostura impecable durante la hora larga que pueda durar el asunto</strong>. Bastar&aacute; que por un breve instante el individuo sienta un picor irresistible en la nariz, y se roce la punta con un dedo durante el breve espacio de dos segundos, para que relampagueen docenas de flashes, y la foto que al d&iacute;a siguiente publiquen los peri&oacute;dicos sea la del fulano toc&aacute;ndose la nariz; preferentemente aqu&eacute;llas en las que, debido al &aacute;ngulo de c&aacute;mara, parezca que tiene el dedo metido dentro. <br /><strong>Eso mismo -no lo del dedo, sino lo anterior- me ocurri&oacute; por quincuag&eacute;sima vez hace unas semanas</strong>. Me hac&iacute;an una entrevista, y en el curso de &eacute;sta el periodista pregunt&oacute; por `los hijos de puta&acute;, creyendo, imagino, establecer cierta complicidad sem&aacute;ntica con el entrevistado. Como dije, rara vez utilizo expresiones malsonantes en conversaciones o entrevistas; as&iacute; que todo el tiempo -conozco el pa&ntilde;o y puse mucha atenci&oacute;n en ello- me refer&iacute; al inconcreto personal por el que se interesaba mi interrogador como `los malos&acute; y, con m&aacute;s frecuencia, `los canallas&acute;. Precauci&oacute;n t&aacute;ctica, &eacute;sta, que result&oacute; in&uacute;til: al d&iacute;a siguiente, en la transcripci&oacute;n de la entrevista, aparte res&uacute;menes discutibles de conceptos m&aacute;s o menos complejos -hacerte hablar no como t&uacute; hablas sino como habla el redactor es frecuente en tales casos-, el autor de la informaci&oacute;n puso cuatro veces en mi boca la expresi&oacute;n `hijos de puta&acute;, que con tanta precauci&oacute;n, la de quien en materia de periodismo fue furcia antes de ser monja, me hab&iacute;a esforzado en evitar. <br /><strong>As&iacute; que h&aacute;ganme un favor</strong>. Cuando a trav&eacute;s de teclas ajenas me lean echando espumarajos por la boca, apliquen con cautela el beneficio de la duda sobre qu&eacute; parte es genuinamente m&iacute;a, y cu&aacute;l corresponder&aacute; al entrevistador de turno. Porque ya les digo. En materia de hijos de puta, ni son todos los que est&aacute;n, ni est&aacute;n todos los que son.</td></tr></tbody></table>]]></description>            <pubDate>Mon, 07 Nov 2011 11:27:59 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>El Cretino de la curva. P&amp;eacute;rez Reverte. El Semanal.</title>            <link>http://gaviota72.blogcindario.com/2011/10/00424-el-cretino-de-la-curva-perez-reverte-el-semanal.html</link>            <description><![CDATA[<p><strong><span style="color: black; line-height: 115%; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 9pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">Ayer por la tarde estuviste a punto de matarme</span></strong><span style="color: black; line-height: 115%; font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 9pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">. Cabr&oacute;n. Un descuido tr&aacute;gico puede tenerlo cualquiera, por supuesto. Pero &eacute;se no fue tu caso. Tomaba tranquilamente una curva cerca de mi casa, a poca distancia del puente de piedra y el bar de Marcelino, y apareciste de frente con tu Seat Ibiza negro &ndash;cre&iacute; ver que estaba tuneado, pero no me dio tiempo a confirmarlo&ndash;, a m&aacute;s de cien kil&oacute;metros por hora en un lugar se&ntilde;alizado para sesenta. Ignoro el motivo de que pisaras la continua. Quiz&aacute; la m&uacute;sica que tal vez llevabas a toda pastilla te pon&iacute;a caliente, haci&eacute;ndote perder el sentido de la realidad de las cosas. <br /><br /><strong>Quiz&aacute; atend&iacute;as por el tel&eacute;fono m&oacute;vil una llamada de tu churri, o estabas presionando el encendedor del coche para encender un pitillo</strong>. Puede ser, tambi&eacute;n, que la velocidad excesiva te hiciera perder un instante el control en la curva; aunque imagino que, tal como eres, esto &uacute;ltimo no lo admitir&iacute;as nunca. Igual que tus coleguis y todas tus perras castas, tonto de mierda, te consideras un virtuoso del volante y rey indiscutible de esas carreteras por las que siempre circulas por encima del l&iacute;mite, pegado al guardabarros del coche inmediato y adelantando por la derecha. <br /><br /><strong>El caso es que ayer por la tarde, figura del asfalto, pasaste m&aacute;s de un metro la continua y me viniste encima por el morro</strong>. Te encontr&eacute; de pronto delante, tan cerca que tuve ocasi&oacute;n de ver tu careto: unos treinta a&ntilde;os, cara de cenutrio bajuno, pelo muy corto y flequillo engominado en forma de cresta. Para resumir, uno de esos pavos que tecleas en Google las palabras macarra, bajuno y poligonero, y salen tu foto de carnet y la de la madre que te pari&oacute;. Te asustaste, confi&eacute;salo, porque pegaste un volantazo mientras chirriaban tus neum&aacute;ticos; y entre eso y mi desesperada maniobra para eludirte hubo tiempo de que volvieses a tu carril, pasando a dos metros de mi faro izquierdo. <br /><br /><strong>Te fuiste de rositas, supongo que a la misma velocidad, en busca de otro a quien endi&ntilde;&aacute;rsela</strong>. Dej&aacute;ndome con una doble frustraci&oacute;n, fruto del primer impulso: no tener veinte a&ntilde;os y la seguridad necesaria para dar la vuelta al coche y perseguirte hasta la primera gasolinera, y no llevar en el maletero una escopeta con plomos del doce. Ahora, en fr&iacute;o, me alegro de que no se diera ninguna de esas circunstancias; pero el reconcome de la frustraci&oacute;n sigue d&aacute;ndome retortijones en la memoria. Por eso te dedico esta p&aacute;gina. <br /><br /><strong>A ver si te lo explico clarito, tonto del culo</strong>. Ya han estado a pique de matarme antes, varias veces. Igual se te hace raro; pero aparte el coche tuneado y la discoteca hay vidas que, si las administras y tienes suerte, dan algo de s&iacute;. Antes de que nos cruz&aacute;ramos ayer por la tarde, as&oacute;mbrate, me quisieron poner mirando a Triana con diversas herramientas y en varios idiomas. Fulanos negros, blancos, amarillos, cobrizos, o mitad y mitad. De todo, oyes. Te lo juro. Unos por casualidad y otros con ganas. Hasta en cierta ocasi&oacute;n, de jovencito, un fulano como un orangut&aacute;n empez&oacute; a tirarme navajazos en un puticlub de El Aai&uacute;n, y yo no ten&iacute;a con qu&eacute;; y si no llega a intervenir mi amigo el teniente Albaladejo rompi&eacute;ndole la cara, me quedo all&iacute; listo de papeles. <br /><br /><strong>Todav&iacute;a trago saliva al acordarme</strong>. Pero no s&oacute;lo personas, ojo. Una vez, volando entre Larnaca y Beirut &ndash;que est&aacute;n un poco m&aacute;s all&aacute; de Fuenlabrada&ndash;, peg&oacute; un rayo en el avi&oacute;n. No veas el acojone. Y hasta el mar, que es muy borde cuando se cabrea, lo intenta alguna vez. Imag&iacute;nate: yo blasfemando, mojado hasta el ombligo y con las u&ntilde;as sangrando, y &eacute;l dale que te pego, viento y olas que te rilas. Pero tengo suerte, t&iacute;o. Y aqu&iacute; me tienes. Cont&aacute;ndotelo. <br /><br /><strong>Comprender&aacute;s, considerado eso, que habr&iacute;a tenido mucha guasa no palmar en Sarajevo ni en el golfo de