"DESTRUCTIVIDAD” Y MANIPULACION
PSICOLOIGICA
5.0 Introducción
En la descripci6n de cualquier fenómeno se deben afrontar siempre los obstáculos que supone concretar una definici6n, lo mas ajustada posible, a la que se quiere describir. En el caso de las denominadas “sectas destructivas”, la dificultad fundamental se halla en la identificación del concepto de “destructividad” debido a que se pueden encontrar diversas interpretaciones del mismo y, también, por la dificultad de identificar en la literatura medica y psicológica un concepto ajustado a este termino. Corno ya se ha discutido anteriormente, nosotros proponemos la denominación mas precisa, y menos connotada, de “grupos potenciales generadores de trastornos de la personalidad”.
En este capitulo se ha realizado una aproximación en la cual, a partir del análisis de las diversas características comunes a todos estos grupos, se puede llegar a perfilar el sentido que en este casa se puede dar al termino “destructividad”. Cabe decir, sin embargo, que a pesar de los diferentes grados de “destructividad” que podemos encontrar en las denominadas "sectas destructivas”, y de las 16gicas matizaciones que es necesario hacer en cada caso, una de las utilidades fundamentales del termino radica en el establecimiento de una diferenciación sustancial respecto a una serie de grupos y organizaciones – algunas de las cuales son denominadas “sectas”, pero no “sectas destructivas” – en las cuales, con criterios psico1ógicos, no se puede inferir este potencial para sus miembros.
5.1 Nociones sobre el concepto de “destructividad”
La “destructividad”, desde un punto de vista psicológico, no constituye una entidad clínica especifica ni representa un concepto perfectamente delimitado. A grandes rasgos, este fenómeno debería ser considerado como un determinado estado mental que puede ser producido por múltiples causas (endogenas y exógenas) y que, al mismo tiempo, puede relacionarse, a nivel clínico, con diversos síndromes y trastornos mentales que se caracterizan par inhabilitar el normal desarrollo del individuo en todos o en la mayoría de los ámbitos de su vida (personal, relacional, social, profesional).
La interpretación del termino en el sentido más estricto, presupone la existencia de un cuadro grave desde un punto de vista neuro-psiquiatrico, a pesar de la dificultad que implica el no disponer de un sistema especifico de medida. Para establecerlo se deben analizar diversos indicadores indirectos (capacidades intelectuales, estados anímicos, hábitos y capacidades de socializaci6n, determinados rasgos fisiológicos) y a partir de ellas, y en funci6n de su nivel de alteración, poder inferir un determinado grado de “destructividad”.
En este mismo sentido, podemos identificar diversos trastornos psiquiátricos que par su gravedad y par su evolución implican un elevado grado de deterioro de la estructura psíquica (y a menudo orgánica) de los individuos y que se podrían englobar en un concepto amplio de “destructividad”. En este apartado se incluirían la mayoría de los grados avanzados de las demencias (American Psyquiatric Asociation, 1987) con la consecuente perdida de las capacidades intelectuales, graves deterioros de la memoria, perdidas de las funciones corticales superiores (pensamiento abstracto, capacidad de juicio, control de impulsos, afasia, apraxia, agnosia) "', modificaciones de la personalidad (individuo activo que presenta apatía y retraimiento progresivos).
Determinados tipos y grados de trastornos esquizofrénicos se podrían incluir también en este apartado de “destructividad”, en la medida que inhabilitan al individuo de su funcionamiento autónomo.
Por otro lado, es necesario apuntar también la existencia de conductas auto-lesivas, fruto de determinados trastornos psico16gicos (episodios depresivos mayores, conductas sadomasoquistas, anorexias nerviosas, abusos de substancias...) que determinan una tendencia a la propia “destructividad” par parte de los individuos que las sufren (auto-agresiones, suicidios, castigos corporales...). Igualmente se dan trastornos en los cuales la “destructividad” se proyecta al exterior, hacia el entorno del individuo y de sus congéneres (trastorno de la conducta infrasocializado agresivo con un patrón repetitivo y persistente de conducta agresiva en el que se violan los derechos de los otros, bien a través de la violencia física o mediante robos que implican un enfrentamiento con la víctima; piromania; cuadros paranoicos; trastorno explosivo intermitente en el cual los rasgos esenciales son episodios discretos de perdida de control de los impulsos agresivos que dan lugar a un ataque grave o a una destrucción de la propiedad; trastorno antisocial de la personalidad...).
Dejando de lado el ámbito de lo pato16gico, es interesante observar la potencial capacidad de “destructividad” del ser humana a través de experimentos corno el clásico de Milgram (1974). Este experimento, realizado el ano 1973 en la universidad de Yale, New Haven, en los Estados Unidos (la fase experimental del estudio se llev6 a cabo entre 1960-1963), tenia corno objetivo medir el alcance y los limites de la obediencia para determinar el potencial de la autoridad como fuente de poder. Milgram describe de manera muy gráfica corno a través de las 6rdenes del experimentador, los sujetos que participaban en la prueba llegaban a dar dosis letales de electricidad a una tercera persona que participaba coma aprendiz en el experimento. No obstante, aunque el experimento no se relaciona directamente con el objeto de nuestro trabajo, se puede establecer un paralelismo con las posibilidades de manipulación y el potencial de “destructividad” del ser humano.
Continuando en esta misma dirección, podríamos encontrar múltiples ejemplos en los cuales seria factible detectar conductas y situaciones relacionadas con diversas formas de “destructividad” humana. En este sentido, existen trabajos que analizan este aspecto de una manera mucho más profunda y que determinan ciertos parámetros que nos pueden servir para comprender algunos de los rasgos básicos de nuestro estudio (Forum, 1987). En cualquier caso, dado que nuestro objetivo se centra en evidenciar la “destructividad” producida a partir de la manipulaci6n psicológica que se da en determinados grupos y organizaciones, conviene dejar solo apuntados estos elementos para que sirvan de referente de lo que constituye el núcleo del estudio.
