domingo, 27 de marzo de 2011
Publicado por Salazara72 @ 10:36
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Echando pan a los patos











Echando pan a los patos











Me pregunto a qué están
esperando en España, con lo
aficionados que somos a correr delante de la
locomotora, y al que no quiera correr, obligarlo por decreto. A más de un
político aficionado a la psicopedagogía de laboratorio y a la lengua hablada y
escrita controlada por ley, debería gotearle el colmillo: hay más humo con el
que marear la perdiz. Más posibilidades de que la peña, propensa a desviarse de
pitones cuando le agitan un capote desde la barrera, no piense en lo que debe
pensar, la que está cayendo y va a caer. Buenos ratos echando pan a los patos.


Hace un par de meses, una editorial gringa publicó ediciones
políticamente correctas del Huckleberry Finn y el Tom Sawyer
de Mark Twain en las que, además de retocar crudezas propias del habla de la
época, se elimina la palabra nigger, que significa negro. Los alumnos se
escandalizaban, arguyó el responsable: un profesor de Alabama que, en vez de
explicar a sus escandalizables alumnos que los personajes de Twain usan un
lenguaje propio de su época y carácter -Joseph Conrad tituló una novela The
nigger of the Narcissus
-, prefiere falsear el texto original, infiltrando
anacronismos que encajen en las mojigatas maneras de hoy. Convirtiendo el ácido
natural, propio de aquellos tiempos, en empalagosa mermelada para tontos del
ciruelo y la ciruela.

Coincide la cosa con que el ministerio de
Cultura francés,
confundiendo la palabra conmemorar con la de
celebrar, excluya a Louis-Ferdinand Céline de las conmemoraciones de este
año, cuando se cumplen cincuenta del fallecimiento del escritor. Que fue pésima
persona, antisemita y colaborador de la Gestapo -como, por otra parte, miles de
compatriotas suyos-, y autor de un sucio panfleto antijudío titulado
Bagatelle pour un massacre; pero que también es uno de los grandes
novelistas del siglo XX, el más importante en Francia junto a Proust, y cuyo
Viaje al fin de la noche transforma, con inmenso talento narrativo, una
muy turbia sordidez en asombrosa belleza literaria. Eso demuestra, entre otras
cosas, que un retorcido miserable puede ser escritor extraordinario; y que un
artista no está obligado a ser socialmente correcto, sino que puede, y debe,
situarnos en los puntos de vista oscuros. En el pozo negro de la condición
humana y sus variadas infamias.

Así que, españoles todos, oído al
parche. Suponiendo
-tal vez sea mucho suponer- que quienes vigilan a golpe
de ley nuestra salud física y moral sepan quiénes son Twain o Céline, imaginen
las posibilidades que esto les ofrece para tocarnos un poquito más los
cojones... ¿Qué son bagatelas como prohibir el tabaco o convertir en delito el
uso correcto de la lengua española, comparadas con reescribir, obligando por
decreto, tres mil años de literatura, historia y filosofía éticamente
dudosas?... ¿A qué esperan para que en los colegios españoles se revise o
prohíba cuanto no encaje en el bosquecito de Bambi?... ¿Qué pasa con esas
traducciones fascistas de Moby Dick donde se matan ballenas pese a los
convenios internacionales de ahora?... ¿Y con Phileas Fogg, tratando a su criado
Passepartout como si desde Julio Verne acá no hubiera habido lucha de clases?...
¿Vamos a dejar que se vaya de rositas el marqués de Sade con sus menores de edad
desfloradas y sodomizadas antes de la existencia del telediario?... ¿Y qué pasa
con la historia y la literatura españolas?... ¿Hasta cuándo seguirá en las
librerías la vida repugnante de un asesino de hombres y animales llamado Pascual
Duarte?... ¿Cómo es posible que al genocida de indios Bernal Díaz del Castillo
lo estudien en las escuelas?... Y ahora que todos somos iguales ante la ley y el
orden, ¿por qué no puede Sancho Panza ser hidalgo como don Quijote; o, mejor
todavía, éste plebeyo como Sancho?... ¿A qué esperamos para convertir lo de
Fernán González y la batalla de Covarrubias en el tributo de las Cien doncellas
y doncellos?... ¿Cómo un machista homófobo y antisemita como Quevedo, que se
choteaba de los jorobados y escribió una grosería llamada Gracias y
desgracias del ojo del culo
, no ha sido apeado todavía de los libros
escolares?... En cuanto a la infame frase Viva España, que como todo el
mundo sabe fue inventada por Franco en 1936, ¿por qué no se elimina en boca de
numerosos personajes de los Episodios nacionales de Galdós, donde afrenta
a las múltiples y diversas naciones que, ellas sí, nos conforman y
enriquecen?... ¿Y cómo no se ha expurgado todavía El cantar del Cid de
las 118 veces que utiliza la palabra moro, sustituyéndola por
hispano-magrebí de religión islámica, y buscándole de paso, para no
estropear el verso, la rima adecuada?

