lunes, 16 de julio de 2007
Publicado por Salazara72 @ 23:52
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...No se llora cuando se está escribiendo. Es figura retórica, pero además no quiero lloraros, os llamo tan sólo porque así me llamo a mí misma, para sentir vuestra voz mezclada con la mía y poder contestaros que estoy aquí todavía, para que me llamési sdesde ese silencio en que habéis caído, desde esa vida que de él que pudimos ser, de aquel otro tan distinto que crecía a nuestro lado, mientras éste que supervive afronta la deformación impuesta por la imagen deformada que crea el vivir con las raíces al aire. La vida se nos ha escindido; los supervivientes tenemos las raíces desnudas; vosotros, los muertos, sois las raíces; sólo raíces hundidas en la tierra y en el olvido.
Todo estaba en aquella hora ya, toda nuestra suerte. Desaparecimos en el ancho mar de la vida de todos, nos perdimos ya, generación sin personalidad, con sólo una silueta, habida a pesar de ella misma, el triunfo de la esperanza que levantamos a pulso nos anegó. Luego la hora trágica volvió a levantarnos, la esperanza llevó sus víctimas, mas al hundirse en la derrota nos lanzó de nuevo a nuestra escueta vida de supervivientes; generación de medio-seres; sólo juntos haríamos un ser, un ser con toda su historia. La “Utopía”, nuestra utopía, se nos ha ciudadosamente repartido: a vosotros, los muertos, os dejaron sin tiempo; a nosotros, los supervivientes, nos dejaron sin lugar. Y así parecemos haber sido sacrificados sin máscara alguna a la esperanza, sin la protección de un nombre definido, de una personalidad, simples víctimas, como si hubiéramos entrado desnudos en la historia, ese baile de trajes. En esa cabalgata llevados por otros, enseñoreados de otros, de hombres que han querido y logrado poseer entramos desposeídos y por nosotros mismos. Así tampoco podríamos formar en el cortejo de las víctimas ni de los siervos, ninguna clase nos recibiría bajo la bandera de su lucha...quizá la vanguardia de una historia sin máscara, de una historia del hombre libre de la ambición de poseer e irreductible a ser podeído. Su vanguardia, los testigos, el testimonio de que alguna vez se ha querido una historia así, de que no se quiso ninguna más bien, de que se obedeció simplemente a la inspiración de la esperanza sin mezcla, semillas quizá de otro modo de ser hombre, de la desnudez y del desasimiento en la misma historia, de una conciencia. Un modo de luchar con la serpiente.
Los muertos no tienen voz, es lo primero que pierden. Se les oye dentro de uno mismo, en esa música que por instante brota cuando más olvidados estamos, como si ya nunca pudiésemos estar solos. Y llegan palabras entrecortadas, sílabas de ese país de la muerte. Una voz, ahogada en el esfuerzo por hablar, quiere contar su historia. Todos los muertos prematuros, los muertos por la violencia, necesitan que se cuente su historia, pues sólo debe ser posible hundirse en el silencio cuando todo quedó dicho, ya apurada la vida como ua sola frase redonda de sentido.

...Pues hay el silencio de la razón cumplida que va a integrarse con todas las razones a ensanchar el curso de la armonía. Y hay silencio disonante que deja en el aire la palabra entrecortada, la razón convertida en grito, el silencio que despoja al condenado del esqueleto de su verdad. El silencio que envuelve a la inspiración asesinada.
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