5.2 Evoluci6n terminol6gica en la literatura psiquiátrica progresión hacia él termino de “sectas destructivas”
Aunque en las dos ultimas décadas la aplicaci6n y utilización de los términos “lavado de cerebro”, “reforma del pensamiento”, “persuasión coercitiva”, “control mental” y “manipulación psicológica” en la literatura psiquiátrica, venga marcada par el crecimiento y dinamismo de las denominadas “sectas destructivas”, es necesario precisar que los primeros casos en que estos términos fueron utilizados hacían referencia a los métodos empleados en la Revolución Cultural China, en Corea del Norte y en los campos de adoctrinamiento de la antigua Unión Soviética. Este hecho, sin embargo, no significa que los citados procesos constituyeran necesariamente las únicas situaciones en las cuales se podían aplicar estos conceptos. De hecho, buena parte de las policías secretas y de intervención política en todo el mundo utilizan, y han utilizado, métodos similares que, ajustados a cada situación concreta y a cada momento histórico específico, pueden provocar efectos similares en la estructura psicológica de los individuos.
Estos primeros conceptos de reforma del pensamiento y de persuasión coercitiva fueron introducidos en la literatura psiquiátrica por Lifton (1961) y Schein (1961), respectivamente, y las situaciones que los han justificado han sido englobadas en lo que otros autores han denominado primera generación de programas de control y de influencia extrema (Ofshe; Singer, 1986).
La diferencia de estos programas de primera generación en relación a lo que los mismos autores han definido como programas de segunda generación, radica en el hecho de que los primeros tenían un objetivo específicamente político, incidiendo en un aspecto que para muchas personas resulta bastante periférico en relación a su escala de valores; mientras que los programas de reforma del pensamiento de segunda generación, apuntan directamente a los aspectos más centrales de la personalidad y de la autoestima de los individuos (Singer; Ofshe, 1990).
Otras diferencias entre ambos programas vienen determinadas por el momento histórico en que se producen. Los primeros se dan, sobre todo, desde los años treinta hasta mediados de los sesenta; mientras que los segundos destacan a partir de los años setenta, aunque unos y otros tengan comienzos e inicias menos precisos. La metodología concreta es también diferente; los programas de primera generación acostumbraban a llevarse a cabo en situaciones de cautiverio y a partir de sistemas muy bien estructurados; mientras que en los segundos, no se produce esta cautividad objetivable y los métodos de transformación psicológica son mucho más sutiles y menos aparentes.
A partir del estudio del impacto sobre los individuos de aquellas primeras experiencias (Segal, 1954 y Stasman; Thaler; Schein, 1956) ha sido posible identificar más fácilmente la problemática provocada por las denominadas “sectas destructivas”. De este modo, muchos de los materiales generados a partir de los trabajos de Lifton, Schein y otros, nos resultan de gran utilidad práctica para explicar y comprender las características de la manipulación psicológica y la reforma del pensamiento.
Por lo que respecta específicamente a las denominadas “sectas destructivas”, a lo largo de los años – y es necesario recordar que estamos hablando de un fenómeno que como tal no tiene más de treinta años – se ha ido adaptando tanto la terminología como los conceptos que ésta implicaba. No obstante, a pesar de la existencia de diferentes términos para definirlas, resulta difícil determinar una cronología que permita identificar cuál ha surgido en primera instancia y cuáles son posteriores, ya que prácticamente todos ellos se han empleado simultáneamente. De la misma manera, revisando la bibliografía procedente del ámbito de la salud mental, a menudo se hace difícil determinar el momento exacto en que surge un nuevo término, o en el que se deja de utilizar otro.
A. “Sectas” o “cultos”
Es la denominación más genérica, a pesar de su imprecisión, pretende describir a una serie de grupos, con una especial forma de funcionamiento, que se caracterizan por la utilización de sistemas de captación y adoctrinamiento poco éticos.
Autores como Galanter (1980), Levine (1979) y Clark (1979) entre otros, citaban en sus primeros artículos la acepción inglesa “cult”, que en nuestra lengua ha sido genéricamente traducida por “secta”. En esta misma etapa, se añadían matizaciones al término “secta”, introduciendo de manera habitual el concepto de religión y religiosidad (“religious cults”) (Rudin; Rudin, 1980).
B. “Sectas extremistas”, “Sectas peligrosas”
Términos empleados en algunos de los primeros artículos que hacen referencia a los grupos en los cuales se evidencia la existencia de un sistema de funcionamiento totalitario en el que se utilizan técnicas de manipulación psicológica (Ash, 1984). Esta expresión, pues, sería coetánea con la anterior y su origen se encuentra en las primeras descripciones del “fenómeno sectario” en la década de los setenta (Enroth, 1977).
C. “Nuevos movimientos religiosos”
Esta acepción tiene especial importancia desde el surgimiento, a principios de los años setenta, de nuevos “grupos sectarios”. En este caso, se trata de organizaciones que, a causa de su apariencia religiosa o de religiosidad, consiguen inicialmente una cierta credibilidad o, como mínimo, plantean el interrogante o la discusión sobre su verdadera naturaleza (The Vatican Report, 1986 y Beckford, 1986).
En el mismo sentido, esta denominación implica, en otros casos, indirectamente, un cierto apoyo por parte de determinados sectores de la sociedad que, identificándose como progresistas, manifiestan simpatía hacia aquello que es nuevo y que se enfrenta con los planteamientos más clásicos y tradicionales, sin profundizar en la auténtica realidad de estas organizaciones.
Por otro lado, sin embargo, ha habido autores que a pesar de hablar de “Nuevos movimientos religiosos”, como marco de referencia, dejaban muy claro en el contenido de sus exposiciones los aspectos de manipulación inherentes a los grupos a que hacían referencia (Sullivan, 1984).
D. “Grupos totalitarios pseudo-religiosos”
Manteniendo aún la visión religiosa o para-religiosa con que buena parte de los “grupos sectarios” se presentaban, surgió este término que destacaba los aspectos de falta de libertad inherentes a todos ellos.
Con la idea del totalitarismo, se realizaba una primera aproximación a una serie de grupos y organizaciones que presentaban, como característica diferencial, la utilización de métodos de persuasión coercitiva, tanto en los procesos de captación como en la dinámica de funcionamiento. Una vez más, encontramos, de manera predominante en los primeros escritos sobre la materia, referencias al totalitarismo centrado en los aspectos religiosos (Delgado, 1977). Esto es así debido a que, sobre todo al principio, la forma de presentación más común de estos grupos fue la religiosa.
