Fragmentos.
viernes, 07 de marzo de 2008
Publicado por Salazara72 a las 11:52 | 0 Comentarios | Enviar


El Amor de los  Amores.(continuación) Carolina Coronado.

 

 

Como lirio de sol descolorido

ya de tanto llorar tengo el semblante,

y cuando venga mi gallardo amante,

se pondrá al contemplarlo entristecido.

 

Siempre en pos de mi amor voy por la tierra

y creyendo entontrarle en las alturas,

con el naciente sol trepo a la sierra,

con la noche desciendo a las llanuras.

 

Y hablo al hambriendo lobo en mi camino

y al toro que me mira y que me espera;

en vano grita el pobre campesino:

“No cruces por la noche la ribera”

 

En la sierra de rocas erizada,

del valle entre los árboles y flores,

en la ribera sola y apartada

he esperado al amor de mis amores.

 

A cada instante lavo mis mejillas

del claro manantial en la corriente,

y le vuelvo a esperar más impaciente

cruzando con afán las dos orillas.

 

A la gruta te llaman mis amores;

mira que ya se va la primavera

y se marchitarán las lozanas flores

que traje para ti de la ribera.

 

Si estás entre las zarzas escondido

y por verme llorar no me respondes,

ya has visto que he llorado y he gemido,

y yo no sé, mi amor, por qué te escondes.

 

Tú pensarás, tal vez, que desdeñosa

por no enlazar mi mano con tu mano

huiré, si te acercas, por el llano

y a los pastores llamaré medrosa.

 

Pero te enganas, porque yo te quiero

con delirio tan ciego y tan ardiente,

que un beso te iba a dar sobre la frente

cuando me dieras el adiós postrero.

 

Dejaba apenas la inocente cuna

cuando una hermosa noche, en la pradera,

los juegos suspendía por la luna,

y en sus rayos te vi la vez primera.

 

Otra tarde después, cruzando el monte,

vi venir la tormenta de repente,

y por segunda vez, más vivamente

alumbró su mirada el horizonte.

 

Quise luego embarcarme por el río

y hallé que el son del agua que gemía,

como la luz mi corazón hería,

y dejaba temblando el pecho mío.

 

Me acordé de la luna y la centella,

y entonces conocí que eran iguales

lo que sentí escuchando los raudales,

lo que sentí mirando a la luz bella.

 

Vago, sin forma, sin color, sin nombre,

espíritu de luz y agua formado,

tú de mi corazón eres amado

sin recordar en ti figura al hombre.

 

Ángel eres, tal vez, a quien no veo

ni lograré, jamás ver en tierra;

pero, sin verte, en tu existencia creo

y en adorarte mi placer se encierra.

 

Por eso entre los vientos bramadores

salgo a cantar por el desierto valle,

pues aunque en el desierto no te halle,

ya se que escuchas mi canción de amores.

 

¿Y quién sabe si al fin tu luz errante

desciende en el rayo de la luna,

y tan solo otra vez, tan solo una,

volveré a contemplar tu faz amante?

 

Mas, si no te he de ver, la selva dejo,

abandono por siempre estos lugares,

y peregrina voy hasta los mares,

a ver si te retratas en su espejo.


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