martes, 11 de diciembre de 2007
Publicado por Salazara72 @ 12:29
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LETRAS

Un reportero en el 2 de mayo
Arturo Pérez-Reverte recurre a su experiencia periodística en su nueva novela, "Un día de cólera", ambientada en 1808. "De patrioteril no tienen nada ni la sublevación ni el libro", dice el escritor.

MIGUEL LORENCI. Madrid | "Contar sin juzgar". Más que nunca, esta ha sido la pretensión de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), que vuelve a fajarse con la historia en su último libro. En "Un día de cólera" (Alfaguara), el narrador y académico recupera al reportero que fue para echarse a la calle en el convulso Madrid del 2 de mayo de 1808. "Es como si hubiera tenido una cámara de vídeo y hubiera salido a la calle a grabar un 'mi cámara y yo' con lo que estaba pasando" dice un Pérez-Reverte aséptico que sabe que "es un error juzgar el pasado con ojos del presente" y que aquella histórica jornada "fue manipulada hasta la saciedad por la historia oficial".

Ha conjugado reportaje, novela e historia en una narración trepidante en la que da cuenta de los hechos a través de 350 personajes reales, "con nombre y apellido" y en tiempo real: de las 8 de la mañana a las 4 de la madrugada "de una jornada admirable y terrible que cambió la historia sin proponérselo" y que cuenta en 400 vertiginosas páginas.

"Es un falso reportaje", advierte el creador de "Alatriste", que pasó dos años manejando libros, legajos y memoriales con información de primera mano y muy precisa. "Quizá un 75% es historia y un 25%, ficción, en un libro complejo, con algo de diario colectivo y documental al estilo de 'El año de la peste', de Daniel Defoe" explica el internacional escritor.
Reinterpretar la historia
"Necesitaba el tratamiento frío y distante para un texto que no es didáctico pero sí tiene intención didáctica", dice.

Y es que Pérez-Reverte quiere reinterpretar un episodio crucial de nuestra historia "que no ha dejado de manipulare desde el mismo día de los hechos". "Lo manipuló Fernando VII, el absolutismo, los carlistas, la restauración la segunda República, pero, sobre todo, el franquismo, que le confirió un tono épico, imperial, mítico y patriotero que no tuvo".

Especialmente patético fue el tratamiento del 2 de mayo del cine franquista. "Era para retrasados mentales, maniqueo, estúpido y elemental. Estaría bien revertirlo y tratar con objetividad episodios dignos, nobles y heroicos como el de Agustina de Aragón o el parque de Monteleón, que de haberse dado en Estados Unidos o Gran Bretaña, sería como nuestro Álamo".

El citado tratamiento "genera un rechazo histórico", según el escritor. "El franquismo contaminó esos hechos a través de la historia y el cine oficiales, haciéndolos inasumibles para gente lúcida, normal o de izquierdas, cuando es una fecha asumible sin problemas para la izquierda y la derecha", propone el escritor.

"Como en tantos casos, estamos pagando la contaminación franquista de la historia. Los progresistas, en vez de limpiar y descontaminar esa parte de nuestra historia, la han arrinconado sin acertar a despojarla de elementos patrioteros, dejándola como patrimonio de la derecha", lamenta Pérez-Reverte.

Sabe que le acusarán "de patriotero por acercarme a una fecha como esta, cuando de patrioteril no tienen nada de nada ni la sublevación ni el libro".
Chusma
"No fue la sublevación patriótica y heroica que nos vendieron. Fueron cuatro 'mataos' los que se echaron a la calle. Los chulos, putas, rufianes, tenderos, albañiles, criados, mozos de cuadra, o taberneros... La gente baja, la chusma sin ninguna vinculación con las elites, fue la que se enfrentó al ejército mas poderoso del mundo con navajas, palos, hachas, martillo y hoces", advierte Pérez-Revete.

"Solo se alzaron un aristócrata y dos capitanes: Daoiz y Velarde. Los alzados, y eso es lo admirable, fueron los marginales de un pueblo cabreado por los abusos, violaciones, robos, expolios y humillaciones a que les sometían los franceses", enumera. "No hubo nada de patria o nación. Son explicaciones que vinieron después. Fue un enorme cabreo, la ira popular la que se alzó; la misma ira a veces irracional por la que algunos abuchean hoy a Zapatero o apalean a un ministro", indica.

"Las clases cultivadas se vieron ante una grave disyuntiva: Francia era la modernidad, el progreso y el desarrollo del saber y las ideas", explica Reverte. "La tragedia de la inteligencia se genera entonces. Tomar partido por Francia era hacerlo por un rey infame y un sistema corrupto, podrido e involutivo apoyado por una Iglesia miserable y reaccionaria. Hacerlo por el pueblo en armas era sumarse a la chusma", detalla. Cree el escritor que ahí está el germen "de la división y de un drama intelectual y político que, con el pasar del tiempo, conoceremos como el de las dos Españas".

Un drama del que darían cuenta Goya, Blanco White o Moratín, y que Pérez-Reverte no sabe cómo hubiera vivido: "No se qué hubiera hecho yo entonces, pero tengo la ventaja de manejar los datos y saber lo que vino después", reconoce.

Aquella jornada violenta sería histórica "sin que nadie se lo propusiera ni alcanzara a presumir sus consecuencias: una guerra, la caída de Napoleón o una nueva Constitución". "Busqué una visión original. Hacer un pastiche de Galdós no tenía sentido", explica Pérez-Reverte.
A salvo
No conocer la historia acarrea el riesgo de repetirla, pero cree Pérez-Reverte que estamos a salvo de otro 2 de mayo. "La gente ya no es así. Los marginales de hoy son otros, como los de la Cañada Real. Sí puede haber intifadas. Y las habrá por la imprevisión y la incompetencia de la clase política, que es incapaz de leer la historia, ni siquiera historia contemporánea", argumenta. "Si tienes inmigración de usar y tirar como queremos tenerla, cuando se crean esas bolsas de marginalidad y desatención, se ganan a pulso a las intifadas", concluye.

Los mismos hechos que relata en "Un día de cólera" los narrará Arturo Pérez-Reverte a través de una exposición. El escritor y académico ha aceptado el reto de ser el comisario -"menuda palabreja"- de la gran exposición que con motivo del segundo centenario de la sublevación organizará el año próximo la Comunidad de Madrid.

© Heraldo de Aragón, S.A. 2007

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