E. “Sectas destructivas”
En la secuencia terminológica que estamos presentando, éste sería hasta ahora el último de los términos empleados en la literatura psiquiátrica. En este caso, el aspecto más importante es la aparición del concepto de “destructividad” como factor que determina el problema desde un punto de vista psicológico. Aunque esta sea en la actualidad la terminología más extendida entre los especialistas en la materia, no se trata de nada novedoso ya que Shapiro en el año 1977 hablaba en sus escritos de “sectarismo destructivo” – ”destructive cultism” – (Shapiro, 1977).
Concepto de “secta destructiva”: dejando ahora de lado las definiciones más difundidas (por ejemplo, laya citada en el capítulo Z, consensuada en Wisconsin en 1985; American Family Foundation, 1985), es necesario remarcar el hecho de que con la precisión de “destructivas”, se pretende realizar una matización importante a un fenómeno tan plural y lícito como es el de las sectas en el sentido, y con la neutralidad valoral, que le da la sociología de la religión. Así, la connotación negativa sólo haría referencia a una subcategoría de “sectas”, aquellas que utilizan técnicas de manipulación psicológica y mecanismos de persuasión coercitiva.
El problema, como ya hemos señalado, surge cuando una vez definido qué es “secta destructiva” – con los problemas que esta definición comporta, especialmente para su verificación – se generalizan los efectos “destructivos” a todos los miembros que pertenecen a ellas y, dada la indefinición real de la categoría “secta” tal como ha quedado configurada fuera del ámbito de la sociología de la religión y las dificultades para establecer la diferencia entre “secta” y “secta destructiva”, en lugar de aportar una clarificación tipológica se ha incrementado la confusión. Las características de las denominadas “sectas destructivas” se han extrapolado por analogía, a veces sin ningún fundamento, a todas las sectas (es decir, a todos los grupos que han sido definidos, también por analogía, como “sectas”).
F. “Grupos potencialmente generadores de trastornos
de la personalidad”
Este término es el aportado, como nueva propuesta, en este estudio.
El término recoge la idea básica del riesgo que comporta, para la personalidad del individuo, la incorporación a la dinámica de un grupo que utiliza
prácticas de persuasión coercitiva y de manipulación psicológica.
Con este nuevo enfoque, se excluye la utilización del término “secta” y se evita la generalización de un aspecto que implica una gravedad que no es idéntica en todos los grupos incluidos en la categoría de “sectas destructivas”, ni extrapolable al conjunto de los individuos que pertenecen a cada uno de ellos. Lo que se pretende es categorizar la intensidad de la manipulación adaptando la terminología actual a la realidad de las diferentes organizaciones existentes en la actualidad.
Al mismo tiempo, se concreta más lo que en los calificativos anteriores quedaba más genérico. La “peligrosidad” o la “destructividad” se liga así explícitamente al trastorno mental, un término más cercano a una constatación empírica y circunscrito al ámbito de la salud mental.
Esto no soluciona, sin embargo, toda la problemática. La atribución a un determinado grupo del calificativo “potencialmente generador de trastornos de la personalidad”, deberá basarse en una proclividad intrínseca que, de hecho, produzca y/o potencie trastornos mentales en los miembros del grupo más allá de los casos ocasionales que podríamos encontrar también en otros grupos legitimados y no etiquetados.
5.3 Técnicas de manipulación psicológica
Esta relación pretende orientar sobre diversas técnicas de manipulación psicológica o de control mental. Lo que nos interesa destacar aquí no son los efectos que provocan por ellas mismas (es necesario tener en cuenta que la mayoría de estas técnicas son en mayor o menor grado empleadas en muchos grupos adecuadamente legitimados) sino los que se derivan de la direccionalidad o la forma de utilización con que se plantean en los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”.
Además, se debe tener en cuenta el efecto multiplicativo de estas técnicas, tanto por la intensidad con que repercuten sobre el individuo como por el efecto potenciador que tienen entre ellas, y que dan como resultado la modificación de la estructura de la personalidad del adepto y su disminución o pérdida de autonomía (Zimbardo; Ebbesen, 1977). Igualmente, se produce un continuo en el proceso de la influencia “sectaria”, que se relaciona, sobre todo, con el sistema propagandístico empleado o el medio de captación que se aplica, con la capacidad de influencia del grupo o elemento influenciador y con los propios mecanismos de defensa del neófito (Langone, 1988).
A. Técnicas de captación
Se dirigen a despertar el interés por lo que el grupo dice representar, dejando entrever una situación idílica en contraposición a un mundo hostil en el cual se presupone inmerso al neófito.
Se utiliza el engaño en relación a los verdaderos objetivos del grupo, la ocultación selectiva de información, la exaltación de determinados aspectos del nuevo reclutado (virtudes, atributos), a la vez que se le hacen sentir diversas necesidades que no había manifestado anteriormente. Estas necesidades se van despertando en el adepto como consecuencia de la influencia del grupo, que sabe cómo provocarlas a partir de informaciones que el nuevo reclutado entrega a sus dirigentes y compañeros sin darse cuenta de su posterior utilización. En la mayor parte de las ocasiones, se trata de necesidades de dedicación al grupo que implican, al mismo tiempo, el abandono de otras tareas que realizaba anteriormente. Estas nuevas orientaciones se fundamentan en los aspectos doctrinales canalizados a través de las directrices ideológicas del “grupo potencialmente generador de trastornos de la personalidad”.
En esta fase se utiliza la presión de grupo, la atracción personal (empatía, atracción sexual) y diversas técnicas de venta adaptadas a cada “producto”. Se trata de una fase preparatoria para la posterior manipulación de la cual será objeto el individuo, haciendo que éste, si presentaba resistencias iniciales, vaya “bajando la guardia” con lo cual disminuirán sus mecanismos de defensa dejando vía libre a la manipulación.
B. Técnicas de adoctrinamiento y de conversión
Partiendo del interés y la predisposición generadas en el neófito, estas técnicas se dirigen a realizar una sustitución, lo más amplia posible, de los elementos que constituyen los diversos aspectos de la vida del individuo (West, 1989).
La mayor parte de estas técnicas son las que vienen descritas en el subapartado de los factores “potencialmente destructivos de la personalidad”. Asimismo, previamente, al analizar los “factores de riesgo” se citan las condiciones que más pueden contribuir en mayor medida al éxito de esta transformación (véase el apartado 5.5 de este capítulo).
C. Técnicas de retención
Son técnicas centradas en el temor, la permanente sensación de amenaza y de indefensión, la culpabilidad, y el aislamiento (sobre todo mental) de lo que es externo al grupo. Su objetivo básico es tratar de impedir que el adepto abandone el grupo.
