Fragmentos.
lunes, 18 de febrero de 2008
Publicado por Salazara72 a las 12:36 | 3 Comentarios | Enviar

Leyendas. Gustavo Adolfo Becquer.

 

 

La lluvia ha cesado, el huracán y el trueno han enmudecido; al brillante y súbito resplandor de los relámpagos sucede una claridad tenue y azulada, una luz indecisa semejante al primer albor de un día sin sol y sin aurora. Las aves, que se habían guarecido de la tempestad bajo los pabellones de verdura de la selva, llenas de gozo a su vista, quien alzar el vuelo y entonar su canto; pero la voz se ahoga en su garganta, y caen a tierra heridas de muerte por una mano invisible. Los gigantescos árboles se agitan, y retorciéndose como a impulsos de una horrorosa convulsión, comienzan a alfombrar el suelo con las pálidas hojas que se desprenden de sus ramas, como se desprenden los cabellos de la cabeza de un anciano. Las verdes lianas que se mecieran al soplo del viento suspendidas en el tronco de los antiguos reyes del bosque, pierden el color y la frescura, arrugándose sus tersas flores como un pergamino que se acerca al fuego. Diríase, al contemplar este asombroso espectáculo, que un tósigo mortal circulando en el aire, o levantándose en imperceptibles efluvios de las entrañas de la tierra, había envenenado la atmósfera y con ella el mundo.

 

El caudillo, lleno de estupor, vuelvo en torno suyo la mirada; por todas partes le persiguen aquellas imágines desoladoras; pero lo que más asombro le causa es ver el sangriento cadáver del tigre estremecerse, y poco a poco, perdiendo sus primitivas formas, ir tomando, merced a una inconcebible transformación, las de una serpiente.

El temible reptil crece con la rapidez prodigiosa; su longitud es ya treinta veces mayor que la de la boa secular que se despierta de dos en dos lunas sobre las márgenes del Sitpuri. Sus ojos redondos, fijos y fascinadores, están clavados en los del caudillo; éste, presa de un vértigo, y con ese arrojo sin límites que presta la desesperación en sus momentos supremos, arroja lejos de sí el tresdoblado escudo, inútil para aquel combate, y desnuda por segunda vez su puñal.

La gigantesca serpiente comienza a replegarse sobre sí misma lanzando un silbido áspero y agudo; el príncipe, sin aguardar a que le acometa, se arroja a su cuello, tan grueso como el de una palma colosal, y hace esfuerzos inauditos por herirla. Imposible. Las aceradas escamas que le cubren y defienden son impenetrables como la concha de las tortugas del Jawkior.

Ya el réptil, aprisionándole entre sus anillos de bronce, le estrecha y comienza a ahogarle; ya el puñal se ha escapado de sus manos desfallecidas, y el velo de la muerte se extiende ante sus ojos, cuando una flecha, disparada desde las nubes, baja silvando y traspasa a la serpiente.

Un furor terrible se apodera de ésta, que, desasiéndose del ya casi inanimado cuerpo de Pulo, busca a ciegas a su celeste enemigo.

La punta del diamante de una segunda flecha pone fin a su agonía con la muerte.

El caudillo recobrado de su estupor, puede entonces contemplar, no sin sentirse sobrecogido de una emoción profunda de gratitud y respeto, al que es deudor de su vida.

Visnú, cubiertas las espaldas con un manto de pieles, el arco tendido aún y el carcaj de las flechas de diamantes sobre el hombro, está a su lado,en pie; la frente del dilos toca a las nubes y su sombra es inmensa como la que arroja el Himalaya sobre las llanuras al ocultarse el sol  en los confines del océano.

 

 

...En aquel punto el sueño tiende las alas y abandona al príncipe; éste, convulso, y pálido aún, despierta de su pesadilla, busca a su esposa, en cuyo seno se había quedado dormido y no la encuentra.

El sol, recostado en un lecho de púrpura y de oro como un rajá en su alfombra de colores, lanza a la tierra el último rayo de sus entreabiertos ojos. La Naturaleza comienza a despertarse de su sueño de mediodía. Las brisas de la tarde, impregnadas en murmullos y perfunes, juguetean con el cáliz de las flores que se abren a sus besos. Las aguas del Ganges, copiando en sus linfas trasparentes la vigorosa vegetación de sus riberas, alzan un himno melancólico, al que se unen las aladas y suaves notas de los pájaros que despiden al día con un dulcísimo y triste adiós.


Comentarios

Publicado por Invitado a las 19:32 | domingo, 02 de marzo de 2008
como se llama la leyenda????
Publicado por salazara72 a las 9:35 | lunes, 03 de marzo de 2008
La leyenda se llama El Caudillo de Manos Rojas.Lo siento me despiste y no puse el titulo. Saludos.
Publicado por Invitado a las 16:59 | jueves, 23 de abril de 2009
sta muy larga

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