La Troje De La Mies. A y J. María Antón Andrés.
Este libro formó parte de mi infancia.
Cuando Llovían Buñuelos.
Había una vez un pastor que era muy tonto, y su mujer era muy lista. Y tenían dos muchachos. Y se iba el marido todos los días a guardar las ovejas. Y un día estando con el ganado, se encontró un maletín. Le pegó una patada y como sonaba dijo:
¡Hombre¡ ¿ Qué es esto?
Y lo abrió y salieron muchas monedas. Y dijo él:
¡Hombre¡ ¡ Tiene redondos ¡Los voy a llevar para que jueguen los niños¡
Y se llevó cuatro o cinco. Y llegó a su casa y se los enseña a su mujer.
¡Mira Mariquita, lo que te traigo para que jueguen los muchachos¡ ¡Redondos¡
¿ Donde estaba esto?
Pues en el prado de tal.
¿ Y había muchos?
Allí había un trasto, que le pegué una patada.
Y dijo ella:
Si había muchos vamos a por ellos.
Y se fueron por ellos y los trajeron todos a casa. Y la mujer, como era muy lista compró unos chismes como buñuelos de vino, se subió al tejado, comenzó a tirarlos por la chimenea. Y el marido, que estaba en el hogar, voceaba a la mujer:
¡Mariquita, que llueve bueñuelos¡ ¡Mariquita, que llueve buñuelos¡
Y ella no hizo caso. Luego salió a la cuadra, en la cual tenían un borrico y puso una mesa, con un santo y dos velas encendidas. Y salió el marido a la cuadra y al encontrarse con el borrico ante la mesa, voceó a Mariquita otra vez:
¡ Mariquita, que está el burro diciendo Misa¡ ¡ Mariquita, que está el burro diciendo Misa¡
Y ella no le hizo caso.
Al otro día el marido almorzó y marchó al campo como de costumbre. Y estando con el ganado, llegó un señor montado a caballo y le dijo:
Oiga Pastor,¿ no habrá visto usted por aquí quién se ha encontrado un maletín?
Ah no señor¡ no se quién se lo habrá encontrado, como no sea un trasto que le di ayer una patada.
Ah, pues entonces si¡...¿ usted no tendría inconveniente en ir a casa a enseñármelo?
No, no señor. Yo lo que Mariquita diga...
Y dejó el ganado a otro pastor que había allí cerca, y se fueron los dos a casa del pastor. Al llegar a la puerta dice el pastor:
¡ Oye Mariquita¡ ¡ A ver esos redondos o esos trastos que trajimos anoche tu y yo¡
¡Pero qué redondos ni que demonios¡
Pero mujer,¿ no te acuerdas cuando traje cuatro o cinco redondos para los chicos y me dijiste que si había más y fuimos a por ellos?
Pero tú no estás en tu sano juicio hombre¡ Pero ¿ cuándo he ido contigo por redondos ni por ninguna otra cosa?
Y dice el marido:
Pero¿ no te acuerdas cuando llovía buñuelos y el burro estaba diciendo Misa?
Y dice el otro señor:
Quede con Dios señora, que bastante desgracia tiene.