Le&oacute;n</strong>, por ejemplo, para que t&uacute; me dieras matarile en la curva del bar de Marcelino. Llev&aacute;ndome adem&aacute;s, como &uacute;ltima imagen, no un paisaje bonito, un cuerpo de mujer o el rostro de amigos y gente querida, sino tu est&uacute;pida cara de cretino con cresta engomada salt&aacute;ndose la continua. Haber visto en dos absurdos segundos mi vida &ndash;o la de cualquier ciudadano al que el azar hubiese puesto en mi lugar en ese momento&ndash; interrumpida, rota, truncada, aniquilada por un cateto irresponsable que perd&iacute;a el control del volante porque iba con prisa por recoger a su Yenifer, pasado de copas o de lo otro, se cre&iacute;a Fernando Alonso con un Ferrari, o conduc&iacute;a distra&iacute;do y rasc&aacute;ndose los huevos. As&iacute; que, mira. Como soy un fulano m&aacute;s bien correoso, poco inclinado a poner la otra mejilla y a la compasi&oacute;n hacia quien no la merece, espero que no te tomes a mal, dadas las circunstancias, dos detalles personales: que me cisque en tus muertos m&aacute;s frescos, y que desee con toda sinceridad, ya que amas la emoci&oacute;n automovil&iacute;stica, que uno de estos d&iacute;as pongas el coche a doscientos cuarenta, o lo que d&eacute; de s&iacute;, y te estampes contra una pared. Chof. T&uacute; solo, o sea. Sin implicar a nadie. Hijo de la gran puta.</span></p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]></description>            <pubDate>Sun, 09 Oct 2011 10:36:56 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Un muchacho con un libro. P&amp;eacute;rez Reverte. El Semanal.</title>            <link>http://gaviota72.blogcindario.com/2011/10/00423-un-muchacho-con-un-libro-perez-reverte-el-semanal.html</link>            <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td valign="middle"><table bgcolor="#666666" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 100%; height: 94px;"><tbody><tr><td width="5"></td><td><span class="firmatitulo2"><strong>Un muchacho con un libro</strong></span></td></tr><tr><td class="firmatitulo1" width="5"></td><td class="firmatitulo1"><strong></strong></td></tr></tbody></table></td><!--<td width="8" rowspan=2 valign=top><img src="/xlsemanal_files/publico/firmas/firma_dcha3.gif" width="8" height="64"></td>--></tr><tr><td colspan="3"><img height="5" src="/xlsemanal_files/publico/comun/1x1.gif" width="1" /></td></tr></tbody></table><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td width="8"></td><td class="firmatexto" valign="top" width="370"><strong>Estoy sentado donde suelo</strong> hacerlo cuando me encuentro en la plaza Mayor de Madrid, que es la terraza del bar Andaluz. Me gusta instalarme all&iacute; con un libro al sol de invierno o a la sombra del verano; y de vez en cuando, levantando la mirada, ver pasar a la gente o conversar con los camareros: dos viejos amigos que, desde su privilegiado observatorio, toman el pulso diario a la condici&oacute;n humana con singular sabidur&iacute;a y precisi&oacute;n. Estoy all&iacute;, como digo, observando a ratos a los habituales que se buscan la vida en la plaza: el acordeonista virtuoso aunque no siempre oportuno, el que hace pompas de jab&oacute;n, el Spiderman barrigudo que se fotograf&iacute;a con los paseantes. Y observo, una vez m&aacute;s, que la pe&ntilde;a resulta agarrad&iacute;sima a la hora de aforar una chapa. Igual dan guiris o de aqu&iacute;: ven a Bart Simpson en la plaza, se ponen al lado para hacerse una foto, y luego se largan sin dar las gracias ni soltar, por supuesto, una peque&ntilde;a propina. Dando por sentado, los miserables, que el fulano que