Pregunté callando a los mendigos
por aquel que descifra los misterios
y renueva el instante y da la vida.
El que traza signos sobre el negro mármol
el que borra el pasado y el dolor
el que nos devuelve a la fuente.
Un ruido líquido y atroz bajó del cielo
tan terriblemente blanco como mudo
y fui huésped inmóvil en las ruinas
en la ciudad de la sal y el ojo azul
en las lluvias y los ocasos últimos.
Vi en los espejos de agua el rostro infame
vi la turbia sombra de la muerte
y aferrado a una estatua fui cadáver
vi mi cuerpo en la profundidad del tiempo
y el fatigado tiempo de mi cuerpo.
No te vuelvas jamás, dijo una voz.