Estos aspectos son inherentes a determinados matices doctrinales así como a la especial relación de interdependencia entre los miembros del grupo y entre éstos y sus dirigentes. Estos aspectos, al mismo tiempo, han de acompañarse del rechazo y el alejamiento de los opositores externos.
5.4 La “destructividad” en los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”
Como ha sido ya descrito, el término “destructividad” aplicado a grupos considerados como “potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”, hace referencia al impacto, sobre la personalidad de sus miembros, de diversas técnicas de manipulación psicológica empleadas de manera sistemática e intensiva.
La consideración de la inclusión de un determinado grupo en esta categoría parte del trabajo conjunto de profesionales de la salud mental, entidades especializadas en el tema, datos aportados por ex-miembros, investigaciones de periodistas, trabajadores sociales, sociólogos, antropólogos y otros profesionales, e informes de determinados gobiernos (véase, entre otros, Vivien, 1985; Cottrell, 1983; Cultics Studies Journal, 1989; Comisión de Estudio del Congreso de los Diputados, 1989).
Las repercusiones en la personalidad de los individuos han sido calificadas de “destructivas” en los ámbitos mencionados, cuando se han
evidenciado alteraciones en áreas de la conducta (estados disfóricos, dé-
TOTEMISMO Y VORACIDAD
ficits de maduración, disfunciones caracteriales...), alteraciones de la memoria, déficits en los procesos de razonamiento lógico y analítico, alteraciones fisiológicas (amenorreas en las mujeres, desnutriciones y estados caquécticos, metabolopatías...), déficits intelectuales y presencia de cuadros psiquiátricos de diferentes tipologías e intensidades, no explicadas por otras causas ni manifestadas antes de entrar en un grupo determinado. Contribuye a la identificación de una causa común de “trastornos de la personalidad”, el hecho que estos trastornos estén presentes en la mayoría de las personas de la misma organización y sean comunes a los miembros de otras organizaciones con dinámicas similares.
Algunas de estas alteraciones han sido identificadas con demostraciones neuro fisiológicas basadas en el funcionamiento neuronal a través de las sinapsis nerviosas de la estructura cerebral de los individuos. Así, la supresión o la selección predeterminada de información provoca restricciones celulares que lesionan aspectos de la memoria y de la capacidad neuronal de organización y utilización de la información por parte de los afectados (Schultz, 1965). Estos efectos, además de haber sido demostrados en ámbitos ajenos al que nos ocupa, han sido también evidenciados de manera específica en experimentos llevados a cabo con miembros de algunos de estos grupos (Winocur; Weathers, 1990).
Siguiendo en el ámbito de la información, recordamos en este punto que autores como Conway y Siegelman (1982) han identificado el trastorno provocado por los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”, como enfermedad de la información; el suministro de un exceso de datos en un breve espacio de tiempo o el sometimiento a situaciones de hiperestimulación sensorial, como se produce en determinadas sesiones de buena parte de los grupos que se estudian, provoca también alteraciones bioquímicas que repercuten negativamente en la estructura neurofisiológica de los individuos (Appel, 1983).
Como se puede ver, en relación a estos trastornos, se evidencia la necesidad de matizar el concepto y su interpretación, así como el hecho de que es necesario realizar una aproximación desde diversos ámbitos relacionados con las ciencias médicas y la psicología. En este sentido, la fórmula que se ha considerado más adecuada consiste en la valoración de grados e intensidades en una escala, que si bien no puede ser definida de manera estricta, sí que nos ha de permitir realizar una aproximación sobre la magnitud y el potencial de afectación producido por el impacto de diversas técnicas de manipulación, persuasión y control.
De la misma manera, los casos en los cuales se podría hablar de “anulación total de la personalidad” (anulación completa de las capacidades racionales del individuo, equivalentes a la sumisión a un estado comatoso) o de inducción a la “autodestrucción física” de la persona – según hemos comentado anteriormente –, constituirían más una excepción, probablemente explicada por un sistema multifactorial (grupo especialmente cerrado y con una intensa dinámica de manipulación, estancia muy larga en la organización, trastornos psicológicos ya presentes en el individuo o desarrollados por otras causas complementarías ala presión o manipulación del grupo...), que la realidad mayoritaria del fenómeno objeto de estudio.
Asimismo, es necesario matizar el aspecto de reversibilidad del trastorno. En este caso, a diferencia de otras alteraciones cerebrales de origen orgánico con deterioro celular o de procedencia infecciosa, cromósica o traumática, los cuadros provocados por las técnicas de manipulación, persuasión y control pueden revertir, en la mayoría de los casos, a partir de la desaparición de la influencia del grupo ayudado, a veces, por un proceso psicoterapéutico de refuerzo (Singer, 1979). Además, hay que destacar la baja frecuencia de casos con secuelas posteriores entre los que han llevado a cabo un buen proceso de recuperación.
5.5 Coincidencia de factores que pueden contribuir a la aparición de “trastornos de la personalidad”
Como se acaba de comentar, aunque se pueda definir un espacio más o menos amplio en el cual situar a los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad” en función de las repercusiones sobre el individuo de su propia dinámica grupal, del tipo y la intensidad de las técnicas de control psicológico que utilizan y de la situación específica del adepto en el grupo, es importante detallar los elementos que más pueden contribuir a producir alteraciones o trastornos psicopatológicos.
En la escala que se define en este apartado encontraremos, tanto en el nivel superior como en el inferior (máxima y mínima coincidencia de elementos y máxima y mínima intensidades de cada uno de los factores considerados), otras situaciones que si bien no han sido calificadas de “potencialmente generadoras de trastornos de la personalidad”, sí que pueden presentar características muy cercanas.
Se plantea, pues, una clasificación que toma en consideración aquellos elementos fundamentales que potencialmente pueden llegar a producir trastornos de la personalidad y de la estructura psico-afectiva del individuo. En esta clasificación no se presupone que ninguno de los aspectos escogidos tenga una mayor influencia que los otros respecto al riesgo de una progresiva desestructuración de la personalidad.
En la base de todo el proceso, encontramos el engaño inicial al cual es sometido el neófito, que desconoce el alcance real del fenómeno. Este factor es fundamental como condicionante del potencial trastorno porque posibilita la aplicación de las técnicas de manipulación psicológica. En la medida en que existe un desconocimiento, tanto de las características como de los métodos y los objetivos últimos del grupo, la persona que establece el contacto por primera vez no dispone de información suficiente como para hacerse su propia composición de lugar, evaluando y decidiendo con conocimiento de causa sobre la nueva situación que se le plantea.