pasa todo el d&iacute;a al sol con tres kilos de pa&ntilde;o encima est&aacute; all&iacute; por simpat&iacute;a y amor al arte, para que ellos se hagan fotos sonriendo felices, por la cara. <br /><strong>En una mesa cercana</strong> hay un muchacho que lee un libro. Tiene unos diecisiete o dieciocho a&ntilde;os, est&aacute; solo, y llama la atenci&oacute;n porque no es frecuente encontrar lectores en este paraje. Est&aacute; concentrado en las p&aacute;ginas, y de vez en cuando cierra el libro y se queda mirando la plaza sin verla, con la expresi&oacute;n de quien permanece ajeno a cuanto ocurre ante sus ojos. Con esa mirada ausente que todo lector conoce como propia: la de quien se detiene en el acto de leer pero no interrumpe la lectura, sino que sigue inmerso en las im&aacute;genes o las ideas que el libro suscita. Uno de los camareros pasa por mi lado y sonr&iacute;e dirigi&eacute;ndole una mirada de simpat&iacute;a al muchacho, como si dijera: ah&iacute; tiene usted a un potencial cliente, o por lo menos a un colega devorador de letra impresa. <br /><strong>Me pregunto qu&eacute; lee el muchacho</strong>. Por qu&eacute; mundos andar&aacute;, merced al libro que tiene en las manos. Con la curiosidad natural entre hermanos de la costa, hago esfuerzos por ver la tapa del volumen, arriesgando descoyuntarme las cervicales. Por el grosor y formato, parece una novela. No consigo ver el t&iacute;tulo ni la portada. Lo que est&aacute; claro es que al joven le interesa mucho lo que lee, pues pasa las p&aacute;ginas con la decisi&oacute;n del lector seguro de s&iacute;; y cuando levanta la vista sostiene el volumen con ese tacto familiar, confianzudo, de quien siente con un libro en las manos el mismo consuelo, o confianza, que un pistolero al sopesar un rev&oacute;lver con seis balas en el tambor. Mucho se equivocan, pienso una vez m&aacute;s, quienes afirman que una tableta electr&oacute;nica borrar&aacute; el libro de papel de las necesidades humanas. Porque un libro no sirve s&oacute;lo para leer. Sirve tambi&eacute;n para que su peso tranquilice las manos lectoras, para subrayar y ajar sus p&aacute;ginas con el uso, para regalar el ejemplar le&iacute;do a personas a las que quieres. Para ver amarillear sus p&aacute;ginas con los a&ntilde;os sobre los viejos subrayados que hiciste cuando eras distinto a quien ahora eres. Para decorar &ndash;no hay cuadro ni objeto comparable en belleza&ndash; una habitaci&oacute;n o una casa. Para amueblar una vida. <br /><strong>El muchacho ha cerrado el libro</strong> y me parece advertir, aunque no distingo t&iacute;tulo ni autor, una ilustraci&oacute;n en la tapa que parece un velero antiguo. Quiz&aacute; se trate de una novela sobre el mar, concluyo. Tal vez en este momento el muchacho no est&aacute; aqu&iacute; sino empe&ntilde;ado a ca&ntilde;onazos, corriendo un temporal con s&oacute;lo la gavia rizada del trinquete, apretando los dientes mientras empu&ntilde;a el arp&oacute;n. Quiz&aacute; en este momento navegue hacia islas a las que nunca llegan &oacute;rdenes de captura, busque a los n&aacute;ufragos del Raquel, recorra entre astillazos la cubierta de la Suprise, o ice la bandera del corsario alem&aacute;n Emdem para el &uacute;ltimo combate en las islas Cocos. Quiz&aacute; &ndash;o sin duda&ndash; ese joven lector ha descubierto ya que para adue&ntilde;arse c&oacute;modamente de &eacute;sos y otros mundos, para llenar la existencia propia de experiencias ajenas y vivir mil vidas que de otro modo ser&iacute;an imposibles, basta con abrir las tapas de un libro. Al fin, el muchacho cierra su volumen, lo guarda en