Educar es lo mismo
que poner un motor
a una barca...
Hay que medir, pesar,
equilibrar...
... Y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar
en el alma
un poco de marino
un poco de pirata...
un poco de poeta...
y un kilo y medio de
paciencia concentrada.
Pero es consolador
soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por
el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga
de palabras
hacia puertos distantes,