En el alma el incendio de las palabras
y el crepitar de las cosas quemándose
resplancede la llamarada, las lenguas de fuego ondean
reverberando, empujando hacia lo alto
temblores de aire tórrido, figuras fugaces
de seres nuevos que surgen en los ojos
más allá de las formas consuetas, tangibles, lúbricas, viejas.
Cenizas de todo el pasado
con que moldear, plasmar, sin hacer caso de las ustiones,
cenizas y lágrimas para crear con mis manos
otro mundo, otra historia, sin servidumbres ni vasallajes
geométricos e ideales
y analogías del espacio, del tiempo, del infinito, la recta, la curva...
No quiero ser como Dios.