la mochila y se marcha. Lo sigo con la vista, dese&aacute;ndole silenciosamente suerte en zafarranchos, temporales y arribadas. Que tengas buen viento y buena caza, chaval. Le deseo. Que la vida te depare valor en combates y abordajes, dignidad en las derrotas, serenidad en los naufragios, amigos leales y hermosas mujeres a bordo o esper&aacute;ndote en los puertos. Y mientras se aleja me parece verlo caminar balance&aacute;ndose ligeramente, tranquilo, alerta, afirmando los pies con seguridad a cada paso. Como si en ese momento cruzara su particular l&iacute;nea de sombra pisando la cubierta inestable de un barco, y en el libro que lleva en la mochila hubiese aprendido c&oacute;mo hacerlo.</td></tr><tr><td width="8"></td><td valign="top" width="370"><!-- valora --></td></tr></tbody></table>]]></description>            <pubDate>Mon, 03 Oct 2011 08:28:49 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Tirachinas para el nene. P&amp;eacute;rez Reverte. El Semanal.</title>            <link>http://gaviota72.blogcindario.com/2011/09/00422-tirachinas-para-el-nene-perez-reverte-el-semanal.html</link>            <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td valign="middle"><table bgcolor="#666666" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 100%; height: 94px;"><tbody><tr><td width="5"></td><td><span class="firmatitulo2"><strong>Tirachinas para el nene</strong></span></td></tr><tr><td class="firmatitulo1" width="5"></td><td class="firmatitulo1"><strong></strong></td></tr></tbody></table></td><!--<td width="8" rowspan=2 valign=top><img src="/xlsemanal_files/publico/firmas/firma_dcha3.gif" width="8" height="64"></td>--></tr><tr><td colspan="3"><img height="5" src="/xlsemanal_files/publico/comun/1x1.gif" width="1" /></td></tr></tbody></table><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td width="8"></td><td class="firmatexto" valign="top" width="370"><strong>Hoy vamos a jugar</strong>, si les parece, al bonito juego de imaginar absurdos. Imaginemos, por ejemplo, que usted lleva a sus ni&ntilde;os a las fiestas del cole, o al recinto infantil de las de su pueblo; y all&iacute;, presidiendo el despliegue de globos, chuches, cuentacuentos, columpios y colchonetas de gomaespuma, ve un cartel&oacute;n enorme en el que, junto a la imagen de un muchacho con rostro oculto por pasamonta&ntilde;as, que tensa en las manos un tirachinas con tornillo gordo o bola de acero dentro, figuran las palabras &laquo;Prep&aacute;rate para luchar&raquo;. S&eacute; que suena a barbaridad, en efecto. La est&uacute;pida posibilidad. En el sentido, adem&aacute;s, literal de la palabra b&aacute;rbaro. Pero, en fin. Una vez imaginado eso, imagine tambi&eacute;n cu&aacute;l ser&iacute;a su reacci&oacute;n. O perm&iacute;tamelo a m&iacute;, si le da pereza. Como cualquier padre normal, se llevar&iacute;a &ndash;nos llevar&iacute;amos&ndash; de all&iacute; a las criaturas con una rapidez que pulverizar&iacute;a varios r&eacute;cords ol&iacute;mpicos. Y acto seguido, tras poner a los ni&ntilde;os a buen recaudo, y en uni&oacute;n de otros padres a los que supongo tan indignados como usted o yo, montar&iacute;a un pifostio de aqu&iacute; te espero. Exigiendo, como m&iacute;nimo, la cabeza del director del colegio o del alcalde responsables de tolerar semejante atrocidad. <br /><strong>Parece l&oacute;gico, &iquest;verdad?