Factores de riesgo o de vulnerabilidad
En cualquier situación, y de manera específica en las dependencias, se determinan una serie de “factores de riesgo” que hacen al individuo especialmente vulnerable. En el caso de la manipulación psicológica y sus posteriores consecuencias, destacamos a continuación algunos de los factores detectados, con mayor frecuencia, entre los adeptos y los ex-adeptos de buena parte de los grupos que se estudian y que coinciden al mismo tiempo con los condicionantes previos que más favorecen este tipo de situaciones.
Situación de crisis personal
Son aquellos estados en los cuales se presenta una mayor vulnerabilidad para cualquier dependencia y que esencialmente vienen definidos por situaciones estresantes en la esfera familiar (sistemas familiares disfuncionales), profesional, laboral y afectiva. Este es en esencia un ámbito muy amplio por el cual pasan la mayoría de las personas en algún momento de su vida. La máxima frecuencia, sin embargo, se observa entre los adolescentes y adultos jóvenes, en la medida en que se encuentran en una etapa difícil de maduración y de cambio.
Estructura patológica o pre-patológica de la personalidad
Caracterizada, sobre todo, por trastornos histriónicos, personalidades “border-lines”, trastornos paranoides de la personalidad y personalidades pasivo-dependientes.
Entre las personalidades dependientes es necesario destacar los siguientes aspectos, según la clasificación de factores de vulnerabilidad propuesta por Asch (1985) :
a) Falta de dirección o de propuestas internas (ego-ideal) : el individuo se encuentra buscando el significado de su existencia con una ausencia nootoria de referentes que le permitan discriminar entre opciones diversas. Estos estados suelen relacionarse con carencias en los sistemas familiares de origen.
b) Carencia de un autocontrol adecuado (super-yo) : hace referencia
a las teorías regresionistas atribuidas a las conversiones sectarias,
en el sentido que las “poderosas fuentes de control de la secta,
compensarían la ausencia de control interno del individuo”
(Schwartz, 1981).
c) Baja tolerancia a la ambigüedad: en este punto la literatura especia-
lizada hace referencia a los individuos que buscan una promesa
instantánea, por parte de las “sectas”, con respuestas simplistas de
“blanco o negro” (Cox, 1977).
d) Susceptibilidad para alcanzar estados de trance a causa de las difi-
cultades para establecer diferenciaciones entre el propio yo y un
marco de referencia. Se trataría de los casos de individuos fácil-
mente influenciables que pueden alcanzar estados hipnóticos o de
trance. Serían, pues, personas que asumirían como propias las di-
rectrices y los mensajes recibidos bajo los efectos de estos estados
alterados de conciencia.
Personalidades buscadoras
Se trata de personas sin alteraciones consideradas como patológicas, que presentan como rasgo característico interés por buscar constantemente, opciones de tipo filosófico, esotérico, místico-religioso, cultural, etc., y que, ocasionalmente, pueden topar con una oferta “sectaria”. Algunos de los factores de las personas que englobaríamos en este apartado, las que denominaríamos como “excesivamente inquietas o inestables con dificultades para discriminar entre diversas opciones”, son comunes con determinados aspectos de la anterior clasificación de Asch (1985).
Edad
El mayor riesgo de captación acostumbra a producirse entre los 20 y los 25 años, cosa que no impide que personas de edades más avanzadas puedan también ser captadas. La media de edad en los casos tratados en el centro terapéutico CROAS, se ha situado en los 26 años. Estas personas habían entrado en el grupo, por término medio, unos tres años antes de que la familia solicitara asistencia profesional.
Relación de factores potencialmente generadores de trastornos de la personalidad
Para la adecuada interpretación de este subapartado, es necesario expresar, primeramente, algunas consideraciones: los factores expuestos tienen un efecto multiplicativo entre ellos, más que aditivo; la relación de factores hace referencia a hechos evidenciables en el funcionamiento de los grupos; en cada uno de ellos se dan unos máximos y unos mínimos de intensidad, que vienen desglosados a través de los diversos puntos que se incluyen.
Adoctrinamiento en la idea de que lo de dentro
es bueno y lo de fuera malo
Este factor incrementa los rasgos paranoides de la personalidad, pro-
vocando un temor creciente hacia todo aquello que es externo y reforzando
el aislamiento (mental, “ideológico”) del grupo. En cierta manera, se podría
establecer un símil con el hospitalismo psiquiátrico, en el cual, el paciente,
después de un largo período de ingreso hospitalario, presenta temores y
dificultades para salir al exterior y valerse por sí mismo. Fruto de esta dinámica
es la pérdida de confianza en todo aquello que no tenga el visto bueno del
grupo, hecho que también es influido por la visión negativa que se da de la
realidad externa. Los mensajes de que se nutre esta situación son inherentes
a la doctrina y se introducen a través de diferentes sesiones, en función de
las prácticas del grupo (lecturas, meditaciones, confesiones, plegarias, cla-
ses....). El resultado que se acaba observando es la progresiva disminución
de las capacidades críticas y analíticas del adepto.
Los aspectos de ciencia sagrada o de sacralidad científica que suelen encontrarse en las argumentaciones de lo que plantean buena parte de los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”, pretenden demostrar que lo que defienden ha sido científicamente demostrado (sin especificar de qué manera), siendo por tanto irrefutable.
Control de las relaciones de los individuos
con el mundo exterior al grupo
Se caracteriza por todo aquello que, de manera más directa o sutil, se
relaciona con el control del entorno del individuo. El caso extremo consiste
en el control total, tanto de las relaciones personales como del acceso a
cualquier fuente de información no programada o controlada por el grupo.
El resultado de esta situación actúa en detrimento de la evolución intelec-
tual y racional del sujeto.
Se observa, tanto en este punto como en todos los otros, que los casos más extremos de control ambiental, relacionados habitualmente con grupos que utilizan modelos de vida comunitaria, son cada vez menos representativos de la realidad del fenómeno que estamos estudiando. Por este motivo, se presentan diversos elementos que es necesario evaluar específicamente:
a) Prohibición (normalmente formulada de forma sutil) de acceder a
fuentes de información externas a las del grupo o a las legitimadas
por él, poniendo un especial énfasis en lo que respecta a medios de
comunicación.
