Testimonio de Josefina de Silva.
En un vagón de carga: ¡ Aquí llevamos niños muertos y mierda¡ Campo de los Almendros (Alicante), marzo de 1939.
Laura , inquieta, iba de grupo en grupo buscando almendras de sabor áspero y ácido, aun no habían madurado, pelando tallos de planta, todo le parecía bueno a sus diecisiete años...Para ella y para su hermana Leonor, que no se movía porque no quería gastar energías. No tenía casi leche en sus pechos y le quedaban unos últimos granos de azúcar para el niño que, hambriento y débil, había dejado de andar y se acurrucaba en sus brazos...
Unos días después, a parte de las 4.000 mujeres de los Almendros las trasladaron a la prisión de Alicante, durmiendo en los patios y escaleras, donde las materias fecales y las hemorragias corrían por los suelos de vieja madera, infestando con su hedor el local herméticamente cerrado. Los llantos de los niños se habían apagado, mareados por el olor nauseabundo y por el hambre que debilitaba sus pequeños organismos. Luego las pasaron a un destartalado caserón llamado “Casa de Ejercicios Espirituales”, convertido en campo de concentración.El niño de Leonor ya no andaba, una disenterías, cada vez más aguda, iba dejándole con la piel y los huesos; todo el día cogido a las tetas de su madre, a la que había abierto grandes grietas, por las que mamaba más sangre que leche...
Las sacaron custodiadas del campo. Eran más de cien mujeres con sus niños. Los andenes de la estación, repletos de falangistas y guardia civil. Las subieron en vagones de mercancías hasta reventar. A ellas y a cientos más de mujeres y niños. Una vez llenos eran precintados por fuera. Al sacarlas del campo, no les dijeron a dónde las llevaban; se encontraron metidas en aquellos vagones de techo bajo, con un tragaluz en el mismo como única ventilación. Y con el suelo sucio y pastoso, por los excrementos del ganado y con un olor fétido que las mareaba.
Los vagones estaban en una vía muerta dándoles el sol de plano. Cada mujer llevaba una cantimplora de agua y dos sardinas en lata; en cada vagón iban unas treinta mujeres con otros tantos niños. El calor era axflixiante, todas las mujeres querían apiñarse bajo el tragaluz. Los niños desasosegados por el calor y la poca luz, comenzaron a llorar...
Al tercer día, desde Alicante a Valencia, entraron en una estación espaciosa, donde el convoy paró en una vía muerta. Cerca de tres horas pasaron sin que nadie se acercase a los vagones. De pronto oyeron como si estuviesen quitando los travesaños que atrancaban los vagones. Prestaron atención y cuando más tensas estaban, llegaron al suyo y lo abrieron. Una bocanada de aire tibio y perfumado invadió aquel cajón. Dos guardia civiles asomaron la cabeza e instintivamente se taparon la nariz; el olor pesado y pestilente de cadáveres en descomposición les echó para atrás. Con la nariz tapada preguntaron:
¿ Qué lleváis ahí? ¡Apesta¡
Niños muertos y mierda, contestó una mujer.
¿ Niños muertos?
Sí niños muertos, contestaron las mujeres, ¿ por qué se extrañan?... No tenemos ni aire, ni comida, ni agua..aquí solo hay mierda y muerte.