</strong> Pues se equivoca usted y me equivoco yo. Valga como prueba una foto que, hecho curioso, apenas ha merecido comentarios en este pa&iacute;s delirante donde cualquier disparate se considera lo m&aacute;s natural del mundo. Se tom&oacute; durante las fiestas del pueblo navarro de Leiza, y sobre ella podr&iacute;an escribirse varias tesis doctorales. Muestra una carpa municipal, la del recinto infantil, presidida por un cartel&oacute;n enorme cuyo centro est&aacute; ocupado por la imagen amenazadora &ndash;est&eacute;ticamente muy lograda, estilo Banksy&ndash; de un joven con gorro de lana y rostro cubierto por un pa&ntilde;uelo, que tensa su tirachinas junto a una estrella roja y solitaria que tambi&eacute;n decora el pa&ntilde;uelo. Y la imagen, situada dentro de un c&iacute;rculo negro, est&aacute; flanqueada por dos frases en letra may&uacute;scula y con signos de exclamaci&oacute;n: &laquo;Independetzia eta sozialismoa&raquo;, que no necesita traducci&oacute;n, y &laquo;Borrokatu Antolatu&raquo;; que, si mi limitad&iacute;simo euskera no me enga&ntilde;a &ndash;aunque todo puede ocurrir&ndash;, significa prep&aacute;rate para luchar, asume la lucha o algo parecido. <br /><strong>Pero oigan</strong>. Lo estremecedor no es el cartel, que a fin de cuentas puede verse pintado en cualquier pared del Pa&iacute;s Vasco o la Navarra irredenta, sino las mam&aacute;s. Porque la escena, tirachinas y borrokatu aparte, est&aacute; llena de ni&ntilde;os y mam&aacute;s. Los enanos, de ambos sexos y sexas, tienen entre tres y siete a&ntilde;os, y andan por all&iacute; con globos y chupando caramelos pringosos. Las madres atienden a sus reto&ntilde;os en compa&ntilde;&iacute;a de monitoras &ndash;deliciosa est&eacute;tica Nekane&ndash; con absoluta naturalidad, infl&aacute;ndole el globito a uno, limpi&aacute;ndole los mocos a otra y cosas as&iacute;. Incluso hay una mam&aacute;, a la izquierda, que sostiene lo que a primera vista parece una pistolita amarilla mon&iacute;sima, perteneciente a su criatura de tres a&ntilde;os, pero que tras una observaci&oacute;n detenida resulta ser una bolsa de patatas fritas apretada en la mano. Y todas esas mam&aacute;s, como digo, est&aacute;n ah&iacute; con sus tiernos infantes, dej&aacute;ndolos impregnarse bien del esp&iacute;ritu festivo del pueblo leizatarra, o como se diga. Esperanzadas y orgullosas, supongo &ndash;ante ese cartel&oacute;n descomunal, indiferentes o distra&iacute;das ser&iacute;a imposible&ndash;, de que sus v&aacute;stagos tomen buena nota de cu&aacute;les son las urgencias del pueblo y de la patria. Y as&iacute;, el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, cada vez que esos ni&ntilde;os, para entonces hombres y mujeres hechos y derechos y hechas y derechas, vean un tirachinas y un pasamonta&ntilde;as, les pasar&aacute; lo que a los trianeros les ocurre en Semana Santa cuando pasa el Cachorro; que lloran como magdalenas, y a quienes los miran asombrados les comentan: &laquo;Es que para entender esto, que por la gloria de mi madre es lo m&aacute;s grande del mundo, hay que haber nacido en Sevilla&raquo;. <br /><strong>Y es que ciertas cosas hay que verlas en su contexto</strong>. En Leiza &ndash;tres asesinados por ETA en su limpio historial&ndash;, las madres, los ni&ntilde;os y el resto de la sociedad, privados por la cara de independencia y socialismo, gimen bajo la bota de Espa&ntilde;a, cuyos txakurras y cipayos encarcelan a heroicos gudaris mientras el Estado fascista construye carreteras y trenes de alta velocidad que destruir&aacute;n el paisaje de una Euskadi ut&oacute;pica y feliz, parecida a la Irlanda postiza de El hombre tranquilo: vacas pastando, humo de caser&iacute;os entre la foresta y fornidos aizkolaris socios del Atl&eacute;tico de Bilbao. De ah&iacute; la necesidad de formar, desde la cuna, a peque&ntilde;os gudaritos que el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, cada vez que vean un pasamonta&ntilde;as y un tirachinas, lloren emocionados recordando los festejos entra&ntilde;ables de su tierna infancia. Diciendo, como en Sevilla, que para entender eso &ndash;por la gloria de sus madres&ndash; hay que tener el orgullo de haber nacido en Leiza.