jueves, 03 de enero de 2008
Publicado por Salazara72 @ 15:25
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Vida y destino de Vasili Grossman.I



Las decenas de miles de habitantes de los barracones del campo compartían el mismo destino, el mismo color de tez, la misma ropa, el mismo paso extenuado, la misma sopa a base de nabo y sucedáneo de sagú que los presos rusos lamaban “ojo de pescado”.
Para las autoridades del campo, los prisioneros sólo se distinguían por el número y el color de la franja de tela que llevaban cosida a la chaqueta;roja para los prisioneros políticos, negra para los saboteadores, verde para los ladrones y asesinos.Aquella muchadumbre plurilingüe no se comprendía entre sí, pero todos estaban unidos por un destino común. Especialistas en física molecular o en manuscritos antiguos yacían en el mismo camastro junto a campesionos italianos o pastores croatas incapaces de escribir su propio nombre. Un hombre que antes pedía el desayuno a su cocinero y cuya falta de apatito inquietabba al ama de allaves, ahora marchaba al trabajo al lado de aquel otro que toda su vida se había alimentado a base de bacalao salado.

...Qué ingenuas, qué bondadosamente patriarcales parecían ahora las viejas prisiones hacinadas en los suburbios urbanos en comparación con el terrorífico resplandor rojo y negro de los hornos crematorios.
Uno podía pensar que para controlar a aquella enorme masa de prisioneros se necesitarían un ejército de vigilantes igual de enorme, millones de guardianes. Pero no.

Vinia, yo siempre he estado sola. Me he pasado noches en blanco llorando de tristeza. Pero nadie lo sabía. Me consolaba la idea de que un día te contaría mi vida. Te contaría por qué tu padre y yo nos separamos, por qué durando todos estos largos años he vivido sola. Pensaba a menudo: ¡ Cuándo se sorprendería Vitia al saber que su madre ha cometido errores, ha hecho locuras, que era celosa y que inspiraba celos, que su madre era igual que todas las jóvenes¡. Pero mi destino es acabar la vida sola, sin haberla compartido contigo. A veces pensaba que no debía vivir lejos de ti, que te quería demasiado, que ese amor me daba derecho a vivir mi vejez junto a ti. A veces pensaba que no debía vivir contigo, que te quería demasiado.
Bueno...enfin.. Que seas feliz siempre con aquellos que amas, con los que te rodean con los que han llegado a estar más cerca de ti que tu madre. Perdóname.
De la calle llegan llantos de mujer, improperios de los policías y yo, yo miro estas páginas y me parece que me protegen de un mundo espantoso, lleno de sufrimiento.
¿ Como poner punto final a esta carta? ¿ De dónde sacar fuerzas hijo mío? ¿ Existen palabras en este mundo capaces de expresar el amor que te tengo? Te beso, beso tus ojos, tu frente, tu pelo.
Recuerda que el amor de tu madre siempre estará contigo, en los días felices y en los días tristes, nadie tendrá nunca el poder de matarlo.
Vitenka... Ésta es la última línea de la última carta de tu madre. Vive, vive, vive siempre...

Vitia, estoy segura de que mi carta te llegará, a pesar de que estoy detrás de la línea del frente y detrás de las alambradas del gueto judío..¿ De dónde sacar fuerzas hijo mio...?

Comentarios
Publicado por Invitado
sábado, 05 de enero de 2008 | 0:25
Gracias por los fragmentitos de la obra de Vasili Grossmann. Tengo unas ganas enormes de tener el libro en mis manos. Un saludo desde Alemania. José Carlos
www.literatambo.blogspot.com