Un grado inferior de intensidad viene dado por la misma limitación
que en el caso anterior, pero presentada en términos de recomen-
dación, bien sea directamente en los planteamientos doctrinales,
bien mediante determinadas normativas que se derivan de ellos.
b) Reinterpretación, a partir de los principios doctrinales del grupo,
de cualquier información de una cierta trascendencia sin que se den
evidencias objetivas que sustenten sus planteamientos.
c) Relación de lecturas expresamente prohibidas (libros, artículos,
autores...) a los miembros del grupo, normalmente bajo el argu-
mento de que son perjudiciales para el espíritu del adepto, dado
que contienen planteamientos erróneos o desviados. A un nivel
inferior se produce la no recomendación de lecturas o escritos
en términos más generales y sin entrar en una normativa de
prohibición explícita.
d) Desalentar la asistencia a la universidad o a centros de formación
equivalentes, bajo el planteamiento de que en ellos se explican
materias poco útiles y que se dan datos contrarías a la doctrina del
grupo y a su interpretación de la realidad (con lo que se presupone
que son erróneos).
e) Prohibición explícita de mantener relaciones con personas que no
acepten la postura del neófito o adepto (resulta poco habitual que
se presente de manera tan clara) ; a un nivel inferior, recomendación
de restringir las relaciones y contactos con aquellas personas críti-
cas con el grupo (habitualmente, familiares, amigos y compañeros).
Este aspecto, se centra esencialmente en aquellas personas más
cercanas al individuo, que manifiestan una postura crítica en re-
lación a la pertenencia de la persona al grupo, así como respecto a
sus métodos y características. Con ellos, se provoca el enfrenta-
miento con familiares y personas cercanas, reduciendo la afecti-
vidad y el apoyo externos.
f) Concienciación de la necesidad de que los contactos y las rela-
ciones del adepto, tanto las que se realicen después de la adscripción
al grupo como las anteriores, tiendan a coincidir con los plan-
teamientos grupales. La relación de la persona del grupo con los de
fuera viene mediatizada por los mensajes de éste.
g) Inducción a la ruptura de las relaciones de pareja establecidas
antes de la incorporación al grupo y ofrecimiento (más o menos
evidente) de una nueva relación pautada desde las directrices de
la organización.
Control de la conducta
Evita toda autonomía personal que pueda contradecir las intenciones del grupo, cosa que merma la autoconfianza del sujeto. Se da, en definitiva, un proceso progresivo de degradación del sistema de valores y de creencias individuales que pasan a supeditarse a la voluntad superior del yo grupal.
a) Restricción física de la posibilidad de moverse libremente en fun-
ción de aquello que más le interesa, sin el permiso (manifiesto o no)
del líder o dirigente. Retención de la documentación, impidiendo
que el miembro del grupo pueda marcharse del lugar o lugares que
le son asignados.
b) Dar cuenta de todo lo que se hace, relacionado con una actividad
que programa y controla hasta los detalles más íntimos de la vida
personal.
c) Sometimiento a sesiones continuadas o periódicas que implican la
práctica de determinados ejercicios de relajación, meditación y que
se relacionan directamente con la búsqueda de soluciones, alterna-
tivas y normas del propio grupo.
d) Desalentar la realización o mantenimiento de las actividades pro-
fesionales, lúdicas, de formación, etc. que se realizaban con anteri-
oridad a la incorporación al grupo.
e) Reconversión y selección de las actividades que el individuo lle-
vaba a cabo con anterioridad, canalizándolas hacia los objetivos e
intereses propios del grupo (por ejemplo, aportando el sueldo al
grupo, en un porcentaje o en su totalidad). No se pretende el total
abandono de las actividades habituales sino una sustitución en la
escala de valores.
f) Control del vestido, lenguaje, expresión, como factores que
generan identidad con el grupo y desidentificación con uno
mismo (despersonalización).
g) Control de la educación infantil por parte del grupo, al margen de
la normativa de enseñanza del país correspondiente, impidiendo al
mismo tiempo la relación de los niños con otros niños que no
pertenecen a la organización.
Control fisiológico
Este aspecto se dirige a minar elementos básicos de la homeostasis del sujeto para someterlo más fácilmente.
a) Alteración de los ritmos fisiológicos del sueño (dormir menos cuan-
titativa y/o cualitativamente de lo que el organismo necesita para su
descanso) de manera continuada y como norma de funcionamiento
del grupo, consecuencia de su propia dinámica y argumentado desde
la doctrina.
Modificación de las fases habituales del sueño, disminuyendo los
períodos REM que son los que permiten la recuperación, el descan-
so cerebral y el mantenimiento de las capacidades racionales e
intelectivas. Estas situaciones, pueden provocar además diversos
cuadros alucinatorios y delirantes.
b) Alteraciones dietéticas. Utilización sistemática de dietas pobres
en contenidos proteicos y ricas en hidratos de carbono, descompen-
sadas desde un punto de vista dietético y que se dirigen a obtener
un más alto nivel de actividad física en detrimento de las capacidades
más racionales e intelectivas. Esta situación se puede producir
tanto en comunidades donde conviven las personas del grupo
como en personas que no conviven físicamente, pero que siguen las
mismas normas.
c) Control de las pautas y la conducta sexual del individuo, que puede
oscilar desde la castidad celibataria hasta la total promiscuidad.
Otra característica de este apartado, que tiene muchas matizaciones,
viene dada por el hecho de no mantenerse estrictamente siempre en
la misma postura “ideológica” en relación a la sexualidad, sino que
en función de las directrices marcadas por los dirigentes se puede
ir variando el criterio y la intensidad del control, con la correspon-
diente argumentación doctrinal (pasar del amor libre a las restric-
ciones sexuales o modificaciones de los propios patrones de con-
ducta horno o heterosexual).
d) Utilización de determinados ejercicios físicos y de control de los ritmos respiratorios (sesiones de hiperventilación, determinadas relajaciones, etc.) que provocan alteraciones fisiológicas (modificaciones del PH, modificaciones en la oxigenación celular) y que pueden ser utilizadas como factores favorecedores de la manipulación, en la medida que alteran los ritmos cerebrales y el funcionamiento global del organismo.