</td></tr><tr><td width="8"></td><td valign="top" width="370"><!-- valora --></td></tr></tbody></table><p>&nbsp;</p>]]></description>            <pubDate>Mon, 19 Sep 2011 08:30:00 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Saludando no es gerundio. P&amp;eacute;rez Reverte. El Semanal.</title>            <link>http://gaviota72.blogcindario.com/2011/09/00421-saludando-no-es-gerundio-perez-reverte-el-semanal.html</link>            <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td valign="middle"><table bgcolor="#666666" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 100%; height: 94px;"><tbody><tr><td><span class="firmatitulo2"><strong>Saludando no es gerundio</strong></span></td></tr><tr><td class="firmatitulo1" width="5"></td><td class="firmatitulo1"><strong></strong></td></tr></tbody></table></td><!--<td width="8" rowspan=2 valign=top><img src="/xlsemanal_files/publico/firmas/firma_dcha3.gif" width="8" height="64"></td>--></tr><tr><td colspan="3"><img height="5" src="/xlsemanal_files/publico/comun/1x1.gif" width="1" /></td></tr></tbody></table><table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="width: 400px;"><tbody><tr><td width="8"></td><td class="firmatexto" valign="top" width="370"><strong>No s&eacute; si se habr&aacute;n fijado</strong>, aunque supongo que s&iacute;. Que se fijan. Cada vez resulta m&aacute;s inusual que alguien, al interpelar a otro en busca de un servicio o una informaci&oacute;n, recurra a la correct&iacute;sima y tradicional f&oacute;rmula &laquo;por favor&raquo;, y mucho menos que anteponga un cort&eacute;s &laquo;buenos d&iacute;as&raquo;. Por lo com&uacute;n, la pe&ntilde;a suele abordarse sin proleg&oacute;menos, a bocajarro, en plan compadres que frecuenten el mismo puticlub, sustituyendo el saludo de toda la vida por una frase absurda que en los &uacute;ltimos tiempos ha hecho fortuna en Espa&ntilde;a, y que permite identificar de lejos a un compatriota, o lo que seamos ahora, en cualquier latitud y longitud: ese bajuno &laquo;oye, perdona&raquo;, acentuado por el infame tuteo con que resolvemos, tanto con abuelos como con ni&ntilde;os, nuestra vida social. No hace mucho, en un local muy correcto de Par&iacute;s, tras escuchar en una mesa vecina un sonoro &laquo;oye, perdona&raquo;, vi a un estirado camarero gabacho hacerse el sueco ante dos turistas espa&ntilde;oles ya maduritos. Con mi silencioso, &iacute;ntimo y &ndash;no me averg&uuml;enza confesarlo&ndash; perverso regodeo. <br /><strong>En cuanto al &laquo;buenos d&iacute;as&raquo; cuando nos cruzamos con un presunto semejante</strong>, ni les cuento. No hay quien lo extraiga ni con alicates. Naturalmente, no hablo de ir por las ramblas de Barcelona o la Puerta del Sol de Madrid diciendo buenos d&iacute;as a todo cristo, como un imb&eacute;cil. Hay momentos y momentos. Pero es cierto que cualquier clase de saludo, cuando nos encontramos con una persona s&oacute;lo vagamente conocida, o con desconocidos a quienes las circunstancias acercan de modo particular, se hace cada vez m&aacute;s raro. Incluso cuando eres t&uacute; quien toma la iniciativa y saluda primero, hay muchas probabilidades de que el interpelado no responda y pase por tu lado sin decir esta boca es m&iacute;a. <br /><strong>Un