Los lugares idénticos parecen,
las cosas como antes,
más él no está, ni la luz, ni las hojas,
y en esta calma hacia el final de año,
llevas la soledad por toda compañía.
Es grato errar afuera,
ir con tu sombra, recordando
lo pasado tan cerca en lo presente,
crecida y su flor sin tiempo.
¿ Es esta soledad si así está llena?
El mediodia ahora, con su cielo
que se acerca velado
al río de aguas ciegas,
vuelve hacia ti la historia,
íntimo y silencioso como un libro.
En su sosiego crees
que una forma ligera se encamina
dulcemente a tu lado,
como el amigo aquel, cuando las hojas
y la luz, luego idas con él mismo.
Le llamas ido, y no semeja
su vida, transcurriendo a la distancia,
espectro de la mente hoy,
sino vida en la tuya, entre estas cosas
que le vieron contigo.
Negado a tu deseo, hallas entonces,
que si tocas tu mano es como su mano,
que si miran tus ojos con sus ojos,
y tu amor en ti mismo
tiene cuando le dio y en él perdiera.
No le busques afuera. El ya no puede
ser distinto de ti, ni tú tampoco
ser distinto de él: unidos vaís,
formando un solo ser de dos impulsos,
como al pájaro solo hacen dos alas.