Por fortuna no leen, ni creo
que en el futuro lo hagan.
Tranquilos. El peligro es mínimo. Menos mal que
esos pretenciosos analfabetos, dueños del Boletín Oficial, no han abierto un
libro en su puta vida.















Echando pan a los patos











Me pregunto a qué están
esperando en España, con lo
aficionados que somos a correr delante de la
locomotora, y al que no quiera correr, obligarlo por decreto. A más de un
político aficionado a la psicopedagogía de laboratorio y a la lengua hablada y
escrita controlada por ley, debería gotearle el colmillo: hay más humo con el
que marear la perdiz. Más posibilidades de que la peña, propensa a desviarse de
pitones cuando le agitan un capote desde la barrera, no piense en lo que debe
pensar, la que está cayendo y va a caer. Buenos ratos echando pan a los patos.


Hace un par de meses, una editorial gringa publicó ediciones
políticamente correctas del Huckleberry Finn y el Tom Sawyer
de Mark Twain en las que, además de retocar crudezas propias del habla de la
época, se elimina la palabra nigger, que significa negro. Los alumnos se
escandalizaban, arguyó el responsable: un profesor de Alabama que, en vez de
explicar a sus escandalizables alumnos que los personajes de Twain usan un
lenguaje propio de su época y carácter -Joseph Conrad tituló una novela The
nigger of the Narcissus
-, prefiere falsear el texto original, infiltrando
anacronismos que encajen en las mojigatas maneras de hoy. Convirtiendo el ácido
natural, propio de aquellos tiempos, en empalagosa mermelada para tontos del
ciruelo y la ciruela.

Coincide la cosa con que el ministerio de
Cultura francés,
confundiendo la palabra conmemorar con la de
celebrar, excluya a Louis-Ferdinand Céline de las conmemoraciones de este
año, cuando se cumplen cincuenta del fallecimiento del escritor. Que fue pésima
persona, antisemita y colaborador de la Gestapo -como, por otra parte, miles de
compatriotas suyos-, y autor de un sucio panfleto antijudío titulado
Bagatelle pour un massacre; pero que también es uno de los grandes
novelistas del siglo XX, el más importante en Francia junto a Proust, y cuyo
Viaje al fin de la noche transforma, con inmenso talento narrativo, una
muy turbia sordidez en asombrosa belleza literaria. Eso demuestra, entre otras
cosas, que un retorcido miserable puede ser escritor extraordinario; y que un
artista no está obligado a ser socialmente correcto, sino que puede, y debe,
situarnos en los puntos de vista oscuros. En el pozo negro de la condición
humana y sus variadas infamias.

Así que, españoles todos, oído al
parche. Suponiendo
-tal vez sea mucho suponer- que quienes vigilan a golpe
de ley nuestra salud física y moral sepan quiénes son Twain o Céline, imaginen
las posibilidades que esto les ofrece para tocarnos un poquito más los
cojones... ¿Qué son bagatelas como prohibir el tabaco o convertir en delito el
uso correcto de la lengua española, comparadas con reescribir, obligando por
decreto, tres mil años de literatura, historia y filosofía éticamente
dudosas?... ¿A qué esperan para que en los colegios españoles se revise o
prohíba cuanto no encaje en el bosquecito de Bambi?... ¿Qué pasa con esas
traducciones fascistas de Moby Dick donde se matan ballenas pese a los
convenios internacionales de ahora?... ¿Y con Phileas Fogg, tratando a su criado
Passepartout como si desde Julio Verne acá no hubiera habido lucha de clases?...
¿Vamos a dejar que se vaya de rositas el marqués de Sade con sus menores de edad
desfloradas y sodomizadas antes de la existencia del telediario?... ¿Y qué pasa
con la historia y la literatura españolas?... ¿Hasta cuándo seguirá en las
librerías la vida repugnante de un asesino de hombres y animales llamado Pascual
Duarte?... ¿Cómo es posible que al genocida de indios Bernal Díaz del Castillo
lo estudien en las escuelas?... Y ahora que todos somos iguales ante la ley y el
orden, ¿por qué no puede Sancho Panza ser hidalgo como don Quijote; o, mejor
todavía, éste plebeyo como Sancho?... ¿A qué esperamos para convertir lo de
Fernán González y la batalla de Covarrubias en el tributo de las Cien doncellas
y doncellos?... ¿Cómo un machista homófobo y antisemita como Quevedo, que se
choteaba de los jorobados y escribió una grosería llamada Gracias y
desgracias del ojo del culo
, no ha sido apeado todavía de los libros
escolares?... En cuanto a la infame frase Viva España, que como todo el
mundo sabe fue inventada por Franco en 1936, ¿por qué no se elimina en boca de
numerosos personajes de los Episodios nacionales de Galdós, donde afrenta
a las múltiples y diversas naciones que, ellas sí, nos conforman y
enriquecen?... ¿Y cómo no se ha expurgado todavía El cantar del Cid de
las 118 veces que utiliza la palabra moro, sustituyéndola por
hispano-magrebí de religión islámica, y buscándole de paso, para no
estropear el verso, la rima adecuada?