Estructura totalitaria del grupo
pretende imposibilitar la autonomía personal e impedir la libre elec-
ción respecto al grupo y sus mandatos.
a) Jerarquía muy estricta en la cual todo se rige por el principio del
acatamiento a las órdenes del líder o líderes, menospreciando y
subyugando a los individuos de la base. Negación de la posibilidad
de plantear determinadas interrogantes relacionadas con aspectos
concretos del funcionamiento o la doctrina del grupo.
b) Culto a la personalidad del líder, con lo cual se potencia la tenden-
cia a la dependencia infantil (deciden por el individuo). En este
punto, los rasgos característicos de los líderes de estos grupos,
coincidirían con los de una estructura paranoide de la personalidad
o la presencia de trastornos paranoicos manifiestos. Estas situa-
ciones implican que se trata de personas inteligentes, con un gran
poder carismático, un marcado egocentrismo y la presencia de
trastornos narcisistas de la personalidad; factores todos ellos que
comportan una gran capacidad de atracción que posibilita el
sometimiento de los captados a su voluntad.
Existiría también otro tipo de líder que, sin presentar esta estructura
paranoide, utiliza al grupo como un modus vivendi, se trataría
del clásico “vividor” que fundamenta su existencia en la explo-
tación y el aprovechamiento del trabajo de los otros. Ambos
“modelos de líderes” se encuentran muchas veces estrechamente
interrelacionados, siendo a menudo el producto final un resultado
de ambas componentes.
c) Irracionalidad de la doctrina. La razón última y la referencia doctri-
nal recae en el líder, cosa que se acompaña de una extremada rigi-
dez, severidad e incoherencia de las normas que son modificadas a
voluntad de los dirigentes.
d) Aleatoriedad del premio y del castigo modificados según el criterio
personal del líder o líderes, con las lógicas repercusiones que esto
tiene sobre el adepto que ya no sabe qué es lo correcto y qué lo
erróneo, y que se ha de someter, por tanto, a las instrucciones de sus
dirigentes, incluso para los detalles más íntimos de su vida.
e) Utilización gradual y premeditada de técnicas engañosas con el
objeto de someterlo e impedir la elección de los vínculos del indi-
viduo y coartar su capacidad de decisión (técnicas regresivas). A
partir de las situaciones provocadas por el efecto de estas técnicas,
se genera en el adepto un progresivo estado de autoinseguridad y de
falta de confianza en sí mismo.
f) Aplicación de castigos físicos a las personas que no cumplen el principio de autoridad marcado por los dirigentes. Este sería el extremo máximo en el ámbito de la represión existente en estos grupos, que aunque no es extensible a la totalidad de ellos, aún se da en determinadas ocasiones.
Aplicación de castigos psicológicos basados en el aislamiento o en el rechazo por parte de los dirigentes y de los otros miembros del grupo, o la potenciación del sentimiento de culpabilidad a partir de determinados mensajes orientados en este sentido. La intensidad con que se produce esta presión hace que el adepto lo viva de manera tan angustiosa que llega a provocar casos consumados de suicidios.
g) El culto a la confesión constituye otro sistema de control de probada
eficacia, en la medida que mantiene a los adeptos bajo la obligato-
riedad de exponer ante el líder y los compañeros sus actuaciones
y “pensamientos erróneos”. Esta situación provoca un gran nivel
de estrés en el adepto, dado que debe llegar a evitar, incluso en el
plano de las ideas, todo aquello que suponga una desviación de
las pautas fijadas.
h) Explotación laboral en el trabajo por parte del grupo, caracterizada por: falta de remuneración económica y de promoción personal o profesional; ausencia de prestaciones sanitarias y de seguridad laboral de ningún tipo; jornadas muy prolongadas, sin gozar de los descansos necesarios y de los períodos de vacaciones pertinentes.
Manipulación del lenguaje
Se centra en la utilización de un lenguaje específico, que puede basarse tanto en la utilización de terminología propia, no reconocible por terceras personas (palabras que sólo se utilizan entre los miembros del grupo), como en reinterpretaciones de términos comúnmente utilizados en el lenguaje diario que para los adeptos adquieren un nuevo significado.
Esta técnica de manipulación psicológica genera un fuerte sentimiento de exclusivismo y de superioridad por parte de los miembros del grupo, ya que contribuye a potenciar la figura del yo grupal como sistema último de referencia.
5.6 Trastornos mentales provocados por los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”
Las situaciones mencionadas en el apartado anterior, con las matizaciones que ya se han hecho, determinan la aparición de una serie de trastornos mentales en los adeptos, que han sido recogidas por diversos autores desde los inicias de la identificación del fenómeno. Algunas de las primeras referencias las encontramos en Deutsch (1975), Galper (1976), Clark (1977) y Singer (1979) que, en sus respectivas consultas, comenzaron a observar los efectos producidos por las técnicas de control mental de los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”, en algunos de sus pacientes.
A partir de estas referencias iniciales se empieza a hablar de un nuevo síndrome clínico que éstos y otros autores relacionan directamente con la pertenencia a estos grupos. Entre los síntomas descritos, destacan: los cambios bruscos, o más progresivos, en la personalidad de los adeptos con fuertes sentimientos de culpa y de miedo; presencia de estados alterados de conciencia; disminuciones en la calidad de las relaciones familiares y extra-grupales; sensaciones de incertidumbre, duda y angustia; falta de autoconfianza; visión paranoica del mundo exterior. Todas estas alteraciones se irán repitiendo y ampliando en artículos y documentos de posterior publicación (Markowiz, 1983; Goldberg, 1982; Hochman, 1984).
El reconocimiento definitivo del trastorno como tal viene expresado por su aparición en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría; el DSM III, que en la edición del año 1980 incorporaba ya, en el apartado de los trastornos disociativos, el trastorno disociativo atípico como alteración provocada, además de por otras causas, por la pertenencia a una “secta” (no se introduce el matiz de “secta destructiva”).
Con este referente queda abierta, entonces, una vía diagnóstica en la cual se pueden aglutinar diversos signos y síntomas comunes a muchas de las personas que pasan por una experiencia “sectaria”. Globalmente, este trastorno implica que, como consecuencia de las diversas técnicas mencionadas anteriormente, se vaya generando en el adepto una nueva personalidad que entra en competencia con su personalidad anterior, situación que explicaría el concepto de disociación. El hecho, pues, de que ambas personalidades convivan en un mismo individuo provoca las reacciones de familiares y amigos del adepto que observan como se ha producido una, para ellos inexplicable, transformación de su manera de comportarse. Esta transformación determina que, en ocasiones, no lo reconozcan dado que “parece un extraño, es como si fuera otra persona” ; y en cambio, en otras situaciones “sea la misma persona de siempre”.
