sábado, 12 de enero de 2008
Publicado por Salazara72 @ 15:34
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Falleció esta madrugada en un hospital madrileño, donde fue ingresado a consecuencia de una crisis respiratoria. Nacido en Oviedo el 6 de septiembre de 1925, era académico de la Lengua, había sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1996.
EFE. Madrid
El poeta ovetense Ángel Gonzalez falleció a las 1.30 horas de esta madrugada a consecuencia de un paro respiratorio a los 82 años en la Clínica La Moncloa de Madrid, en donde llevaba dos días ingresado, informaron fuentes cercanas a la familia. Los restos mortales del poeta han sido trasladados al tanatorio de San Isidro, en donde se ha instalado la capilla ardiente y será incinerado este domingo.

Amigos del fallecido, como José Manuel Caballero Bonald, Almudena Grandes y Luis García Montero acompañaron al poeta y a su esposa, Susana Rivera, desde su ingreso en la clínica. "Más que la pérdida de un gran poeta, sentimos la pérdida del inmenso amigo", declaró Luis García Montero.

Nacido en Oviedo el 6 de septiembre de 1925, Ángel González Muñiz era académico de la Lengua y fue galardonado en 1985 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y con el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1996. Adscrito a la Generación del 50, su poesía social oscila entre dos polos temáticos, la solidaridad y la libertad, al igual que la de otros colegas generacionales como José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo y José Caballero Bonald.

Entre su obra poética figura "Áspero mundo" (1956), "Grado elemental" (1962), "A todo amor" (1988), la antología "Lecciones de cosas y otros poemas" (1998), la selección personal de cien poemas y otros inéditos "101+19=120" (2000) y "Otoño y otras luces" (2001).
González colaboró con el cantautor Pedro Guerra en el libro-disco "La palabra en el aire" (2003) y con el tenor Joaquín Pixar, el pianista Alejandro Zabala y el acordeonista Salvador Parada en el álbum "Voz que soledad sonando" (2004).

En 1972 fijó su residencia en Estados Unidos, país en el que enseñó Literatura Contemporánea en la Universidad de Alburquerque hasta su jubilación en 1993, aunque ha viajado a España con frecuencia.

A MANO AMADA

A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.
Angel González.


Comentarios
Publicado por Salazara72
sábado, 12 de enero de 2008 | 15:44
Agrego éste poema en homenaje a Ángel González.



EN TI ME QUEDO

De vuelta de una gloria inexistente,
después de haber avanzado un paso hacia ella,
retrocedo a velocidad indecible,
alegre casi como quien dobla la esquina de la
calle donde hay una reyerta,
llorando avergonzado como el adolescente
hijo de viuda sexagenaria y pobre
expulsado de la escuela vespertina en la que era becario.
Estoy aquí,
donde yo siempre estuve,
donde apenas hay sitio para mantenerse erguido.

La soledad es un farol certeramente apedreado:
sobre ella me apoyo.
Publicado por Salazara72
sábado, 12 de enero de 2008 | 15:46
Continuación.



La esperanza es el quicio de una puerta
de la casa que fue desarraigada
de sus cimientos por los huracanes:
quicio-resquicio por donde entro y salgo
cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio),
del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo),
del todo (me hace daño) al nada (me lastima).

No importa, sin embargo.
Publicado por Salazara72
sábado, 12 de enero de 2008 | 15:48
Continuacion.


Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente
la distancia que separa Tokio de Copenhague,
pero con más rapidez todavía
me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros
de mí mismo,
de prisa,
muy de prisa,
en un abrir y cerrar de ojos,
en sólo una diezmilésima de segundo,
lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora,
que me permite,
si mis cálculos son correctos,
estar en este instante aquí,
después mucho más lejos,
mañana en un lugar sito a casi mil millas,
dentro de una semana en cualquier parte
de la esfera terrestre,
por alejada que os parezca ahora.
Consciente de esa circunstancia,
en muchas ocasiones emprendo largos viajes;
pero apenas me desplazo unos milímetros
hacia los destinos más remotos,
la nostalgia me muerde las entrañas,