Lunes, 02 de mayo de 2011
Publicado por Salazara72 @ 9:00
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Cediendo el paso. O no

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Una de las cosas que
estamos logrando entre todos es el
desconcierto absoluto en materia de
correcci?n pol?tica. El bombardeo de estupidez mezclada con causas nobles y la
contaminaci?n de ?stas, los c?mplices que se apuntan por el qu? dir?n, la gente
de buena voluntad desorientada por los golfos -y golfas, seamos paritarios- que
lo convierten todo en negocio subvencionado, la falta de formaci?n que permita
sobrevivir al maremoto de imb?ciles que nos inunda, arrasa y asfixia, ha
conseguido que la pe?a vague por ah? sin saber ya a qu? atenerse. Sin osar dar
un paso con naturalidad, expresar una opini?n, incluso hacer determinados gestos
o movimientos, por miedo a que consecuencias inesperadas, cr?ticas furiosas,
sanciones sociales, incluso multas y expedientes administrativos, se vuelvan de
pronto contra uno y lo hagan filetes.

Voy a poner dos ejemplos
calentitos. Uno es el del amigo que
hace una semana, al ceder el paso a una
mujer -aqu? ser?a inexacto decir a una se?ora- en la entrada a un edificio,
encontr?, para su sorpresa, que la individua no s?lo se detuvo en seco,
neg?ndose a pasar primero, sino que adem?s, airada, le escupi? al rostro la
palabra ?machista?. As? que imaginen la estupefacci?n de mi amigo, su cara de
pardillo manteniendo la puerta abierta, sin saber qu? hacer. Pregunt?ndose si,
en caso de tratarse de un hombre, a los que tambi?n cede el paso por simple
reflejo de buena educaci?n, lo llamar?an ?feminista?. Con el agravante de que,
ante la posibilidad de que el supuesto var?n fuese homosexual -en tal caso,
quiz? deber?a pasar delante-, o la se?ora fuese lesbiana -quiz? deber?a
sostenerle ella la puerta a ?l-, habr?a debido adivinarlo, intuirlo o suponerlo
antes de establecer si lo correcto era pasar primero o no. O de saber si en todo
caso, con apresurarse para ir primero y cerrar la puerta en las narices del
otro, fuera quien fuese, quedar?a resuelto el dilema, trilema o tetralema, de
modo satisfactorio para todos.

Pero mi drama no acaba ah?, comentaba
mi amigo. Porque desde
ese d?a, a?adi?, no paro de darle vueltas. ?Qu? pasa
si me encuentro en una puerta con un indio maya, un moro de la morer?a o un
africano subsahariano de piel oscura, antes llamado sint?ticamente negro? ?Le
cedo el paso o no se lo cedo? Si paso delante, ?me llamar? racista? Si le
sostengo la puerta para que pase, ?no parecer? un gesto paternalista y
neocolonial? ?Contravengo con ello la ley de Igualdad de Trato o Truco? ?Y si es
mujer, feminista y, adem?s, afrosaharianasubnegra? ?C?mo me organizo? ?Debo
procurar que pasemos los dos a la vez, aunque la puerta sea estrecha y no
quepamos?... Pero a?n puede ser peor. ?Y si se trata de un disminuido o
disminuida f?sico o f?sica? ?Cederle el paso o la pasa no ser?, a ojos suyos o
de terceros, evidenciar de modo humillante una presunta desigualdad, vulnerando
as? la exquisita igualdad a que me obliga la dura lex sed lex, duralex? ?Debo
echar una carrerilla y pasar con tiempo suficiente para que la puerta se haya
cerrado de nuevo cuando llegue el otro, y maric?n, perd?n, elegeteb? el
?ltimo?... Por otra parte, si de pronto me pongo a correr, ?se interpretar? como
una provocaci?n paral?mpica fascista? ?Debo hacer como que no veo la silla de
ruedas?... O sea, ?hay alguien capaz de atarme esas moscas por el rabo?


Y bueno. Si a tales insomnios nos enfrentamos los adultos, que
supuestamente disponemos de referencias y de sentido com?n para buscarnos la
vida, calculen lo que est? pasando con los ni?os, sometidos por una parte al
est?pido lavado de cerebro de los adultos y enfrentados a ?ste con la implacable
y honrada l?gica, todav?a no contaminada de gilipollez, de sus pocos a?os. El
pen?ltimo caso me lo refiri? una maestra. Un ni?o de cuatro a?os hab?a hecho una
travesura en clase, molestando a sus compa?eros; y al verse reprendido ante los
dem?s, un poco mosca, pregunt? qui?n lo hab?a delatado. ?Fulanita, por ejemplo
-dijo la maestra se?alando a una ni?a rubia y de ojos azules-, dice que eres muy
travieso y no la dejas trabajar tranquila.? Entonces la criatura -cuatro a?os,
insisto- se volvi? despacio a mirar a la ni?a y dijo en voz baja, pero audible:
?Pues le voy a partir la boca, por chivata?. Escandalizada, la maestra le afe?
la intenci?n al ni?o, diciendo entre otras cosas que a las ni?as no hay que
pegarles nunca, etc?tera. Que eso es lo peor del mundo, lo m?s vil, cobarde y
malvado. Y entonces el enano cabr?n, tras meditarlo un momento, muy sereno y muy
l?gico, respondi?: ??Por qu?? ?Es que no son iguales que los ni?os??.

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