A pesar de la existencia de esta categoría diagnóstica, es necesario profundizar de manera más específica en diversos aspectos. Estos aspectos contribuyen a caracterizar las alteraciones que se producen como consecuencia de la manipulación psicológica ejercida en el seno de los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”.
En esta línea, es necesario diferenciar las alteraciones generadas durante la estancia en el grupo, como consecuencia directa de las técnicas de control mental, de los efectos observados cuando los adeptos lo abandonan. En la primera situación, se observa, sobre todo, una radical transformación de la personalidad, acompañada de los síntomas mencionados anteriormente y caracterizada, en buena medida, por esta disociación entre la personalidad previa y la implantada por el grupo. Es importante en este punto remitirse a lo ya tratado en el apartado de los factores de especial vulnerabilidad, ya que es necesario aclarar que, aunque existan determinadas situaciones que favorecen estos estados, no se trata por regla general de personas con patologías previas a su incorporación al grupo. Estos síntomas dan lugar a lo que West ha definido como síndrome de adoctrinamiento sectario (West, 1988).
En cuanto a los trastornos “post-grupo”, la propuesta realizada por Singer y Ofshe (1986; 1990) resulta de utilidad porque establece los dos grandes grupos de alteraciones más comúnmente observados en los ex-adeptos. En el primer grupo, se incluye lo que denominan reacción mayoritaria que viene determinada por el estado anímico y mental en que se encuentran habitualmente los adeptos cuando dejan los grupos. Se habla aquí de diversos grados de anomia en el sentido que el individuo se siente desidentificado y extraño con el mundo externo al grupo, “como si se tratara de un inmigrante en una nueva cultura”. Es un proceso en el cual la adaptación a la vida autónoma sin el grupo le resulta especialmente dolorosa.
En el segundo grupo de alteraciones de esta clasificación se mencionan las psicopatologías más frecuentemente encontradas en los adeptos, como consecuencia de su pertenencia a los grupos “potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”:
1) La Psicosis Reactiva Esquizoafectiva: viene determinada por la aparición de episodios psicóticos de duración variable (de 1 a 5 meses, pero que pueden durar hasta un año o incluso más tiempo), que aparecen en personas sin una historia personal ni familiar previa de trastornos mentales o en personas con familiares que han presentado desordenes previos.
2) Los Trastornos Pos Traumáticos por Estrés: tal como están descritos en el DSM-III-R (American Psychiatric Asociation, 1987), sección 309.89, vienen determinados por la aparición de alteraciones de la conducta como consecuencia de una experiencia altamente disonante para el individuo.
3) Los Trastornos Disociativos Atípicos: según se acaba de comentar, describen la convivencia de dos personalidades en un mismo individuo. En el caso de los grupos que estamos considerando, esta duplicidad estaría constituida por la personalidad implantada por el grupo, mediante las técnicas de manipulación psicológica, y por la que tenía antes de ser “captado”.
4) La Ansiedad Inducida por Relajación (Heide,1984) : constituye una forma de ansiedad producida por determinadas prácticas de relajación y meditación, habituales en un sector importante de estos grupos.
5) Las Reacciones Misceláneas: como último apartado de esta clasificación, incluyen déficits cognitivos del orden de dificultades de concentración, incapacidad para mantener la atención, déficits de la memoria (sobre todo de los acontecimientos más recientes), automutilaciones, fobias, suicidio y homicidio; y factores psicológicos con consecuencias orgánicas, como infartos de miocardio, angor, muertes súbitas, ulcus pépticos recurrentes, asma, etc.
Desde el punto de vista diagnóstico, resulta también de interés la aproximación realizada por Sirkin y Wynne (1990) porque consideran que el cuadro psicológico provocado por los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”, debería definirse como trastorno relacional, tal y como se describe en el DSM-III-R. Las alteraciones incluidas en esta categoría diagnóstica, hacen referencia, sobre todo, a los trastornos provocados entre los miembros de una familia. No obstante, según Sirkin, es útil su consideración en los casos de trastornos relacionales externos al núcleo familiar. En nuestro caso, lo que se evalúa es la calidad de la relación entre el adepto y el grupo, determinándose en la mayoría de los casos una seria dificultad del adepto, para desenvolverse independientemente de las directrices marcadas por el grupo. Los individuos que son incapaces de mantenerse mentalmente separados del grupo y que parecen incapaces de evaluar su conducta o sus sentimientos de manera independiente a la doctrina o a las órdenes del grupo sufrirían, pues, un trastorno relacional.
5.7 Consideraciones finales
A. Asumiendo la dificultad de precisar el concepto de la “destructividad” en los “grupos potencialmente generadores de trastornos de la personalidad”, es necesario profundizar cada vez con mayor precisión en todos aquellos elementos que implican una pérdida de autonomía personal del individuo, como factores que provocan un progresivo deterioro de la personalidad y de la estructura psicológica.
B. La coincidencia de los factores expuestos tienen un efecto multiplicativo. Por este motivo no presenta los mismos riesgos el individuo expuesto sólo a alguno de ellos, que el que está sometido a un conjunto más amplio, de manera simultánea o sucesiva.
C. No es necesario que se produzcan todos los elementos citados para poder hablar de “destructividad”, ya que, en este caso, probablemente no habría ningún grupo que reuniera todos los requisitos, aunque se evidenciaran alteraciones mentales y/o orgánicas manifiestas en buena parte de sus componentes.
D. Algunos de los aspectos mencionados en la relación de factores de elementos “potencialmente destructivos de la personalidad” son habituales en muchas colectividades humanas no consideradas como perjudiciales para el individuo. Como se ha comentado, es necesario que estos elementos se presenten en número e “intensidades considerables o elevadas” (el criterio exacto tendría que ser determinado en estudios específicos y profundos sobre la materia).
NOTAS
(1) Afasia: trastorno del lenguaje debido a una disfunción cerebral que implica la imposibilidad de hablar y articular palabras.
Apraxia: incapacidad de llevar a cabo actividades motrices, a pesar de que la comprensión y la función motriz quedan intactas. No hay lesiones en el órgano motriz.
Agnosia: alteración en el reconocimiento o identificación de objetos, aunque la función sensorial quede intacta.