ejemplo. Amarro desde hace veinte a&ntilde;os</strong> en un puertecito mediterr&aacute;neo de ambiente tradicional. En sus muelles, pantalanes e instalaciones me cruzo con propietarios de barcos, marinos extranjeros en tr&aacute;nsito, marineros y socios de club n&aacute;utico. Ante ellos, los conozca o no, el reflejo natural es decir &laquo;buenos d&iacute;as&raquo;. Los navegantes extranjeros, habituales o de paso, saludan casi siempre, aunque no te conozcan. Con frecuencia toman la iniciativa, incluyendo una sonrisa amistosa. Los espa&ntilde;oles, por el contrario, suelen pasar contemplando el horizonte, interesad&iacute;simos por alguna gaviota que all&iacute; planee. Ni ven, ni oyen, ni hablan. Y cuando lo hacen casi nunca es por impulso propio, sino en respuesta a tu &laquo;buenos d&iacute;as&raquo; o &laquo;buenas tardes&raquo;. En lo que a la gente joven se refiere, extraordinario es que digan al menos &laquo;hola&raquo;. Cruzan impasibles sin mirarte, saludes como saludes, a pesar de que, en lo de responder a saludos de vecinos y conocidos, los ni&ntilde;os son mejores que los padres; quiz&aacute; porque el instinto de su poca edad y el colegio reciente los hacen respetar un poco m&aacute;s a los adultos. <br /><strong>Otro ejemplo personal, aunque transferible</strong>: vivo en la sierra de Madrid y camino a diario. A veces encuentro a otros paseantes, y es pintoresca la actitud de buena parte de ellos. Mientras se acercan desv&iacute;an la mirada, como si no te vieran; y si no dices nada, pasan vueltos hacia otro lado, mudos. S&oacute;lo cuando apuntas &laquo;buenos d&iacute;as&raquo; responden apresuradamente, a veces cuando ya est&aacute;n a tu espalda. Quienes lo hacen. Otros siguen adelante, imperturbables. No va con ellos. La m&aacute;s notable es una se&ntilde;ora &ndash;la llamo se&ntilde;ora con razonables reservas&ndash; con la que me encuentro a menudo. La he visto hacerse mayor, dos veces embarazada, y ahora camina con dificultad a causa de un accidente o una dolencia. Ni una sola vez ese trozo de carne con patas respondi&oacute; al &laquo;buenos d&iacute;as&raquo; que le dirig&iacute; durante veinte a&ntilde;os. Hasta que me cans&eacute; de hacerlo. <br /><strong>Pero cada cual tiene su manera de vengarse</strong>. A veces, si voy en plan cabroncete y alguien llega de frente, hago como &eacute;l: mirar con fijeza hacia la lejan&iacute;a o el suelo, cual si algo all&iacute; atrajese mi atenci&oacute;n. Y luego, al llegar a su lado, lo miro de pronto y disparo un &laquo;buenos d&iacute;as&raquo; inesperado, casi agresivo, que suele pillar al sujeto de improviso; saludo ante el que balbucea una desconcertada o presurosa respuesta, mientras yo me alejo riendo entre dientes, arf, arf, arf. Como el perro Pulgoso. <br /> <strong>Supongo que cualquiera de ustedes conoce</strong> casos parecidos en los que oficie de protagonista activo o pasivo. Pero no creo que deban atribuirse siempre a groser&iacute;a o mala voluntad. Muchas veces se trata s&oacute;lo de incertidumbre y timidez social, fruto de una educaci&oacute;n deficiente: la inseguridad de no tener claros, desde ni&ntilde;os, los usos elementales de cortes&iacute;a y convivencia. Y no deja de ser contradictorio, en esta Espa&ntilde;a saturada de demagogia idiota, buen rollito y compadreo cantama&ntilde;anas, que despreciemos de ese modo las f&oacute;rmulas que, precisamente, ayudan a que la sociedad de los seres humanos sea soportable.</td></tr></tbody></table><p>&nbsp;</p>]]></description>            <pubDate>Sun, 11 Sep 2011 09:48:42 +0100</pubDate>        </item>    </channel></rss>