Por fortuna no leen, ni creo
que en el futuro lo hagan.
Tranquilos. El peligro es mínimo. Menos mal que
esos pretenciosos analfabetos, dueños del Boletín Oficial, no han abierto un
libro en su puta vida.


 











Me pregunto a qué están
esperando en España, con lo
aficionados que somos a correr delante de la
locomotora, y al que no quiera correr, obligarlo por decreto. A más de un
político aficionado a la psicopedagogía de laboratorio y a la lengua hablada y
escrita controlada por ley, debería gotearle el colmillo: hay más humo con el
que marear la perdiz. Más posibilidades de que la peña, propensa a desviarse de
pitones cuando le agitan un capote desde la barrera, no piense en lo que debe
pensar, la que está cayendo y va a caer. Buenos ratos echando pan a los patos.


Hace un par de meses, una editorial gringa publicó ediciones
políticamente correctas del Huckleberry Finn y el Tom Sawyer
de Mark Twain en las que, además de retocar crudezas propias del habla de la
época, se elimina la palabra nigger, que significa negro. Los alumnos se
escandalizaban, arguyó el responsable: un profesor de Alabama que, en vez de
explicar a sus escandalizables alumnos que los personajes de Twain usan un
lenguaje propio de su época y carácter -Joseph Conrad tituló una novela The
nigger of the Narcissus
-, prefiere falsear el texto original, infiltrando
anacronismos que encajen en las mojigatas maneras de hoy. Convirtiendo el ácido
natural, propio de aquellos tiempos, en empalagosa mermelada para tontos del
ciruelo y la ciruela.

Coincide la cosa con que el ministerio de
Cultura francés,
confundiendo la palabra conmemorar con la de
celebrar, excluya a Louis-Ferdinand Céline de las conmemoraciones de este
año, cuando se cumplen cincuenta del fallecimiento del escritor. Que fue pésima
persona, antisemita y colaborador de la Gestapo -como, por otra parte, miles de
compatriotas suyos-, y autor de un sucio panfleto antijudío titulado
Bagatelle pour un massacre; pero que también es uno de los grandes
novelistas del siglo XX, el más importante en Francia junto a Proust, y cuyo
Viaje al fin de la noche transforma, con inmenso talento narrativo, una
muy turbia sordidez en asombrosa belleza literaria. Eso demuestra, entre otras
cosas, que un retorcido miserable puede ser escritor extraordinario; y que un
artista no está obligado a ser socialmente correcto, sino que puede, y debe,
situarnos en los puntos de vista oscuros. En el pozo negro de la condición
humana y sus variadas infamias.

Así que, españoles todos, oído al
parche. Suponiendo
-tal vez sea mucho suponer- que quienes vigilan a golpe
de ley nuestra salud física y moral sepan quiénes son Twain o Céline, imaginen
las posibilidades que esto les ofrece para tocarnos un poquito más los
cojones... ¿Qué son bagatelas como prohibir el tabaco o convertir en delito el
uso correcto de la lengua española, comparadas con reescribir, obligando por
decreto, tres mil años de literatura, historia y filosofía éticamente
dudosas?... ¿A qué esperan para que en los colegios españoles se revise o
prohíba cuanto no encaje en el bosquecito de Bambi?... ¿Qué pasa con esas
traducciones fascistas de Moby Dick donde se matan ballenas pese a los
convenios internacionales de ahora?... ¿Y con Phileas Fogg, tratando a su criado
Passepartout como si desde Julio Verne acá no hubiera habido lucha de clases?...
¿Vamos a dejar que se vaya de rositas el marqués de Sade con sus menores de edad
desfloradas y sodomizadas antes de la existencia del telediario?... ¿Y qué pasa
con la historia y la literatura españolas?... ¿Hasta cuándo seguirá en las
librerías la vida re



 


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